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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿A qué esperan los “críticos” del PP?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 27 de junio de 2008, 23:05 h (CET)
Creo que no estaría de más que comentáramos algo sobre aquellos a los que se les ha impuesto el apelativo de “críticos” en esta especie de investidura del señor Rajoy, que ha tenido lugar en Valencia, precisamente en el feudo del señor Camps. En primer lugar porque, si quieren que les sea franco, me han producido una cierta decepción, ya que debo reconocer que esperaba algo más de ellos. Y es que, puede que sea un idealista incorregible o puede que lleve tantos años convencido de que este país, como se está demostrando, no pueda funcionar medianamente bien bajo un gobierno de izquierdas o, acaso, debido a que, cuando me siento traicionado en la confianza que he depositado en alguien, al que he apoyado contra viento y marea, me irrito conmigo mismo por ser tan estúpido que, a estas alturas de mi vida, todavía creo en la honestidad de la humanidad y no haya sido capaz de aprender que el mundo no funciona de esta manera, que cuando se trata de políticos nadie puede apostar un céntimo por ellos porque, tan pronto les convenga, te van a dejar en la estacada sin, por ello, sentir el menor escrúpulo. El caso es que, como decía al principio, quizá me había ilusionado demasiado con la postura enérgica del señor Vidal Cuadras o puede que me fiara en exceso del coraje de la señora Esperanza Aguirre.

Incluso, vean ustedes por donde, me esperaba una providencial reaparición de un señor Aznar, que como la legendaria utilización del galopante cadáver del Cid Campeador al frente de sus huestes, precisamente en los mismos lares donde se ha celebrado el famoso Congreso, fuera capaz de levantar de sus asientos a todos los compromisarios para que se alzaran, al unísono, contra los sarracenos que se han hecho dueños del partido que él mismo logró llevar a la cumbre, durante su mandato, para que luego, su sucesor, lo haya convertido en un remedo, una caricatura y un mero reflejo sainetesco de aquella formación que, con tanta firmeza, supo enfrentarse, en años pasados, a los desaguisados socialistas. Por desgracia, nada de lo que esperaba se ha producido.

De las enmiendas del largo documento del señor Vidal Cuadras todo ha quedado en simples retoques y, por supuesto, en la incorporación, de un amansado opositor a las filas de los que se han plegado, con mayor o menor placer, a la autoridad del señor Rajoy. Aquellos que hubieran podido plantar una pica en Flandes o sea, los que hubieran sido capaces de levantar ampollas con sus discursos, recordándoles a quienes se han apoderado, en una especie de golpe de Estado, de las riendas del partido –sin contar con el beneplácito de la tropa, vulgo ciudadanos de base – cuáles eran los valores y principios que tenían la obligación de defender; los unos, por haber sido expresamente excluidos y, los otros, por no haber querido ser cómplices, con su presencia, de la desintegración espiritual del partido, no han podido defender sus opiniones.

Nos queda la señora Aguirre. Hay quien dice que se lleva bien con la Cospedal y que confía en ella. Yo no. Pero a mí me parece, pobre ignorante de los intríngulis de la política, que cuando alguien da un órdago, o mejor expresado, cuando se dispone a dar un órdago lo que se debe hacer es hacer balance antes de las fuerzas con las que cuenta y, si te lanzas a la piscina, quieras o no quieras, lo que debes hacer es continuar nadando si es que no quieres ahogarte. Algo así le ha ocurrido a la presidenta de la comunidad de Madrid. Presentó el órdago, hablo claro y contundente pero… le ha faltado fuelle. No sé si por una especie de miedo escénico o porque se ha dado cuenta de que bajo sus pies había arenas movedizas; lo cierto es que amagó y retrocedió, lo peor que podía hacer, porque sus adversarios ( de derechas y de izquierdas, todo hay que decirlo), ya no le han dado tregua y se ha visto obligada a retroceder para refugiarse, como los romanos “a sus campamentos de invierno”. A pesar de ello, uno se queda un poco perplejo cuando se la oye hablar de integrar. Veamos, si nos entendemos, ¿integrarse al equipo de Rajoy, que ya ha dejado claras sus prioridades, entre las cuales no figuran las de la mayoría de los afiliados y simpatizantes del fenecido PP? No, señora mía, esto no liga con la imagen que teníamos de usted de ser una mujer batalladora, enérgica y que no daba su brazo a torcer ante las adversidades. Si usted acaba cediendo y resignándose a formar parte de la corte del faraón Rajoy, podremos decir que, como le ocurrió a Cortés con su conocida estratagema, se han quemado las naves que nos hubieran podido hacer soñar en recuperar, algún día, la auténtica identidad del PP

No se ha equivocado, Esperanza Aguirre, al decir “Yo soy el verso que rima con la inmensa mayoría de los votantes del PP”. Estoy convencido de que, en el seno de las bases del partido y en la mayoría de los simpatizantes que le han otorgado su voto, existe un gran desencanto, fruto, sin duda, de la sorpresa que la nueva cúpula ha provocado con su particular manera de conseguir el mando y con sus nuevas ideas y valores que, por supuesto, nada tienen que ver con los de los que lo votaron. Este desengaño, a medida que se vayan sucediendo las declaraciones que hemos estado oyendo estos días del señor Arenas, la Cospedal o de los antiguos subordinados del Pais Vasco de la María San Gil; pasarán del estupor a la indignación y de ella a la apatía política, seguros de que,, en este país, ya todo está perdido para la derecha y que estamos predestinados a convertirnos en uno más de los satélites que giran en la órbita de la Venezuela del señor Chávez.

Por supuesto que estos retranqueos políticos podrán tener sus raíces maquiavélicas, sus tácticas ajedrecísticas y sus explicaciones lógicas. Se dice que una retirada a tiempo equivale a una victoria; sin embargo, hay algo que deben saber estos expertos en política y es que, a los ciudadanos, no se los puede tener indefinidamente a la expectativa; quieren saber a qué atenerse, si tienen un líder al que acogerse o si necesitan buscarse, en otro lugar, otro partido o en otra formación, el amparo que han dejado de tener en este remozado PP, con el que han dejado de sentirse identificados. Lo dije en otra ocasión, si los Vidal Cuadras, María San Gil, Esperanza Aguirre y Mayor Oreja etc. esperan a que la fruta madura (Rajoy) se caiga del árbol para salir a la palestra, quizá entonces ya sea tarde para recuperar a los que, desengañados, le hayan dado el portazo al PP. Que Rajoy es un fruto perecedero parece bastante lógico, pero que las hienas que le acechan a su alrededor, prestas a hacerse con el poder, están dispuestas al ataque ante la menor señal de debilidad de don Mariano, es evidente. Puede que, si se espera a la batalla campal que se producirá en el momento en que Rajoy deje de mandar, el ambiente ya esté demasiado emponzoñado para que, los que nos hemos ido, tengamos ganas de repetir y no nos apetezca meternos en una nueva aventura de tal cariz.

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