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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Celebro que el cíber-café estuviera abierto, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
martes, 10 de junio de 2008, 07:16 h (CET)
Mi vida:

Celebro que el cíber-café estuviera abierto, Tina. ¿Cómo se llama tu yerno? ¿Has caído en la cuenta de que, sin querer, actuó o hizo las veces de “celestino” con nosotros?

Abundo o coincido contigo, cariño, en el criterio. Tus palabras (mutatis mutandis, fármacos), ora escuchadas, ora leídas por mí, me reportan mil y un bienestares; pues, además de propiedades palingenésicas, renovadoras, resucitadoras, sus principios activos tienen cualidades sedantes.

Me alegra que te haya gustado mi urdidura (o “urdiblanda”) hodierna. Salvo los datos apócrifos, que siempre erogo por aquí y por allá, el grueso del texto es auténtico, real, como la vida misma que tú eres para mí.

Es lógico y normal que diera muestras de cansancio, Tina. Estaba subiendo una pendiente. A la hora que me llamas, suelo andar desandando lo andado, o sea, deambulando de vuelta al barrio de Fátima (en Algaso), donde vivo en la grata compañía de mi señera y señora madre, Iluminada. Han sido varias las veces que me has pillado en plena cuesta (en algún tramo o trecho de la misma). Ése es el motivo por el que, al subir y al hablar, he demostrado mi apocamiento (que no miento). Si me paro (como hice esta mañana), soluciono el problema en un santiamén.

Yo camino (mejor, si es por recientes –buenas y nuevas- vías verdes) y voy contigo donde sea. Este año será extraordinario, porque nunca cogí dos semanas completas de vacaciones. Esos quince días en Italia, entre Roma y Venecia, se nos harán (vaticino) cortos, si queremos realizar el montón de cosas (tomar mate que no nos ídem será una de ellas) que hemos programado de consuno.

Puede ser que, como dices, esa impresión de cerrazón, propiciara, a su vez, como corolarios, esas sensaciones refractarias de ardor y angustia.

Pues no tengas, mi bien, cargo de conciencia, porque tus llamadas telefónicas me traen paz y placer (¡qué más se puede pedir!) a raudales.

El otro día olvidé comentarte que le di a mi progenitora tus besos (de tapadillo). Haz lo propio con la tuya.

Escríbeme y llámame. Ambas acciones son sendos sucedáneos de lo que viviremos la primera quincena de agosto en Italia.

Si yo soy tu sol, tú, Tina, eres mi camino de Santiago, mi Vía Láctea, como urdí en el poema (sí, otra décima), que publiqué hace algunos días.

No. Todavía no le he metido mano a “Desde el jardín”, pero lo haré (me comprometo a ello) la próxima semana.

Te echa mucho, pero muchísimo, de menos tu amado y amador,

Félix Unamuno.

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