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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Ancianos estafados

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 19 de junio de 2008, 08:57 h (CET)
Un periódico australiano publica el resultado de una investigación que espeluzna y que confirma lo que se detecta en el día a día: a los viejos australianos lo más probable es que los estafen sus familiares más íntimos y queridos, que no los estafadores profesionales o los vendedores ambulantes. Mientras que muchos australianos envejecen viviendo felizmente gastando «la herencia de los hijos», a otros miembros más vulnerables de la sociedad los estafan los parientes que están «impacientes por heredar».

Según el informe, un 80 por ciento de los abusos financieros que sufren los viejos los cometen sus familiares más allegados. Esta estafa abarca un amplio abanico que va desde apropiarse de pequeñas sumas de dinero cuando se hacen gestiones bancarias, hasta el fraude declarado y el chantaje psicológico. Quienes se aprovechan de las limitaciones de los ancianos creen que tienen derecho a «disponer de los bienes familiares». Saben que tarde o temprano heredarán el dinero y las propiedades, pero quieren beneficiarse ahora sin tener que esperar mañana cuando fallezcan.

El informe que comentamos dice que de las disputas que los investigadores han observado, la más frecuente es la impaciencia que muestran para heredar sus hijos mayores con sus cónyuges o compañeros sentimentales. A este desespero se le deben añadir las disputas que se dan entre parientes para conseguir su parte del pastel.

Otro detalle de esta investigación a tener en cuenta es que muchos casos de abusos se deben a que los familiares de gente mayor piensan que sus necesidades son secundarias y que en algunos casos no gastan los ahorros que pueden hacer más confortables sus vidas y, en cambio, se los comen para satisfacer sus propios deseos.

La inflación que se ha producido en el mercado inmobiliario ha hecho que la gente mayor se haya enriquecido, al mismo tiempo, cada vez se hace más difícil que los jóvenes puedan adquirir una vivienda en propiedad. Esta situación puede hacer creer a los hijos y nietos que los bienes de los parientes de edad se pueden considerar como «bienes familiares» que ya se pueden disponer.
La pérdida progresiva de las facultades mentales que padecen los ancianos hace que este colectivo sea muy vulnerable a los abusos familiares.

El problema de desentenderse de la gene mayor y abusar de ella no es nuevo. Siempre ha existido y durará siempre. Ello no quiere decir, pero, que no se tenga que poner freno a esta tendencia, particularmente en nuestra sociedad materialista y hedonista. En el libro de Levítico encontramos esta instrucción que debería abrirnos los ojos a la realidad: “Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo el Señor” (19:32). Este texto nos descubre la causa básica de los abusos que se cometen a los ancianos. Levantarse ante las canas y honrar el rostro del anciano implica que se teme, que se reverencia a Dios. La cruda realidad es que se destierra a Dios de nuestras vidas. No se le tiene en cuenta en nuestros caminos. El resultado lógico de este rechazo es que los ancianos se han convertido en un estorbo que debe marginarse y vejar impunemente.

Jesús nos transporta al momento en que Moisés, por inspiración divina y justo después de salir de Egipto escribe los Diez mandamientos: Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: el que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: es corbán (que quiere decir mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con vuestras tradición que habéis transmitido” (Marcos,7:10-13).

Hoy ya no se utilizan excusas religiosas para justificar no asistir a los ancianos. Hoy el nombre de Dios no brota de los labios si no es para blasfemar. Las excusas para justificar no atenderlos son de otro orden. Se ha de ir de vacaciones porque estamos muy estresados y necesitamos descansar. Nos hemos comprado un coche nuevo y hemos de afrontar el crédito. Se casa el hijo y los gastos valen un riñón……Excusas de mal pagador.

El orden de las prioridades no puede invertirse. Si los ancianos de la familia necesitan ayuda, jamás se les debe disminuir la asistencia que necesitan. En caso de que tenga que recortarse el presupuesto, la reducción deberá empezar por las cosas superfluas, aquellas que desgraciadamente se les da más importancia de la necesaria porque se cree que proporcionan prestigio social.

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