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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Uso de estimulantes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 16 de junio de 2008, 01:57 h (CET)
Son innumerables los motivos aducidos para el empleo de estimulantes. En el deporte, la ambición y la competitividad. En el trabajo diario, las exigencias y penalidades del mismo. Sin dejar de lado otros deseos o situaciones que mencionaré. En ciertas ocasiones, esta práctica se realiza sin ningún tipo de tapujos, por un simple deseo, o como técnica de apoyo. Posteriormente apreciaremos como el grado de su consumo, los engaños y las ignorancias, desencadenan una serie de CONSECUENCIAS relevantes para el conjunto social. Intentemos una aproximación al asunto.

No somos muy propensos al reconocimiento de nuestras insuficiencias. En consonancia con esa disposición, tampoco reconoceremos abiertamente el uso de sustancias para superar dichas pegas. Ese ocultamiento es una traba para precisar la INCIDENCIA verdadera de este uso. ¿Cuántos estimulantes se toman? ¿Cuánta gente? ¿Con qué frecuencia lo hacen? Un estudio reciente recogía que de 100 ciudadanos atendidos en un servicio de Urgencias, 11 habían tomado drogas, si bien no todas eran estimulantes, aunque es un porcentaje muy alto. Referido sólo a estimulantes, el Instituto Karolinska publica una cifra de uso en torno al 3 % de la población, que puede rondar el 15 % si se valora una población de mayor riesgo.

Una primera tendencia nos lleva a pensar en el dopaje deportivo, en las grandes competiciones. Pronto nos van aclarando la verdadera DIFUSIÓN de ese consumo de sustancias con efecto estimulante. En niveles escolares, deportivos y extradeportivos; en competiciones de aficcionados; y sobre todo, en los gimnasios. Los datos amplian notablemente el campo de aquellas primeras impresiones. El culturismo, con su tenacidad para la obtención de una musculatura más aparente. También se incrementa su uso en las prisiones, en los levantadores de pesas, etc. Los porcentajes de uso varían de unos grupos a otros. La lista de sustancias empleadas es muy larga, con anabolizantes, estimulantes nerviosos, efedrina, entre los más utilizados.

Si muchos son los estimulantes usados, por lamentable contraste, quizá por las trabas de los ocultamientos mencionados o debido al poco interés; son muy escasos los estudios fidedignos para la comprobación de su propio efecto sobre el rendimiento. Topamos con muchas obstrucciones y lagunas cuando nos preguntamos, ¿Qué acción real producen? ¿Qué dosis se necesitan para un efecto concreto? Mal empezamos, se usan unos productos, con una IGNORANCIA importante sobre sus peculiares efectos.

Derivadas de sus propios efectos, con las mencionadas lagunas y empleos furtivos, sobrevienen las COMPLICACIONES, con los efectos indeseables de dichos productos. La efedrina, algunas hierbas y otros productos naturales, incrementan la acción adrenérgica sobre los sistemas nervioso y cardiovascular; con aceleración del pulso, arritmias y mayor riesgo de paradas cardíacas. Los tan empleados anabolizantes originan alteraciones endocrinas, atrofia testicular, virilización, hirsutismo, voz gruesa. También aumentan los niveles nocivos de colesterol. Pero preocupa seriamente otra de las complicaciones de más graves consecuencias; entre los músculos que aumentan, está el miocardio, y esa hipertrofia acaba en fallo cardíaco, siendo irreversible una vez establecida. Se ha comprobado como causa de muchas de esas muertes repentinas sufridas por algunos deportistas. Antes de llegar a eso, hay numerosas situaciones intermedias. Con la famosa EPO se pueden provocar infartos y embolias, por su aumento de células sanguíneas. Esta es una mención sucinta de los posibles riesgos, sólo como indicadora de algo más amplio y peligroso.

Recalco por separado los efectos NEUROPSIQUIÁTRICOS de estos productos empleados con profusión. Contribuyen al estímulo de un talante básico de euforia y ansiedad. Según los casos, los síntomas varían. Se alcanzan fases maníacas, paranoicas, períodos de hostilidad y depresiones con frustración final. (Estudio de Pope y Katz en atletas). En otros estudios se aprecian fuertes tendencias a comportamientos agresivos y antisociales. Además, los anabolizantes sobre todo, provocan una disminución de la concentración de serotonina y otras sustancias cerebrales, muy ligadas al aumento de depresiones y tendencias suicidas. Se complica el asunto cuando se toman a la vez con otras drogas –Fármacos, alcohol …-.

Con respecto a las secuelas de estas prácticas, planea un denominador común que resume su peligrosidad; aumentan la MORTALIDAD entre los que emplean esos estimulantes. En uno de los trabajos, se efectúa un seguimiento durante 12 años a los consumidores de anabolizantes. En la gente normal de esa edad media de 43 años, morían en ese tiempo 3 %; transformado en un 13 % si eran gente habitual de los anabolizantes. Así mismo fallecían más jóvenes los implicados en ese uso. Además, las secuelas originan otras alteraciones, a veces crónicas, que acaban incrementando la gravedad del problema y las muertes.

Los perfiles de edad y la genética introducen variantes. Los más jóvenes buscan los máximos, sean de musculatura, de resultados, laborales o simplemente lúdicos. A medida que avanza la EDAD, domina el cariz de unos mantenimientos mínimos. En concreto, con anabolizantes, predomina su uso entre los 18 y 30 años; a partir de esa edad, su empleo disminuye, aunque no desaparece del todo. Las dosis requeridas también difieren y los organismos presentan otras complicaciones. Se han descubierto GENES que modifican de una manera sustancial el metabolismo de los productos. Por lo tanto, quienes los tengan o no, sufrirán unas consecuencias poco comparables.

Aquí no se trataría de un juicio enfocado a quienes emplean esas técnicas. Ahora bien, convendrá que la población general tome conciencia de los pormenores ligados a esos usos. Diferentes prácticas requerirán nuevas valoraciones con métodos adecuados. La legislación y los niveles educativos se verán implicados. Estamos ante otra de las tramas complejas, con unas aristas más afiladas que otras y por consiguiente imprecisas y con peligros ciertos. Los más jóvenes y los desprotegidos, serán la gente expuesta a las consecuencias peores. A modo de resumen, se atisban unos NIVELES en toda esta utilización de agentes con efectos farmacológicos:

A. “Recomendable”, en busca de un remedio, fundamentalmente en fases depresivas o de decaimiento.

B. “Libertad individual” de los sujetos adultos, para las prácticas que estimen oportunas.

C. “Cargas sociales”, de manera especial en el aumento de requerimientos sanitarios y económicos para paliar sus complicaciones.

D. “Engaños y agresiones”, en los comportamientos desquiciados y en el fraude deportivo del dopaje.

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