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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Barack Obama, el recaudador

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 10 de junio de 2008, 07:16 h (CET)
Barack Obama, primer candidato negro a la presidencia de los EE.UU., es el mayor recaudador de la historia en unas primarias, con más de 265 millones de dólares (176,7 millones de euros; cerca de 30.000 millones de pesetas). Fondos captados de entre sus partidarios.

Este hombre joven que supo estar en el lugar adecuado en el momento oportuno, lo que le permitió acceder a los 35 años al Senado de Illinois por todas sus características personales, pero influyendo sobremanera su condición de africano-americano, no fue sino hasta julio de 2004 cuando saltó a la liga nacional, convirtiéndose en el primer senador de la nación de tal característica étnica. Y no cabe duda alguna que el factor racial ha influido, no sólo en su trayectoria académica y profesional, sino también en la política.

Pero sea lo que sea, su indudable capacidad para captar donaciones es innegable. Obviamente no está solo en eso ni en ningún otro aspecto de su meteórica carrera política, eso es claro, pero es casi conmovedor que haya sido capaz de llegar a tal volumen de fondos recaudados, básicamente de pequeñas aportaciones personales.

En efecto, su sistema de recaudación ha sido algo parecido al de los microcréditos. La ley autoriza en EE.UU. una aportación personal individual máxima de 2.300 dólares (1.534 euros) y Obama que dispone de una kilométrica lista de donantes, ha ido pidiendo pequeñas cantidades a lo largo de su campaña con lo que el eco a su demanda ha sido más fácilmente atendido porque menores cantidades a la máxima permitida por la ley, son más fáciles de recaudar.

Pero no acaba ahí la cosa, pues para cuando se inicie la campaña presidencial, con toda probabilidad recaudará otra cantidad similar para hacer frente a los gastos de la campaña que va a enfrentarle a John McCain que dicho sea de paso, recaudó 95,5 millones de dólares (63,7 millones de euros) lo mismo que George W. Bush en sus primarias; pero se cuestiona la capacidad de McCain para captar mayores aportaciones para las presidenciales.

Y se queda uno pensando en cómo funcionan por ahí las cosas de la política en democracia y las arcas de los candidatos y sus partidos políticos.

Bien es cierto que España no tiene la dimensión de EE.UU. ni en población ni en extensión. Diríamos que se asemeja más a las dimensiones de California en muchos aspectos: tiene 38 millones de habitantes y una extensión de 410.000 km2 frente a los 500.000 de nuestro país. Pero económicamente está muy por encima de España y no sólo porque su economía esté basada en la industria de gran valor añadido, como la aeronáutica, la espacial o la informática sino que su agricultura está muy desarrollada también. Será porque el Rodríguez Zapatero de California, lo que allí llaman gobernador, es el terminator austríaco de nacimiento, Arnold Schwarzenegger; a ver quién se mete con él.

En España los partidos políticos que han conseguido grupo parlamentario se han repartido, después de las elecciones generales del pasado 9-M la friolera de 63,2 millones de euros. Los Presupuestos del Estado contemplaban por el concepto de ayuda a partidos políticos 78,1 millones para 2008 y en abril se dosificaron 14,9 entre los partidos salientes de las cámaras. Para este 2008 aprobaron sus señorías un 20% más de subvenciones a los partidos que en el ejercicio anterior.

No conozco a nadie a quien le subieran el sueldo el 20% de 2007 a 2008 por seguir haciendo el mismo trabajo.

Establece la normativa que de cara a la campaña electoral, los partidos que hayan obtenido escaños en la legislatura anterior, podrán solicitar un anticipo hasta del 30% de lo que les correspondería en la nueva legislatura si obtuvieran idéntico resultado a la anterior, según el presupuesto del año en curso. Y ahí es cuando se producen los descalabros financieros de muchos partidos que “pinchan” para la legislatura siguiente, pues el resto de la financiación de la campaña sale de la banca y cajas de ahorros. Porque gastárselo se lo gastan igual.

Tanto como nos gusta imitar a los países grandes en sus avances democráticos, podríamos poner en práctica el sistema de subvención para las elecciones de partidos y candidatos de EE.UU., pues aquí se nutren de los Presupuestos Generales del Estado. Lo que supone que todos pagamos, nos gusten o no los candidatos y sus partidos que los han designado. Así votemos como nos abstengamos; todos a pagar, porque la decisión la toman “los padres de la patria” sin que nadie se queje de que son a la vez juez y parte interesada personalmente. Y así nos va.

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