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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Extraños orgullos

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 26 de junio de 2008, 00:26 h (CET)
Con demasiada frecuencia nos llegan noticias sobre redes de pornografía infantil y últimamente la perversa actuación de unos jóvenes cuidadores de bebés que aprovechaban su ocupación para dar rienda suerte a su desviada orientación sexual. También leo el anuncio de la celebración el próximo día 24 del “día del orgullo pedófilo”.

Que haya gente que sienta orgullo por ser pedófilo pone al descubierto el resultado de políticas que se presentan como progresistas, pero van debilitando el armazón moral que hace posible la convivencia.

Proclamando constantemente la lucha contra cualquier clase de discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión, etc. se viene añadiendo en bastantes textos legales lo de “orientación sexual”. Que nadie sea discriminado por su orientación sexual, pero ¿todas las orientaciones sexuales son equivalentes? La pederastia, la pedofilia, la violación, el sado-masoquismo, el incesto, el bestialismo y otras muchas aberraciones responden a orientaciones sexuales, que hay quien considera opcionales.

La ideología de género trata de convencernos de que no somos lo que somos, sino lo que decidamos ser, que todas las formas de sexualidad son productos culturales sobre los que pesan tabúes y represiones que hay que destruir.

Son las razones que alegan los que convocan la celebración del día del orgullo pedófilo, remontándose a las prácticas de la antigua Grecia en la que los viejos buscaban disfrutar de los encantos de los jovencitos.

Cuando conocemos los abusos sexuales cometidos con bebés o con niños de corta edad sentimos rabia con los autores y piedad con las víctimas, pero si se trata de adolescentes y jóvenes inducidos a practicar el sexo en sus distintas variedades la cosa cambia.

Se considera delito el abuso sexual a menores cuando su edad es inferior a trece años ¡! Pero si es mayor de esta edad, el legislador estima que puede consentir en tales relaciones y, si son consentidas, desaparece el delito. Si es menor de dieciocho años no puede asumir ninguna obligación contractual, pero con trece puede consentir unas relaciones sexuales que ponen en riesgo su propia vida. Desde todos los medios, incluso desde las autoridades educativas y sanitarias, que con discutibles razones reparten preservativos o píldoras abortivas a los adolescentes, se incita a la práctica de la sexualidad.

La corrupción de menores avanza en una sociedad que va eliminando cualquier referencia moral, con los resultados que están a la vista. Solo una educación firme, atenta y responsable de los padres puede dotar a los niños y jóvenes de los necesarios mecanismos de defensa.

El placer sin límites es una mercancía que vende y reporta beneficios a los que trafican con ella. Su clientela está asegurada, si desaparecen los valores morales y se impone una permisividad sin más límites que las normas penales, fácilmente sorteables.

Basta echar una ojeada a los anuncios clasificados de nuestros periódicos, con la notable excepción del “20 minutos”, para encontrar la más variada gama de ofertas al servicio de la orientación sexual de los lectores.

Que se vaya a celebrar el día del orgullo pedófilo tendría que hacernos pensar hacia donde vamos. Los promotores de este extraño orgullo están convencidos de que terminarán por ser aceptados sus planteamientos.

En la llamada lucha contra la discriminación pienso que nos han colado una mercancía averiada con el añadido de la orientación sexual.

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