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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La huelga y la crisis

Mario López (Madrid)
Mario López
viernes, 13 de junio de 2008, 10:24 h (CET)
La huelga de los transportistas es la primera en nuestra historia en la que el Gobierno español se lava las manos respecto a reivindicaciones que según parece pertenecen al ámbito de competencias de la UE. Este hecho es insólito y de una enorme gravedad. Al desaparecer el Gobierno de la mesa de negociación, los trabajadores alcanzan un nivel de desamparo semejante al que se hubiera derivado de haber sido abolido el derecho a la huelga. En ningún caso el Gobierno de la nación puede inhibirse en una cuestión que afecta gravemente a los ciudadanos que han depositado en él su confianza. Si la UE es la última autoridad en decidir sobre un asunto de esta índole, será el Gobierno el responsable de plantear a la UE las reivindicaciones de los trabajadores, pero no puede inhibirse y dejar a los trabajadores abandonados a su suerte.

Por otra parte, se ha querido desacreditar la huelga por estar secundada solamente por un veinte por ciento de los transportistas ¿Cuántas huelgas han contado con menos apoyos y han sido perfectamente legitimadas? El derecho a la huelga no exige para ser ejercido ningún número mínimo de apoyos. También se dice que, con su actitud, los transportistas agraden en primer lugar a los ciudadanos inermes. Siempre se ha dicho lo mismo desde las mismas fuentes. Es evidente que, tal y como está organizada la sociedad, siempre será el ciudadano inerme el que sufra todas las convulsiones que se puedan producir: la crisis económica, las huelgas, la lluvia o la sequía. Lo que está claro es que la única clase social no inerme que está blindada y a salvo de cualquier adversidad es la oligarquía, que ayer se nos mostraba muy liberal, hoy bastante menos y mañana, de seguir la actual deriva, se mostrara como tantas otras veces, rotundamente fascista.

Estos días estamos asistiendo a unas gravísimas agresiones contra la clase trabajadora. Y no parece que haya ninguna respuesta aceptable. Todo esto empieza a ser verdaderamente agotador.

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