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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Europa, directivas, sanciones, inmigrantes y Fidel Castro

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 26 de junio de 2008, 00:25 h (CET)
Nada más les faltaba a esos de la UE, – a los que pretenden hacer una amalgama de culturas y economías que resulte, al final, una combinación del socialismo y del capitalismo que, como es de esperar, no logrará otra cosa que reunir, en una especie de monstruo dantesco, lo peor de cada una de las posiciones enfrentadas –; que hacer caso de los consejos de nuestro señor Rodríguez Zapatero, olvidándose de que, gracias a él y a Caldera, sus problemas de inmigración se han multiplicado hasta verse obligados a establecer una Directiva para armonizar las políticas sobre el tratamiento que debe darse a los inmigrantes “sin papeles” que lleguen a Europa. Pero ya se sabe, no se le pueden pedir peras a un olmo y, a diferencia de lo que les ocurre a los simpáticos paquidermos, la memoria de estas instituciones tan multitudinarias suele estar condicionada a las conveniencias políticas de cada momento, por lo que no es de extrañar que cuando estimen que convenga olvidarse de algo, pues lo hacen sin el menor escrúpulo de conciencia. ¡Qué tontería pensar que aquellos que se han impuesto la tarea de fundir las nacionalidades, costumbres, economías, morales y moralejas de toda Europa puedan permitirse, además, el lujo de tener conciencia!

Sea como fuere hete aquí que ZP, “hábilmente” aconsejado por el amigo de Chávez, y por añadidura, el peor ministro de asuntos exteriores de toda la historia de nuestro país, señor Moratinos; se presentó tan ancho en Bruselas con la propuesta de que se levantaran todas las sanciones a Cuba, basándose para tal petición en un “imaginario” nuevo clima político surgido desde que, Raúl Castro, sustituyó a su hermano en el poder. Por supuesto que nuestro Presidente estaba enterado de que los presos políticos siguen en las cárceles y que nada ha variado, sustancialmente, en aquella isla, si no es que se considere “cambio político” el que algunos privilegiados ciudadanos cubanos puedan adquirir móbiles a precios prohibitivos. No obstante, contra toda lógica, los de Bruselas, más para hacerle un feo a los EE.UU o un guiño de complicidad al señor Obama, han decidido mostrase magnánimos con el régimen cubano y han accedido a retirar las sanciones considerando que, con este gesto altruista, los dictadores cubanos iban a reaccionar positivamente dando suelta a todos los infelices que se pudren en las mazmorras de La Lubianka cubana.

Cuál no debe haber sido la sorpresa de este hatajo de cándidos chupadineros de la CE, cuando se han encontrado con la dura realidad que, en este caso, se ha materializado en un “desprecio total” por parte de los presuntos beneficiarios de “tan generosa medida” que, para corresponder a su extrema “generosidad” se ha apresurado a detener a otros siete opositores por si, a Zapatero y a los europeístas de marras, les quedaba alguna duda acerca de las intenciones de don Raúl. Por si fuera poco, don Fidel, les ha obsequiado con uno de sus exabruptos habituales donde, sin cortarse lo más mínimo, ha manifestado su irascibilidad contra Europa, siguiendo en su habitual línea bolchevique, devolviendo bofetadas por generosidades y dardos envenenados por buenas intenciones. En este “amistoso” artículo, el dictador cubano, muestra su desprecio por la UE y todos sus miembros con frases del siguiente tenor: “Deseo consignar mi desprecio por la enorme hipocresía que encierra tal decisión", y añade: “más evidente cuando coincide con la brutal medida europea de expulsar a los inmigrantes no autorizados procedentes de los países latinoamericanos, en algunos de los cuales la población en su mayoría es de origen europeo". En esto le han acompañado Chávez y los países del Cono Sur, a los que no les conviene que se les repatríen aquellos que ya daban por amortizados.

Claro que, toda esta función se la hubieran podido ahorrar limitándose a reprocharle al gobierno socialista del PSOE el que, sin consultar, y en uno de su arrebatos de soberbia, imprudencia y desatino regularizara a un millón de sin papeles; con cuya medida, lejos de solucionar el problema, lo agravó con el efecto llamada que tal acto generó. Lo peor del caso es que la medida de expulsión de los inmigrantes sin papeles, en general rechazada por todos los socialistas europeos, vean ustedes por donde, ha sido apoyada por el Gobierno español. No debería de sorprendernos debido a que los datos del INE apuntan a que ya tenemos hospedados en España otro millón de inmigrantes sin documentación y, por si ello fuera poco, continúa llegando a raudales mediante pateras a nuestras islas afortunadas. Habría que pedirle cuentas al señor Caldera, desparecido “en combate”, por sus desplantes chulescos en los que afirmaba que todavía hacían falta más inmigrante para cubrir los puestos de trabajo que dejaban vacantes los españoles. Por supuesto que, si tenemos que creer a Zapatero, en España no hay crisis y por tanto los miles de desempleados que cada día se afilian a las oficinas del INEM no son más que espectros inmateriales que no tienen existencia real y, por tanto, no cuentan.

Por añadidura, nuestra Vice de la Vogue, la señora De la Vega, haciendo caso omiso a lo dispuesto por la Directiva que fija dos años para adaptar las legislaciones de cada nación a las nuevas directrices; dice con toda sus faz que nosotros seguiremos con los 40 días de retención máxima de los inmigrantes y, por supuesto, vamos a poner la mencionada directiva colgada al lado de la taza del inodoro en sustitución del papel ad hoc. Y es que, en España, estos socialistas están tan acostumbrados a ponerse por montera la Constitución que se creen que se pueden saltar las normas comunitarias con idéntica facilidad. Lo que sucede es que todavía no ha llegado lo peor, que pudiera ser muy bien un aumento de las horas semanales de trabajo. Recordemos que en España, aunque oficialmente son 48, de hecho, y a través de la negociación colectiva, en la mayoría de casos se ha reducido a 35. Será muy interesante ver como van a darle la vuelta a la tortilla para que, de pronto, se aumenten a 60 horas con lo que ello repercutirá en las horas extraordinarias con las que muchos trabajadores se hacen un buen sobresueldo. Vivir para ver. Pero no se olviden: “España va bien”.

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