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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Extrema derecha, franquistas, involucionistas, ¿y qué más?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 21 de junio de 2008, 02:59 h (CET)
Veamos si nos aclaramos, porque, si no estoy muy equivocado, están apareciendo en este país más apóstoles de la verdad que superan con mucho a los doce que, según los Evangelios, escogió Cristo para que fueran a predicar a tierra de infieles. Es muy notable la forma en la que izquierdas y supuestas derechas ( digo supuestas, porque parece que algunos se han olvidado de cuales eran los principios y valores que defendían sólo hace unos meses, cuando el señor Rajoy no había sufrido la metamorfosis que lo ha dejado como está en la actualidad: sin plumas y cacareando), se han aliado para machacar, a diario y con idéntica furia, saña y obstinación, a aquellos que han decidido que lo que nos quiere embaular el señor Rajoy y su nuevo equipo, no tiene nada que ver con lo que el PP ha venido sosteniendo, defendiendo y predicando desde el mismo día en que se constituyó.

Para estos predicadores de la ortodoxia política, para estos puritanos que pretenden indicar a los simpatizantes y militantes del Partido Popular, desde sus confortables posiciones de izquierdas o desde sus posturas de demócratas a ultranza o, lo que todavía resulta más reprobable, desde sus poltronas ganadas a costa de la traición a sus propias ideas, su deslealtad con las bases y su claudicación ante el adversario político al que, sin duda, han fortalecido y vitaminado para que se perpetúe en el poder; el camino que deben seguir, las ideas que deben sostener y las posturas que deben adoptar si quieren librarse –en caso de que no cedan a sus “recomendaciones”, que no acepten presiones de nadie y menos de aquellos que no han sabido más que dividir al PP y que no acepten “ disciplinadamente” el pensamiento único que se les quiere imponer – de ser anatomizados con los epítetos de fascistas, extrema derecha y franquistas, indignos de figurar en una democracia como ciudadanos respetables. En fin, es aquello del viejo político que en un mitin, con el coraje y el ímpetu de su fragorosa oratoria, dijo aquello de: “¡Defensor soy del libre pensamiento y muera todo aquel que no piense cual yo pienso!”. Sin duda una de las tácticas utilizada por las izquierdas para ningunear a sus adversarios.

No obstante, a mi se me ocurriría preguntarles a todos estos oráculos que lanzan sus diatribas contra los disidentes de la política de Rajoy si, realmente, se han parado a analizar los puntos que diferencian a unos y otros. Por ejemplo la defensa de la Constitución de 1978. Supongo que los habrá, especialmente los nacionalistas separatistas a los que no les parece mal que con trucos legales, marrullerías y filigranas políticas se le esté dando la vuelta a la unidad e indivisibilidad de España, pero lo cierto es que todavía quedan en esta Nación ( y no por ello deben ser calificados de franquistas o extremistas) quienes piensan que la Constitución es una herramienta formidable para que España siga siendo una nación indivisible, donde exista la solidaridad entre todas sus regiones ( véase el Estatut y compare las ventajas conseguidas por Catalunya y compárelas con las que van a recibir Aragón, Extremadura o cualquiera de las demás); se respete la bandera nacional; se luche contra el terrorismo y se apoye sin fisuras a las víctimas de la barbarie etarra; se defienda el uso del castellano y no se permita que sea prohibido por los partidos extremistas que buscan separar a determinadas autonomías del resto de la nación; se imparta una enseñanza igual en toda España y no que cada autonomía se invente su propia historia o se predique la moral única que intenta poner el PSOE.; y así podríamos estarnos enumerando los motivos por los que lo que la deriva que propone Rajoy, de una manera autoritaria, antidemocrática y absolutista, no es aceptable para una gran parte del electorado.

Lo que ocurre es que hay mucha hipocresía en unos y otros de los detractores de quienes pretenden preservar los valores y principios que siempre sostuvieron los anteriores líderes del partido. Los unos, las izquierdas, porque les va de perillas que el PP esté en manos de personas débiles, acomodaticias a las que no les importe ceder, hacer componendas, acercarse a los nacionalistas, admitir el aborto y aceptar como normal que los homosexuales se casen entre sí. Los otros porque creen que es mejor enfrentarse a un Zapatero marrullero, astuto, con una cara amable cuando pretende conseguir algo y con la otra que le permite traicionar, engañar y mentir cuando hacerlo le resulta beneficioso; con cortesía, guante blanco, suavidad y “ sin crispar”. Sí señores, este término con el que el señor Zapatero se consiguió imponer a un acobardado señor Rajoy cuando tenía en sus manos todos los ases para haberle echado en cara a ZP toda la sarta de barbaridades que estuvo perpetrando durante su anterior mandato.

Un caudillo que pierde dos batallas seguidas y que luego, cuando ha conseguido el apoyo de sus vasallos para iniciar la tercera, prometiéndoles defender la causa por la que se empezó a batallar y luego, se vuelve de espaldas al enemigo para rendirse ante él; no se merece que se le continúe apoyando, respetando y colaborando con él en su nueva campaña. Lo que ocurre, aunque a algunos no les convenga reconocerlo, es que hay muchos que tienen mucho que perder; que los hay para quienes los valores y principios ya no tienen valor alguno y a los que esto de la patria, la solidaridad y la moral tradicional les suena a chino y arcaico. ¡Claro!, lo cómodo, lo fácil, lo que se lleva es el relativismo moral, el convertirse en Dios y Diablo a la vez par, así, poder justificar cualquier libertinaje, depravación, vicio, envilecimiento o corrupción.

Pues, vean ustedes como los doctos varones que están por encima de los demás, los que pretenden dominar las ideas e impartir la norma obligatoria para toda la ciudadanía, que la conduzca a las últimas cotas del servilismo y la humillación; son los que, desde los púlpitos de la soberbia, señalan con el índice acusador a los que no quieren someterse a tal esclavitud y se rebelan contra quienes abusando de su poder, olvidándose de los derechos de la ciudadanía y pretendiendo coartar la libertad democrática de opinar libremente, se atreven a levantar la bandera de la resistencia contra los que se prestan con su blandenguería, egoísmo y cobardía a entregar España a aquellos cuyo único objetivo es devolverla a la situación en que se encontraba bajo la Segunda República, la del Frente Popular, los asesinatos, las checas y la guerra civil.

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