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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Y camiones con gasolina

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 15 de junio de 2008, 10:34 h (CET)
De verdad que no soy adivina, cuando hace unas semanas hablaba en mis comentarios de “agua, arroz y patatas”, de cómo nuestros abuelos guardaban en despensas cual hormigas los alimentos, no esperaba que tristemente en unos días la escasez y crisis alimentaria que yo veía peligrar a nivel mundial pero lejana, se acercase hasta nosotros con un disfraz de desabastecimiento en mercados y supermercados.

De pena, ver a señoras y señores de la compra con cara de preocupación alrededor de las estanterías vacías, echándole imaginación para confeccionar un menú difícil de confeccionar por la inexistencia de productos básicos.

Ni agua, ni arroz, ni patatas encontrábamos en los pasillos, por cierto más limpios y desocupados que nunca, en algo tenían que entretenerse las cajeras, y algunas de ellas incluso se marcharon a su casa.

Otro de los dichos de nuestros padres y abuelos es que aunque haya muchos adelantos en materia de transportes como buenas autovías, trenes de alta velocidad, rápidos y potentes coches, los camiones siempre estarán ahí para suministrarnos cargas de acá para allá y viceversa, en un trajín carreteril que nunca para.

Vamos por la carretera y los vehículos nos transportan con fines muy distintos. Transportan a viajeros, transportan a trabajadores y empleados que ya no pueden prescindir, no podemos prescindir, de los coches y de la gasolina para realizar nuestro trabajo, pero los sufridos camioneros nos han demostrado a todos que tampoco podremos prescindir de sus cargas, de sus remolques y bañeras como ellos las llaman al comunicarse en sus viajes solitarios por sus walki-talkis de radioaficionados.

Cierto que los depósitos nos gritaban a todos con su voz de combustible que ya no eran los mismos desde que la gasolina y, sobe todo el gasoil, habían experimentado diversas subidas de precios. Escuchábamos una y otra vez la palabra crisis, como si alguien se hubiera empeñado en inventársela, sin embargo todos callábamos como si no fuera con nosotros, nos decían que en dos años se solucionaría y seguíamos callados esperando que las medidas llegaran, pero algo zumbaba en la atmósfera colectiva de todos los transportes y caminos en esta primavera húmeda y lluviosa, todo el mundo se quejaba de los altos precios no sólo del gasoil sino de los alimentos y en general de la carestía de la vida.

Fueron los camioneros y sus patronos, tras el episodio de los pescadores norteños regalando y tirando pescadillas en el asfalto, los que reventaron la conciencia colectiva para reivindicar que esta situación no podía mantenerse durante mucho tiempo y se montó una buena.

Las gasolineras desabastecidas eran y son la prueba de que ya no podemos prescindir no sólo de los alimentos, que es lo que sería lo más lógico para subsistir en un periodo de crisis sino que es esa gasolina llegada a través de los camiones, esa que sube y sube por una escalera interminable de impuestos la que generará un problema mucho más grave que el de la escasez de alimentos: si quedan desabastecidas las empresas ajustarán su plantilla de personal, y a río revuelto, no ganancia de pescadores, que esos ya nos han demostrado los pobres que no ganan demasiado al igual que los agricultores, sino que serán otros patronos los que aprovecharán la crisis para regularizar y poner a punto sus empresas. La que han liado los camioneros con sus paros. Y sin embargo, si nos bajan los precios, a ellos tendremos que agradecérselo, y si esto no lo solucionan, nos iremos a la cuneta de la huelga o al paro.

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