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Etiquetas:   Ciudadana Jane   -   Sección:   Opinión

Cómo vender la Unión Europea

Ana Morilla
Ana Morilla
viernes, 27 de junio de 2008, 23:05 h (CET)
Según Lakoff, el prestigioso lingüista y asesor político demócrata norteamericano, votamos por valores y no por intereses. La Unión Europea es un modelo de valores que no sabe hacer campaña corporativa. Su comunicación es ineficiente asediada por críticas de todo el arco político, desde la izquierda esencialista que la acusa de neoliberal, militarista y deficitaria democráticamente ( como si la U.E – construcción supranacional más compleja y por tanto con mayor necesidad de pragmatismo, tuviese que ser una recreación pura del ideal que no existe ni en los Estados Miembros), a la derecha nacionalista temerosa de perder el timón patrio o escéptica frente a su utilidad y reclamante de más realpolitik, o a parte de la clase trabajadora atemorizada por una posible pérdida de derechos sociales con la ampliación.

La Unión Europea tendría que vender su historia y con ella sus valores. Tendría que vender que es el mejor lugar del mundo en el que vivir y por qué. Tendría que vender un Yes, we can y un sueño futuro y exportarlo. Para ello tiene que volver a sembrar su historia en la conciencia colectiva y tiene que hacerlo sin la mediación de Gobiernos coyunturales de Estados Miembros que pueden malversarla o dispersarla según su propia visión y en clave de política interna.

La historia de la Unión Europea es la historia de un construcción de un modelo de seguridad basado en la prosperidad económica, la protección social, la defensa de la paz mundial y los Derechos Humanos y ciudadanos frente a las turbulencias políticas y económicas del siglo XX.

Buscó primero en los años 50, la consolidación de una paz duradera entre los seis fundadores, además de un refugio frente a los bloques de la guerra fría. En los los 60 buscó la seguridad con la idea de crecimiento económico y prosperidad que trajeron en 1957 la firma el Tratado de Roma y el mercado común.

Con los 70 y la ampliación a Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido, frente a la guerra árabe israelí, la crisis de la energía y los problemas económicos, la Europa de los nueve, promovió un nuevo concepto de seguridad con la política regional y nació la idea de solidaridad y cohesión con la transferencia de grandes cantidades para crear empleo e infraestructuras en las zonas más pobres, a la vez que impulsó el proyecto político y el concepto de acercamiento a los ciudadanos con el el aumento de influencia del parlamento que en 1979, es elegido por vez primera por sufragio universal.

Durante los 80 con nuestra entrada, llegaron la libre circulación, los mayores fondos estructurales, la beca erasmus y la ampliación de competencias del parlamento, a la vez que se reforzaron los poderes de la CEE en materias como el medio ambiente y surgió el embrión de la carta de Derechos Humanos que se aprobaría en los 90.

Después vino Maastricht, la moneda única, la base de una politica exterior y de seguridad común, nuevas politicas comunes de empleo y derechos ciudadanos y más ampliaciones, incluida la de los paises del Este, mal vendida y peor entendida y que se decidió por intereses (más mercado receptor, más área de influencia sustraida a EEUU) pero se olvidó comunicar de forma positiva como se gestionaría el peligro de la libre circulación de mercancias y trabajadores y la competencia para trabajadores de otros Estados.

En el 2000 tras el Euro y los balcanes, llega el fracasado Tratado por el que se establecía una Constitución para Europa con el loable fin de simplificar el proceso de decisión democrático y el funcionamiento de una Europa ya con veinticinco países. La crítica destructiva y poco mesurada al Leviatán que parecía haber engendrado una UE colosalista y deforme, ha abortado tanto la Constitución original como el Tratado de Lisboa, cuyo objetivo práctico no es otro que aumentar la democracia, la eficacia y la transparencia de la UE, y, con ello, su capacidad para enfrentarse a desafíos globales como el cambio climático, la seguridad y el desarrollo sostenible.

Pero más allá de su historia, la UE tiene que vender algunos datos concretos que nos conciencien de ser afortunados por estar en éste lugar del mundo y petenecer a un complejo pero posible e ilusionante sueño común:

• La UE es el mayor donante de ayuda al desarrollo y humanitaria del mundo.

• La UE tiene una Política Exterior y de Seguridad Común, basada en el multilateralismo, la diplomacía y la resolución pacífica de conflictos, el respeto a las soberanías nacionales, el establecimiento de alianzas mundiales y todo lo que conlleva el soft power ( ineficaz pensarán algunos, prudente y constructivo pensamos otros).

• La UE ha sido la primera en aplicar el Protocolo de Kioto para reducir las emisiones de los «gases de efecto invernadero» culpables del calentamiento del planeta. Como parte de su contribución a esos esfuerzos, la UE ha introducido un innovador «régimen de comercio de derechos de emisión» con arreglo al cual se recompensa a aquellas empresas con gran consumo de energía que reduzcan sus emisiones, mientras que aquellas que rebasen los límites establecidos deberán pagar una multa.

• Un tercio del presupuesto de la UE —115 000 millones de euros del presupuesto anual— se dedica a atraer inversiones y crear puestos de trabajo en regiones desfavorecidas y a proporcionar formación a desempleados y personas sin capacitación profesional.

• El Derecho de la UE prohíbe toda forma de discriminación. Ya en los años cincuenta, los primeros tratados de la UE incluían una norma inequívoca según la cual los hombres y las mujeres deben percibir la misma retribución por un trabajo similar. Así pues, la UE ha sido pionera en la lucha por los derechos de las mujeres, que hoy forman parte integrante de todas sus políticas.

• Según la Carta de Derechos, la Unión reconoce y respeta el derecho de acceso a las prestaciones de seguridad social y a los servicios sociales que garantizan una protección en casos como la maternidad, la enfermedad, los accidentes laborales, la dependencia o la vejez, así como en caso de pérdida de empleo, según las modalidades establecidas por el Derecho comunitario y las legislaciones y prácticas nacionales. Con el fin de combatir la exclusión social y la pobreza, la carta de Derechos de la Unión también reconoce y respeta el derecho a una ayuda social y a una ayuda de vivienda para garantizar una existencia digna a todos aquellos que no dispongan de recursos suficientes, según las modalidades establecidas por el Derecho comunitario y las legislaciones y prácticas nacionales.

Pero ¿qué hay entonces de la deriva antisocial de la UE?: Habrá que analizar cuanto hay en sus causas de composición del panorama político actual europeo con Gobiernos nacionales mayoritariamente de derechas con los que, no obstante el parlamento europeo intenta hacer de guardián de las esencias. La viabilidad del Modelo Social Europeo, basado en derechos laborales que protegen los intereses de los asalariados (salario mínimo, regulación de la duración y de las condiciones de trabajo, sistemas de inspección, etc.) y alto nivel de protección social será la de la viabilidad en sus Estados Miembros y dependerá en gran medida de la sensibilidad social y el color político de los propios Gobiernos nacionales, no podemos culpar ni asociar a la UE una deriva antisocial que proviene de las coyunturales derechas europeas.

En definitiva la Unión Europea es un Modelo de valores a vender, expotar y reforzar. Tenemos suerte de estar aquí y hay que buscar que sus avances, aunque de mínimos y complejos, sean posibilistas y razonables. Las grandes e ilusionantes construcciones supranacionales así nos lo exigen: con responsabilidad y conciencia histórica.

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