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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

“El mundo nos da muchas razones para derramar lágrimas”

Diego ‘El Cigala’, cantante
Redacción
viernes, 5 de septiembre de 2008, 05:38 h (CET)
Diego el Cigala no parece, desde fuera, un hombre fácil de abordar. La polémica ha llamado a su puerta varias veces, como aquella en que gritó a los cuatro vientos que se acabó el cantar para el baile, o cuando confesó públicamente sus muchos años de adicción a las drogas. La última reyerta del Cigala es con las discográficas, “que abusan tanto”, y a la suya, Sony-BMG, le ha dado puerta dejándola fuera del negocio de su último disco, “Dos lágrimas”, que se está distribuyendo junto con un diario de gran tirada. El Cigala es un hombre con las ideas claras y uno tiende a pensar que eso es sinónimo de un carácter difícil, así que, cuando minutos antes de la entrevista, a última hora de la tarde, me dicen que está cansado, con dolor de estómago y un tanto bajo de ánimo, no puedo evitar que se me ponga un nudo en la garganta. Pero ese nudo se suelta, raudo, cuando se abre la puerta y me encuentro al Cigala riendo a carcajadas, bromeando y hasta tocando palmas con la pareja de periodistas que me antecede en esa larga tarde de citas con los medios. Y me pregunto cómo será el Cigala cuando esté en perfectas condiciones de salud.

Nos quedamos solos y, durante ese momento crucial en que entrevistado y entrevistador establecen contacto, llega la segunda sorpresa. Empezamos a charlar sobre música, sí, ¡pero sobre música clásica! Me habla de su próximo proyecto junto a Montserrat Caballé y de los temas que van a cantar, de cuánto le gustan Falla y Albéniz, cambiamos opiniones sobre María Callas y me pregunta dónde puede conseguir una determinada versión de “Tosca”. Es ahí cuando me doy cuenta de que El Cigala, como todos los grandes músicos, alberga una curiosidad insaciable por las músicas más diversas, incluso aquellas que distan tanto de su especialidad, el flamenco. En esa parcela él es maestro indiscutible, claro, y lo ha vuelto a demostrar con este sorprendente “Dos lágrimas”, que contiene once temas clásicos en arreglos inusitados, como ese “Caruso” a ritmo de tango o “Dos gardenias” al son de un guaguancó. Pero todos ellos entonados con la superlativa vocalidad flamenca del Cigala, quien los hace suyos con una naturalidad pasmosa. Y es que, como bien dijo Paco de Lucía, “Diego es una de las voces más bonitas del flamenco de hoy, una voz de caramelo que derrama corazón en todo lo que canta.”




Diego El Cigala.


Mikel Chamizo / SIGLO XXI

“Lágrimas negras” fue un disco magnífico, pero hay muchos discos muy buenos que jamás han alcanzado el éxito desbordante de “Lágrimas negras”. ¿Cuál cree que fue la razón de este fenómeno inusitado para el mundo del flamenco?

Supongo que en gran parte fue el azar. Yo creo mucho en el azar y con “Lágrimas Negras” la suerte fue generosa conmigo. Pero también es verdad que “Lágrimas Negras” presentaba una tipo de música que no tenía precedentes. Antes que Bebo y yo nos pusiéramos a ello, nadie se había parado a tender puentes entre el flamenco, el jazz y la música cubana, así que imagino que lo novedoso de la cosa también jugó un papel importante en el éxito de “Lágrimas Negras”. Va ya por el millón trescientas mil copias vendidas. La verdad es que sí, es una barbaridad.

Además, su versión del tema “Lágrimas negras” se ha convertido en un clásico y en una de las canciones favoritas de mucha gente.

Sí, y eso me emociona mucho. Es una canción que mueve los corazones y eso es algo que me llena de orgullo. Recuerdo con especial emoción cuando yo estaba volviendo de Tokio y me llamaron porque tenían que operar a Rafael –uno de sus hijos-. Lo operó el doctor Villagrá. Cuando terminó la operación, se me acercó y me dijo que su equipo quirúrgico siempre opera a niños del corazón escuchando ‘Lágrimas negras’. Para mí fue un gran shock, me puse a llorar allí mismo. Recuerdo también con mucho cariño cuando me vino una mujer, hemipléjica debido a un accidente, a decirme que con ‘Lágrimas negras’ había podido llorar por primera vez en muchos años.

Tras lograr algo tan exitoso e importante para tanta gente, ¿no le entró vértigo cuando se decidió a hacer esta segunda parte?

No, todo lo contrario. Lo que quería era, precisamente, seguir profundizando en esa vereda que ya estaba abierta y que arrojó tan buenos resultados con “Lágrimas Negras”. Me di cuenta de que esa fusión flamenco-afro-cubana, por llamarla de alguna manera, funcionaba y que todavía quedaban muchas cosas por explorar ahí dentro. Así que “Dos lágrimas” fue un proyecto evidente para mí desde el primer instante.

¿Por qué ha tardado, entonces, casi cinco años en terminarlo?

Han sido cuatro años y medio, pero hubieran sido ocho o diez si hiciera falta, porque yo lo que quería, ante todo, era hacerlo bien. No elijo las canciones así, porque sí, la primera que se presenta. A mí una canción me tiene que llegar, me tiene que enamorar, y para mí es un proceso largo el hacerla mía, el probarla y cambiarla y acercarme a ella de muchas maneras diferentes hasta que estoy completamente convencido de que es así como quiero que sea, la “versión cigala”. A veces todo esto ocurre de una manera fácil y natural, pero otras veces es un proceso largo y tortuoso que me puede llevar muchos meses.

¿Cuál fue el tema de “Dos lágrimas” que más le costó hacer suyo?

‘María de la O’, sin duda. Es un tema tan conocido, y lo han cantado tantos grandes en versiones tan buenas, que me abrumaba enfrentarme a él. No sé cuantas veces habré ido al estudio con la intención de grabar esta canción, he empezado a entonar la primera frase y me he levantado para irme, porque no sabía por donde cogerla. Mis músicos estaban convencidos de que al final no íbamos a poder grabarla. Pero un día hicimos unos pocos cambios, en la tonalidad y en la letra, que ahora es en tercera persona, y de repente todo empezó a fluir. Con todo lo que me costó, ahora es seguramente el tema del que más orgulloso me siento.

Ha hablado antes de esa fusión flamenco-cubana. El flamenco está en su sangre, ¿pero qué es lo que le enganchó de la música cubana?

Lo que me enganchó de primeras no fue la música, sino la gente. Allí la vida no es fácil, faltan muchas cosas que para nosotros son de lo más normales y el gobierno controla mucho al pueblo. Sin embargo, la gente es extraordinariamente generosa, lo poco que tienen te lo ofrecen con toda la ilusión y siempre están dispuestos a ayudarte en lo que sea y a que te sientas como en casa. En eso y en otros aspectos, como la forma de vivir la fiesta, los niños jugando en las calles... el pueblo cubano me recuerda un poco al gitano, que también lo pasa mal y sin embargo no pierde nunca ese optimismo por la vida. Los cubanos además tienen un enorme respeto por los músicos. Me acuerdo que cuando canté allí “Lágrimas Negras”, en el teatro Karl Marx, la entrada costaba veinte dólares, que es más o menos el sueldo de dos meses para muchos cubanos. Las entradas se agotaron rapidísimo e incluso hubo gente que se quedó a dormir cerca del teatro la noche anterior al concierto. A mí aquello me impresionó mucho. Y claro, una vez que te enamoras del pueblo, enseguida terminas enamorándote también de su música y, sobre todo, de sus músicos, leyendas como Rubalcaba, Changuito o Tata Güines, que aparte de grandísimos músicos son también personas extraordinarias.

Rubalcaba, que toca el piano en “Dos Lágrimas”.

Sí, porque en ese tender puentes entre el flamenco y la música cubana quería ser lo más genuino posible. En el disco toca mi acompañante habitual, Jaime Calabuch Jumitus, que aunque de escuela gitana conoce muy bien la música cubana porque se ha críado entre los dos mundos y es sobrino de Moncho, al que llamaban el Rey del Bolero. Pero quería tener también a alguien que aportara las raíces de la música cubana, y quien mejor que Rubalcaba, uno de los grandes de aquellos mágicos años cincuenta en La Habana. Le conocí y le oí tocar en Berlín el año pasado, y en su forma de tocar hay una autenticidad, un sabor a ron añejo que no he escuchado en ningún otro pianista. Cuando le escuché aquél día me dije a mí mismo, “quiero a este hombre de ochenta años tocando en mi disco.”

En los últimos años estamos asistiendo a infinidad de experimentos que mezclan el flamenco con los estilos más diversos, como la electrónica, el chill-out e incluso el hip-hop. ¿Qué tiene el flamenco que lo hace tan flexible a otros estilos?

Bueno, es que a mí esas fusiones me parecen una aberración. El flamenco es como es y es suficiente con que sea solamente flamenco. Todos esos experimentos no hacen más que falsear este arte, y no creo que nadie que se tome el flamenco en serio pueda mirar esos engendros con buenos ojos. La electrónica, el hip-hop, el rap... ya me vas a decir que tiene que ver todo eso con el flamenco.

Pero usted también hace una fusión, en este caso con la música cubana.

Sí, pero es algo muy diferente. Cuando yo me juntaba con Bebo Valdés y probábamos cosas, yo cantando y él al piano, todo fluía con naturalidad. Eso viene del conocimiento profundo que tenemos ambos, él de la música cubana y yo del flamenco, que además tampoco están tan lejos como parece. Cuando trabajas de esta manera y descubres que la mezcla funciona por sí misma, y que tiene calidad y que permite a ambos estilos volar lejos, entonces has descubierto algo genuíno y válido. Pero esas fusiones de las que me hablas no tienen nada de eso. Son productos precocinados por las industrias discográficas, que no tienen ni razón de ser ni color ni sabor. Lo que yo hago es un producto artesanal, como las croquetas que hace mi Amparo, que las hace con cuidado y cariño y por eso están tan buenas. Pero esas fusiones son como las croquetas congeladas, que no saben a nada. ¿Quién prefiere las croquetas congeladas?

¡Me temo que nadie¡ –El Cigala ríe de su propia comparación-. Cigala, usted me parece un hombre alegre y afable, pero la gente tendemos a pensar que los discos que compramos son la proyección de la vida de un artista. Sus discos, ya desde el título, están llenos de lágrimas. ¿Tantas lágrimas ha derramado?

Sí, mi vida no ha sido fácil, y he tenido que llorar muchas veces hasta llegar a donde estoy ahora. Hoy soy un hombre feliz, tengo dos hijos que son mis tesoros y por ellos tiraría hasta donde hiciera falta. Y, por supuesto, está mi mujer, Amparo. Pero aun estoy seguro de que no nos faltan razones para derramar lágrimas, aunque sólo sea por cómo va el mundo. Cuando hace un mes vi en las noticias el desastre del terremoto en China no pude evitar que se me pusiera un nudo en la garganta. En cualquier caso, tengo la sensación de que para cantar bien, para expresar, tienes que haber sufrido, porque el sufrimiento te hace conocer tu alma y solo desde el alma se puede cantar con propiedad. De la misma manera que todos esos años que pasé cantando con compañías de flamenco forjaron mis tablas y mi técnica, todas esas pruebas a las que me ha sometido la vida me han dado el temple y la sabiduría necesarias para poder contar las historias que cuentan estas canciones, historias de dolor, de ausencia, desamor e, incluso, odio.

Odio... ¿cómo se enfrenta uno a una letra tan dura como la de “Bravo”?

“Bravo” es una canción terrible. ¿Puedes imaginarte sentir algo como lo que dice la letra?

El Cigala se pone a cantar: “Te odio tanto que yo mismo me espanto de mi forma de odiar; deseo, que después que te mueras no haya para ti un lugar; el infierno resulta un cielo comparado con tu alma, y que Dios me perdone por desear que ni muerta tengas calma.”

Es tremendo el odio que transmite esta letra, y siempre he pensado que me gustaría conocer a la persona que la escribió. Aunque adoro la canción y la conozco desde niño, me incomoda un poco cantarla en público, me da miedo que alguien piense que yo puedo llegar a sentir algo parecido. De hecho, en el disco he cambiado la última estrofa, “que ni muerta tengas calma”, por “que en mi vuelta tengas calma”, que la suaviza un poco.

Para terminar, dígame. ¿Por qué ha decidido distribuir el disco junto con un periódico y no de la manera tradicional?

Porque he tomado la decisión de que los beneficios de mi disco son para mí y para mi empresa, y no tiene por qué llevarse nada una discográfica que lo único que va a hacer es venderlo a un precio abusivo. El otro día fui al FNAC y vi “Lágrimas negras” a veintidós euros, y eso que han pasado ya cinco años desde que salió. Me sentí ofendido, porque esos veintidós euros, menos unos pequeños royaltis que nos dan a nosotros, van a parar casi íntegros a Sony-BMG. Yo estaba muy cansado de eso y a mi mujer Amparo se le ocurrió que se podría distribuir el disco junto con El País. Le idea me encantó, porque, ¿quién me puede asegurar una mejor promoción y distribución que El País? Así que diseñamos un disco bonito, con un libreto de setenta páginas en vez de las cuatro que te pone la discográfica, y al precio razonable de nueve euros. Fue una apuesta arriesgada, pero cuando los cien mil ejemplares del disco se agotan en tres horas descubres que fue la mejor decisión posible.

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