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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Católicos perplejos!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 16 de junio de 2008, 01:57 h (CET)
No me gusta tener que escribir sobre la Iglesia Católica, a la que me siento verdaderamente unido y por la que siento un verdadero respeto. No en vano me eduqué en un colegio de la Compañía de Jesús, en mi tierra natal de Palma de Mallorca. Sin embargo, en lo que pudiéramos considerar su faceta meramente terrenal, sin entrar, por supuesto, a tratar ni poner objeción alguna al aspecto doctrinal, a lo referente a sus preceptos religiosos y su destino metafísico, que comparto enteramente; es evidente que hay algo que no funciona como parece que debiera ser dentro de una sociedad religiosa en la que, por encima de cualquier beneficio material, despreciando cualquier posible presión política, procedente de los gobernantes de la nación; ciñéndose a sus fines estrictamente religiosos y metafísicos, dando ejemplo de austeridad, sacrificio y entrega desinteresada a los demás; parece ser que se deberían anteponer los intereses espirituales de los feligreses y de aquellas personas a cuya educación contribuyen y de cuya salud se preocupan, a cualquier otro pacto, acuerdo, interés personal o tendencia política que pudieran apartarlos de sus fines trascendentales y, de paso, crear confusión o escándalo entre aquellos que buscan en la religión y la fe su consuelo frente a las vicisitudes de la vida.

Es evidente que, en los momentos en los que nos estamos inmersos, teniendo en cuenta el vuelco que ha producido en España la llegada de los socialistas, impregnados de su materialismo ateo, su anticlericalismo tradicional y sus filosofías relativistas; la posición de la Iglesia católica ha quedado muy perjudicada y su estatus muy reducido. De una Iglesia que tenía las prerrogativas de ser la única con carácter oficial del Estado, ha pasado a ser una más de las confesiones religiosas dentro de un estado “aconfesional” que no laico como parece que los que nos gobiernan están queriendo hacer creer a los ciudadanos, para así facilitar el camino del país hacia una especie de ateismo, donde predominara la doctrina materialista emanada del comunismo de Moscú sobre la moral tradicional católica que recibimos de nuestros padres.

Es por eso que resulta preocupante que, muchos de los temas de ámbito terrenal que se puedan dirimir en el seno de la Conferencia Episcopal, no se sabe si por interés de algún o algunos prelados o por indiscreciones que, por supuesto, no debieran darse entre personas tan preparadas, tan discretas y tan acostumbradas a contener sus instintos naturales como son los venerables prelados de dicha cúpula religiosa. Sin embargo, los efectos que tales filtraciones puedan tener sobre una población dominada por las filosofías materialistas, en muchos casos con ideas anticlericales y propicia a sacarle punta a cualquier noticia que les permita cargar contra su enemiga secular, la Iglesia, pueden hacer mucho daño a la causa católica. Mucho más si, estas filtraciones, les llegan a los ciudadanos a través de prensa no precisamente adicta al catolicismos y que, por tanto, aprovecha la más mínima ocasión de trasmitir la noticia con el aderezo para hacerla más “apetitosa” para los lectores o la audiencia a la que se les da a conocer.

Es obvio que entre los obispos, porque no se han preocupado de ocultarlo, se han formado dos facciones. Una de ellas, formada por aquellos prelados más propicios a confraternizar con el Estado, mostrarse menos exigentes con temas como el aborto, el matrimonio de homosexuales, el tratamiento de los acuerdos económicos para las escuelas concertadas ( véase la actitud, completamente irresponsable, de la FERE respecto a la aplicación de la Educación para la Ciudadanía) y, por supuesto, y me temo que una de las facetas donde más saltan chispas, en lo que respeta a los nacionalismos independentistas que, al parecer preocupan más de lo debido a ciertos obispos del País Vasco y Catalunya, a quienes les es muy difícil esconder sus resabios localistas. La otra, la que se muestra más de acuerdo con la ortodoxia, la que demuestra ser más sensible con los cambios de moral nacidos de las nuevas ideas que se pretende trasladar a la ciudadanía por un Gobierno que busca acabar con la Iglesia católica y que ha hecho todo lo que ha estado en su mano para conseguirlo. La defensa del cardenal Rouco de la ideas católicas, su visión clara de la estrategia del Gobierno del señor ZP y su evidente clarividencia como estadista, se ve que causan ronchas en otros prelados que, al parecer, la parte terrenal de su púrpura, les hace olvidar aquello de que todos somos hermanos y que el que los fieles seamos sumisos en las cuestiones espirituales no significa que seamos “primos” y no sepamos discernir lo que, de verdad, afecta a la parte espiritual de nuestras creencias y los intereses materiales que se perciben detrás de ciertas posturas extremistas y de ciertas actuaciones que parecen más propias de una logia masónica que de una comunidad religiosa.

Determinadas intrigas ante la curia vaticana; algunas zancadillas poco disimuladas; posiciones buscadas de propósito, basadas en concepciones interesadas de lo que debe ser una emisora de radio; críticas intempestivas relativas a determinados personajes; protestas basadas más en trasfondos nacionalistas que en verdaderos argumentos objetivos, señores, no hacen más que causar en creyentes y no creyentes una imagen poco edificante de quienes tienen como misión llevar una vida ejemplarizante como pastores de la feligresía y, al propio tiempo, para no dar pábulo a críticas interesadas y mal intencionadas de aquellos, cuya idea fundamental es desprestigiar a la Iglesia para justificar su visión partidaria y materialista de lo que debe ser una nación laica. Creo que, puede que desde Roma, debieran zanjar este tipo de veleidades y restaurar el orden entre quienes nunca debieran haber permitido que se instalara el desorden.

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