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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

No debatiré sobre los beneficios del mate contigo, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
domingo, 15 de junio de 2008, 10:34 h (CET)
Mi vida:

No debatiré (a pesar de que anteayer, en www.laflecha.net, me publicaron el texto que titulé “Persona que discute normalmente con su pareja llega a vieja”) sobre los beneficios del mate (sea éste el tema de la conversación o el alma de la misma) contigo. Estaré, eso sí, atento al relato de anécdotas, categorías, consideraciones y valoraciones que hagas, para aprender. Seguro que, aleccionado y contagiado por ti, me convierto, con la lenta caída de la arena o el paulatino discurrir del cronómetro, en uno de los defensores a ultranza y por antonomasia del mate. Tiempo al tiempo. Estarás (ése es mi propósito, al menos –que estés-) orgullosa de tu feliz Félix. Te pongo en antecedentes. Como hoy pulula por la red de redes una legión de donjuanes (más bien, de bribones, de granujas) que les sacan los cuartos a incautas interneteras con el trampantojo de pagar apócrifos banquetes, pues, al final, los ágapes pergeñados (por los araneros de turno), lamentablemente, no tienen lugar, insisto, una y otra vez, erre que erre, en la machacona idea de que no quiero ninguna de tus posesiones. No tendré ningún problema en hacer expresa renuncia, firmar y rubricar que no me interesa ninguna de las mismas. A mí lo único que de verdad me interesa eres tú, tu ubérrima persona, tu aquilatada personalidad.

Hiciste bien al entrar y comprar en el herbolario lo que juzgaste necesario; y al prepararte (con sumo cariño) y tomarte (con la debida calma) la infusión de valeriana.

Tengo muchas ganas de probar tus guisos. Ahora estoy hecho a los míos y a los de mi señera y señora madre, Iluminada, pero intuyo que con los tuyos me ocurrirá tres cuartas partes de lo mismo, o sea, que también me relameré de gusto y chuparé los dedos.

A mí me encanta que me quieras, pero lo que, sin ninguna hesitación, me arrobó, arroba y arrobará es demostrarte que estoy preparado y tengo la pretensión de amarte con, al menos, un ápice o pizca de arte.

Celebro que, aunque te olvidaste el termo y el mate, pareja de hecho para los orientales, en casa, todo te saliera a pedir de boca en el Ayuntamiento (bueno, para ti, Intendencia) capitalino/a, Montevideo. Me alegra sobremanera que hayas solucionado, de una vez por todas, los problemas que tenías pendientes con el susodicho ente u órgano.

Sí, Tina, no está nada mal (ya que solemos tener el pico, la mui o sin hueso siempre a punto o dispuesto/a para despotricar) ni de más agradecer, sobre todo, cuando los funcionarios nos atienden con inconcusa exquisitez. Hay un refrán en castellano que dice que “de bien nacidos es ser agradecidos”; pues eso. No cuesta nada reconocer el buen hacer a (y de) cuantos nos tratan con respeto y celeridad (o viceversa).

Me parece estupendo y aun óptimo que intentes ser hoy (y todos los días del año, cariño, porque, si no –lo que sigue va con zumba, claro-, te reprenderé severamente, te castigaré y hasta te dejaré sin los entrantes –caricias, juegos y mimos preliminares- y sin el postre –orgasmo-) afable con todo el mundo (a mí tampoco me gustarás con el ceño fruncido, amarga-da). ¿Sabes otra razón por la que sé que estás tan enamorada de mí (como yo lo estoy de ti), Tina? Por este motivo simple, sencillo, porque ambos deseamos ser más amables con los otros; porque queremos mejorar como personas. Por eso, nos (y a los demás, también, les) conviene que estemos enamorados.

Espero y deseo que las noticias que traiga Ángel (el nombre, en verdad, le viene como alianza al anular) sean excelentes (ojalá contribuyan a que nos podamos casar cuanto antes –ya ves, cada loco con su tema o mate-).

Me alegra saber, mi bien, que allí, en la República Oriental del Uruguay, mientras duren los días grises, tomarás al menda (lerenda) por el mismo sol, la mantita de los pobres.

Te ama (y besa y besa y besa... hasta el infinito, sin desmayarse) tu

Félix Unamuno.

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