Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Europa?, ¿qué se nos ha perdido en ella?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 22 de junio de 2008, 06:02 h (CET)
¿Era necesaria tanta parafernalia para vendernos a los ciudadanos de a pie la bondad de formar una Unión Europea que nos permitiera medirnos de igual a igual con la gran potencia de América del norte? Si me atrevo a darles mi humilde opinión al respeto, les diré que mucho ruido para tan pocas nueces. Las agrupaciones de naciones no surgen por arte de birlibirloque o por generación espontánea. Que a los EE.UU les saliera bien la jugada es, precisamente, porque era una nación formada por inmigrantes, desarraigados y, por qué no decirlo, gentes que fueron deportadas allende los mares desde Inglaterra por ser considerados, muchos de ellos, unos indeseables para el rey Jacobo I. Ya sabemos la forma de actuar de los anglosajones cuando algo los incomoda y así fue como evitaron que las personas non gratas pudieran contaminar a otras con sus ideas revolucionarias, religiosas (calvinistas) o políticas, enviándolas a través del océano al otro continente donde, de paso, les permitía a los poderosos de Inglaterra (los prestamistas que financiaban las aventuras) asegurarse pingues beneficios del fruto del trabajo de los colonos americanos ( se comprometieron a trabajar siete años para sus “benefactores”). Trece colonias, cada de las cuales estaba formada por grupos distintos de colonizadores, se unieron para un solo fin que consistía en librarse de las ataduras de la metrópoli, que los sangraba con sus impuestos. En la guerra se forjaron los lazos de unión, pero también la afirmación nacional de cada una de ellas y, de ahí, surgió la federación que culminó con la declaración de Independencia en 1776.

Europa, por el contrario, tiene una rica historia en nacionalismos, de guerras por la supremacía de unas naciones sobre las otras, de antiguos odios entre unos pueblos y otros, de luchas intestinas y de revanchas sangrientas. Demasiada historia de divergencias, rivalidades por el poder y guerras sangrientas recogidas en el acervo cultural de cada nación para que, de un plumazo, puedan zanjarse sólo porque unos políticos han soñado con una utopía que si, en principio no es irrealizable, requiere, sin embargo, mucho más tiempo, más esfuerzo y una gran dosis de paciencia para conseguir limar las asperezas que hacen chirriar esta endeble maquinaria que, desde Bruselas, se nos pretende imponer a todas las naciones europeas,sin haberse preocupado de, previamente, haberla engrasado adecuadamente. Y si suenan los chasquidos debidos a la idiosincrasia de los distintos pueblos, ya no digamos cuando, por añadidura, suenan los avisos de los intentos de las naciones poderosas de imponer su hegemonía sobre las otras. Lo cierto es que pretender construir el edificio empezando por el tejado tiene sus dificultades y esto lo hemos comprobado viendo con qué prisas se han ido aceptando adhesión tras adhesión, sin parase a reflexionar sobre el hecho de que, a medida que se incorporaban nuevos socios, las dificultades para la unificación se hacían geométricamente más complicadas. Que duda cabe de que, una Constitución Europea, gestada para cinco países hubiera tenido muchas más posibilidades de ser aprobada que una en la que se pretende poner de acuerdo a 27.

Ya se sabe, las prisas, las improvisaciones, el pretender unos sacar ventaja de los otros y el olvidarse de los más débiles y retrasados, producen efectos como el que acaba de ofrecernos Irlanda con el NO, expresado en su referéndum, al tratado de Lisboa. Es evidente que los políticos, estos gestores omnipotentes, estos que manejan estos aparatos tan costosos y megaloburocráticos de las instituciones europeas; que tanto nos cuesta sostener a los ciudadanos con nuestros impuestos; no están preparados para que la democracia de Europa se oponga a sus designios y cuando, como en el caso que nos ocupa, surge la sorpresa y queda al descubierto que, los ciudadanos, piensan distinto de lo que pretenden imponernos los grandes mangoneadores del tinglado, su única válvula de escape es desentenderse de ello, calificando de “incidente sin importancia” el aviso que se les ha dado desde el tejido ciudadano de Europa. Faltará ver lo que ocurre en Checoslovaquia, donde parece que tampoco está muy claro que estén dispuestos a aprobar el arreglo, cogido con alfileres, del acuerdo de Lisboa.

No consiguieron aprobar una Constitución Europea y, en lugar de analizar las causas del descontento, los motivos por los que los ciudadanos se oponían, de atender a la voz de la calle, se volvieron a olvidar de la democracia para constituirse en una oligarquía más, un grupo de politicastros engreídos y movidos por su soberbia personal, que no quisieron dar su brazo a torcer y, en consecuencia, se inventaron el bodrio de Lisboa. Por cierto que, como siempre, el señor Zapatero se encogió y se tragó todo lo que le pusieron delante, aunque el cocido que le dieron estaba sazonado con el acíbar de la humillación y el curare del desprecio.

Y uno, en su ignorancia, quiere entender todavía ¿qué beneficio nos ha reportado hasta ahora estar metidos en esta UE?. Sí, es cierto que nos han dado algunas limosnas, algunas subvenciones, algunas migajas del pastel para que las lamamos; pero no es menos cierto que nos han limitado nuestra producción de leche, nuestra cabaña de vacuno, nuestras cosechas de determinados vegetales y nos han hecho tragar un euro que ha tenido la virtud de encarecer la vida de los españoles desde el día siguiente a su puesta en funcionamiento, cuando fuimos a comprar un periódico que antes nos costaba cien pesetas y nos cobraron por él un euro ( 166’386 pts.) Sí señores, es cierto que cuando Aznar se nos trataba con consideración, se nos designaba como el motor de la Europa comunitaria y se nos escuchaba en los foros europeos; pero esto fue un espejismo, una llamarada efímera que, con la llegada de ZP y el PSOE, se extinguió para dejarnos reducidos al furgón de cola de Europa; eso sí, con unos gobernantes, fatuos, fanfarrones, chulescos y carentes del más mínimo sentido común; y, si no, que se lo pregunten al señor Moratinos, de gira por Venezuela, provisto de supositorios de glicerina para que el señor Chávez pueda, sin esfuerzo y con facilidad, hincarle por donde le de la gana.

Noticias relacionadas

Borrell en retirada o táctica del PSOE

Pátina de sensatez capaz de equilibrar unos nombramientos en su momento tomados como extravagancias

Plagscan desmiente a la Moncloa y R.Mª.Mateo censura la TV1

Un gobierno enfocado únicamente a conseguir mantenerse en el poder

Inexorable Fin de la Farsa del “Sahara Occidental”

En 1975 un pueblo desarmado derrotó al último aliado de Hitler y Mussolini que seguía delirando tres décadas después de la disolución del Eje

Respeto a la Presidencia del Gobierno

'Avanzamos' como eslogan de bienvenida

Y vuelta a las andadas

Golpean el hierro en frío
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris