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Disimulando el fervor misionero de la CIA

Luís Agüero Wagner
Redacción
miércoles, 25 de junio de 2008, 21:40 h (CET)
Con el mismo fervor misionero que llevó a la CIA a derrocar al presidente electo de Ecuador Velasco Ibarra en 1961, el clérigo presidente electo por la triple fórmula de la inspiración, aclamación y el espíritu Santo, el obispo Fernando Lugo, recorrió esta semana los pueblitos ecuatorianos donde pasó su juventud.

No enfatizó su carácter de clérigo marxista, obviamente, sino que puso de resalto su condición de ministro de la iglesia católica, la misma que lo inhabilitaba para participar en las elecciones presidenciales de Paraguay.

Mientras el obispo realizaba su gira por los países del eje del mal latinoamericano, el embajador James Cason confirmaba en la capital paraguaya que varios de los recalcitrantes marxistas del entorno del obispo de los pobres y teólogo de la liberación se encuentran en Washington haciendo turismo y visitando instituciones gubernamentales y organismos multilaterales, como el Banco Mundial. Integran el tour por la capital del imperio los izquierdistas Amanda Nuñez, Martín Heisecke, Miguel Rojas y el héroe nacionalista Ricardo Canese, quien probablemente consultará sobre estrategias para defender la soberanía paraguaya con los funcionarios del gobierno de George W. Bush.

Mientras sigue la gira del misionero de James Cason por el Eje del Mal, el embajador de Estados Unidos en Bolivia, país donde es muy popular Washington como nombre de pila, salió el martes hacia la capital de Estados Unidos tras ser convocado por su gobierno debido a las protestas en las afueras de embajada estadounidense en La Paz la semana pasada. "Hay una preocupación, por supuesto, y tengo que hablar con mi gobierno", dijo Goldberg a una televisora poco antes de partir. El Departamento de Estado convocó a Goldberg "para consultas" sobre la seguridad en la embajada estadounidense después de que millares de manifestantes rodearon la sede estadounidense en La Paz para protestar por el asilo político otorgado al ex ministro boliviano de Defensa Carlos Sánchez Berzaín, quien dirigió la represión del año 2003 que dejó más de 60 muertos. "Yo hubiera querido que el presidente (George) Bush también convoque a (la agencia de ayuda) USAID y de esta manera no haya grupos que estén conspirando contra el gobierno y la democracia en Bolivia", dijo a la prensa Evo Morales, quien acababa de reunirse con el obispo Fernando Lugo, cuya campaña para resultar electo presidente del Paraguay también fue apoyada por USAID.

Desde Lima, donde el gobierno admitió que Perú acogerá pronto tropas estadounidenses, el canciller David Choquehuanca aseguró que la embajada estadounidense en Bolivia es "la más protegida" y afirmó que el asilo otorgado a Sánchez Berzaín entorpece la acción de la justicia boliviana a la que éste debe responder por cargos de genocidio y otros. El anuncio era hecho poco después de que el gobierno de Alan García, tras negar esa posibilidad reiteradamente, confirmara esta semana que está negociando la instalación de una base militar norteamericana en territorio peruano. Esta base se ubicaría en Ayacucho, 575 kilómetros al sudeste de Lima, zona en la que actualmente ya operan más de un centenar de soldados norteamericanos. "Efectivamente, estamos en conversaciones (con Estados Unidos) para construir un aeródromo militar", reconoció el jefe del ejército, general Edwin Donayre. De esta manera, confirmó lo que diversos sectores han venido denunciando y que los gobiernos de Perú y Estados Unidos habían negado en todos los tonos imitando a los gobiernos paraguayos de las últimas siete décadas, que ahora son emulados por el clérigo presidente Fernando Lugo, quien también se sumó al coro de encubridores del imperio en estos días. En Asunción, simultáneamente, la presencia de bases militares también fue negada pero no por un jefe de estado, sino por el embajador Cason, en la práctica una especie de presidente virtual del gobierno paraguayo. También aseguró que USAID hizo gran parte de la infraestructura del país, como si fuera un gobernante que auto-promociona su gestión.

No puede negarse el fervor misionero que alentó a los organismos estadounidenses en Latinoamérica. Por citar algunos ejemplos, en la década de 1950 Guatemala fue salvada de la infección marxista por el hombre escogido por la CIA, Carlos Castillo Armas, quien declaró ilegales todos los partidos y anuló la reforma agraria de Arbenz. En 1961 y 1963 fueron derrocados dos gobiernos ecuatorianos, y en 1963 la CIA derrocó también al socialdemócrata Juan Bosch, en la República Dominicana. El mismo año se anticipó al triunfo de Juan José Arévalo en Guatemala con un golpe militar. Al año siguiente fue derrocado en Brasil Joao Goulart, en un golpe con apoyo norteamericano, y en 1965 Estados Unidos invadió nuevamente República Dominicana para impedir que Bosch sea restaurado. En 1967 la CIA participó de la captura y asesinato del Che en Bolivia, y en 1968 se encargó de organizar los escuadrones de la muerte de El Salvador bajo el mando de José Alberto Medrano. A partir de 1970 son financiados los opositores a Allende, que finalmente es derrocado con decisiva participación de Washington en 1973. En los años siguientes los organismos de inteligencia norteamericana apoyaron decididamente la organización criminal del Operativo Cóndor. Durante la década de 1980 sufragaron al dictador Ríos Montt en Guatemala y a los contras en Nicaragua, y se presume que al año siguiente tramaron la muerte del general panameño Torrijos en un accidente aéreo. En 1983 invadieron Granada, y organizaron una conspiración para derrocar al gobierno de Surinam. A partir de la elección de Violeta Chamorro en Nicaragua en 1989, el imperio inició la etapa de los golpes suaves, sin participación militar, instrumentando a organizaciones fantasmas o a la prensa, que en Paraguay está comprada por la NED y recibe listas del embajador norteamericano indicando a qué políticos puede promocionar.

El obispo Fernando Lugo, predicador y misionero profesional al servicio de James Cason, reiteró ayer en Quito que no admitirá injerencia extranjera en Paraguay. Dijo esto a pesar de haber sido electo con una decisiva intervención en su favor de la embajada norteamericana de Asunción, en una campaña política que pasará a integrar esa historia encubierta de intervencionismo estadounidense en Latinoamérica, repleta de claroscuros y episodios ambiguos que nunca serán aclarados del todos.

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