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El viaje de Europa al pasado

Mario López (Madrid)
Mario López
miércoles, 25 de junio de 2008, 21:35 h (CET)
No estoy de acuerdo con que Europa haya retrocedido al siglo XXI. Lo que yo creo es que Europa y el mundo en general han vuelto al Imperio Romano surgido tras las guerras civiles que devinieron a la muerte de Julio Cesar, allá por el año 31 antes de Cristo. Salvo que, además, ahora también tenemos a Cristo de propina. Se acabó aquello de un mundo de ciudadanos dueños de sus destinos. El siglo XXI va a ser semejante al imperio de Cesar Augusto; un mundo dividido entre patricios –apenas el 1% de la población- y esclavos. Está visto que el ser humano es incapaz de ponerse de acuerdo para acabar de una vez por todas con los ricos. El Tratado de Lisboa va a representar nuestra última claudicación.

Me explicaré. Parece que nadie ha caído en la cuenta de que la democracia no es un fin en sí mismo sino la herramienta que nos permite legitimar una determinada forma de gobernarnos elegida mayoritariamente. Se da la circunstancia de que en las sociedades occidentales se nos ofrece lentejas con arroz o lentejas con patatas, pero única y exclusivamente lentejas y, por si esto no fuera suficiente chufla, además no somos nosotros los cocineros sino cuatro o cinco individuos que de la mitad de los cuales lo único que sabemos es que son los que más y mejor comen. Por otra parte, tampoco parece entenderse que la educación, la sanidad o el transporte no son fines en sí mismos sino medios para llevar una vida medianamente tolerable; que el objetivo fundamental de nuestros esfuerzos es conseguir un tiempo para compartirlo con quien queramos y donde queramos. Bueno, pues parece claro que los amos del sistema no son de mi opinión y consideran que el común de los humanos debemos dedicar todo nuestro tiempo para que ellos disfruten del suyo con los frutos de nuestro trabajo. Sinceramente, Cesar Augusto no fue tan lejos en su odio a la humanidad.

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