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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La rana cocida

Fernando Martín Huesca
Redacción
domingo, 15 de junio de 2008, 10:57 h (CET)
Cualquiera con unos conocimientos mínimos de economía debe saber que el precio del dinero nunca puede estar por debajo de la inflación. Y cualquiera con unos conocimientos mínimos de organización empresarial debe conocer la moraleja de la “rana cocida”, que dice: si echamos de repente una rana a un puchero con agua hirviendo, ésta dará un enorme salto y saldrá fuera de él.

Pero si ponemos la rana en un puchero con agua a temperatura ambiente y comenzamos a calentar a fuego lento, la rana no reaccionará. Se quedará dentro disfrutando de cómo aumenta la temperatura a su alrededor. Pasado un cierto punto sentirá cierta sensación de incomodidad, pero pensará que es normal porque ya no se acuerda de cómo es el mundo fuera del puchero. Sobrepasada una cierta temperatura, su organismo ya no podrá reaccionar aunque quisiera, no podrá respirar, y finalmente morirá quedando flotando panza arriba. Ahora extrapolemos estas conclusiones al mercado español de la vivienda: si un día nos hubiésemos levantado y la vivienda se hubiera encarecido un 150%, habríamos saltado como hizo la primera rana. Pero el calentamiento del mercado comenzó suavemente, casi sin darnos cuenta. Y toda España estaba más feliz porque los inmuebles cada año se revalorizaban más y más, y cada vez el país era “más rico”. Pasado un tiempo ya no nos acordábamos de cómo era el mundo antes de ese calentamiento, ni nos preocupaba el saber la razón de dicha situación. Después se llegó a una situación en la que comenzaron a saltar las alertas, pero ya no podíamos reaccionar porque las defensas económicas, jurídicas y sociales que antaño tenía la sociedad española ahora resultaban inservibles. El agua ha entrado en ebullición, y ya comienzan a verse muchos de los cadáveres que acabarán flotando panza arriba. Estamos cocidos.

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