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Día de confirmación

Jorge García
Jorge García
domingo, 15 de junio de 2008, 10:45 h (CET)
En la religión católica, existen varias fases que un practicante debe realizar. En primer lugar, a su nacimiento, recibir el sacramento del Bautismo. Después, cumplir con la ceremonia de la primera Comunión. Y por último, a una edad en la que ya tienes uso de razón suficiente y has meditado de forma independiente tu deseo de seguir practicando la religión, la confirmación. En este último paso, la persona confirma su devoción por Cristo, su fe. Esta etapa, saliendo fuera de cualquier tema teológico, es la que debe cumplir nuestra selección ante los suecos.

El pasado martes, ante los rusos, España hizo su primera Comunión. Ya sabe lo que es jugar en este torneo, conoce el escenario, ha tomado ritmo de competición y es consciente de los puntos débiles que posee, pocos pero suficientes para que pasen a ser decisivos. Ante Suecia, la selección debe hacer la confirmación. Confirmar su pase a los cuartos, la buena impresión del otro día, confirmar su fe, su esperanza, la ilusión de la afición y la calidad de sus jugadores. España debe asegurar a Europa entera que podemos.

Nuestro rival, Suecia, no se diferencia mucho de los rusos. Mismos jugadores altos y rubios, con afición ruidosa y físico descomunal, pero sin tener en cuenta la imaginación y la creatividad. Para ellos, el fútbol es simplemente meter el balón en la red de la forma que sea, a ser posible por arriba, y sin el menor cuidado ni la mínima delicadeza hacia el esférico. Sin embargo, sí existe una diferencia a tener en cuenta. Algo que puede ser determinante y que conviene tener en cuenta con los suecos. No, no son sus mujeres, sino Zlatan Ibrahimovic.

El sueco de origen bosnio es la única herramienta del equipo normando para recordar a su país que a esto se juega con los pies, y que la pelota es un amigo. El delantero del Inter, de los cinco mejores del mundo, demostró en su debut que está en buena forma, y que no permitirá que su equipo caiga tan rápido como los cuatro que se llevaron los rusos. El único faro del puerto sueco parece estar encendido, y nuestros buques, sobre todo el navío Marchena, deberán tenerlo en cuenta.

Pese a todo, con la pataleta de Torres y la euforia desmedida, España debe ganar a Suecia. El 3-0 del Bernabéu no debe ser un espejismo y la superioridad del centro del campo ha de convertirse en un hecho, una realidad, algo imposible de anular para nuestro rival. Es cierto que la presencia de Marchena en el once inicial parece más amor ciego del míster que razonamiento justificado, aún así, el sevillano tendrá la oportunidad de hacer lo que pretende todo el equipo, confirmarse. Amén.

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