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Etiquetas:   Con el telar a cuestas  

Porque eres madre, maestra y musa, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
jueves, 19 de junio de 2008, 08:57 h (CET)
Mi vida:

¡Muchas felicidades y plurales gracias, Tina!, por la sencilla, pero, al mismo tiempo, incontrovertible razón de que eres la madre y maestra (en el sutil, perito y lene manejo del estro), ergo, musa, de todas mis prosas y versos actuales, y deseo que seas, asimismo, ídem de los venideros.

Espero que hayas descansado estupendamente, quiero decir, que hayas dormido a pierna suelta, como de esas susodichas guisas lo ha hecho el menda (lerenda) a tu vera (imaginaria, sí, por supuesto, mas no menos deseada y deseante que la real –espero-, cuando, dentro de un mes y medio, suceda lo tantas veces ansiado en la agosteña Italia).

No envidio a quienes cataron otrora y disfrutan ahora de los guisos y las viandas que preparas con tanto cariño y esmero, porque yo los gozaré, si no marro morrocotudamente en mi vaticinio, pronto. Haré lo posible para y por extraerles a los mismos todos tus saberes y sabores culinarios.

Tengo la sensación refractaria de que algo (más bien, un sinfín de aspectos) falla en el importantísimo proceso de la educación, enseñanza-aprendizaje, porque los niños hodiernos son (no sólo aparentan, sino que demuestran ser) inteligentes. Sin embargo, por causas que ignoro, cuando empiezan a ir a la escuela, se entorpecen; se socializan y se atontan. Ésa es una de las indóciles impresiones que tengo al respecto.

Yo también te extraño, Tina. A mí me ocurre lo propio a menudo, a diario (y aun varias veces al día). Ten por cierto que Dios querrá. Los dos trataremos de aprovechar el tiempo al máximo, de sacarle el partido o rendimiento (que no miento) óptimo, y de decidir nuestro futuro en pareja al alimón, de consuno.

Por lo que colijo, el queso parmesano, en tu caso, no es tan sano (en el mío, sí que lo es, sin ninguna hesitación).

Yo también te necesito. Por ahora, me conformo con el sucedáneo de tu presencia en la distancia, pero, una vez logre gozarte entre mis brazos, ya no me conformaré con soñarte. Tendré que tenerte siempre a mi lado. Lucharé a brazo partido para que dicho anhelo onírico sea una realidad irrefutable.

Te (man)da abrazos, besos y caricias de todo jaez quien te ama con toda su alma (sin que se quepa advertir en ella la menor dehiscencia), tu

Félix Unamuno.

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