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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Niños y rupturas familiares: “pagar por ver” vs. “pagar por contaminar”

Francisco J. Fernández
Redacción
lunes, 9 de junio de 2008, 07:49 h (CET)
“Sí. Yo presencié negociaciones del tipo: `Si me das veinte euros más de pensión, te dejo una tarde más al niño´. Cuando no sabes cómo presionar a la otra parte, cómo hacerle daño y que pague por lo que hizo, el niño es la perfecta excusa para hacerlo”, dice D. Luis Ángel Fernández Barrio, Juez de Familia, que deja esa jurisdicción hastiado, según nos cuenta Marta Fontán en su reportaje en el diario Faro de Vigo del pasado 1 de junio.

Se confirma en España el sistema implantado de forma implícita por el legislador para “visitas” de menores con su progenitor no custodio: el pago por visión —en inglés pay per view (PPV) —. Es una modalidad de TV de pago, en la que el abonado paga por los eventos individuales que desea ver. Éstos pueden ser eventos deportivos, películas recién estrenadas, y,…, las “visitas” con tus niños. Este sistema se ha hecho últimamente más visible porque el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) nos ha traído, procedente de EE.UU., la novedad de las “visitas” por video-conferencia en el Juzgado de Familia. El último grito.

Todos los niños son criados y educados por el custodio con su propio ejemplo, también en los casos de divorcio muy conflictivo. Son así “contaminados” psíquicamente del ánimo de dañar a su otro progenitor por parte del que tiene “derechos de apropiación” del niño, el custodio. Sin embargo, el legislador español, tan ecológico, se resiste a establecer “mecanismos” eficientes de pagar por contaminar (PPC) para evitar que el custodio “llene de basura” contra su ex la mente del hijo menor común.

Y todo ello se produce en los procesos de divorcio con niños en España en “interés superior del menor” como exige la Convención de Derechos del Niño: lógicamente, el resultado de esta “ablación parental” del niño en el ámbito judicial es el trastorno psíquico denominado síndrome de alienación parental (SAP) por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Es necesaria y urgente en nuestro país la reforma de la legislación sustantiva y procesal para sustituir el actual sistema de “pagar por ver” por el más ecológico, y respetuoso de la salud mental infanto-juvenil, “pagar por contaminar”: ¡el que “vuelca su basura” sobre la mente del niño, paga!

Desde el análisis económico del Derecho, es decir, considerando el comportamiento humano desde el coste-beneficio, aquí y ahora, “comerle el coco” al niño trae cuenta. El Ordenamiento Jurídico español sobre ruptura familiar con menores y su aplicación práctica en los juzgados y tribunales “incentivan” el comportamiento “malévolo” del progenitor y el daño al niño. Porque en nuestro país la “ejecución de lo juzgado” va enseñando a la “persona sin escrúpulos” que incumplir la ley y la resolución judicial es “demasiado barato” en estos casos. Tanto es así que, en términos relativos, muchas veces “la pena es un premio” en lugar de un castigo, paradójicamente. Es el caso muy generalizado de condenar a una “pena” de 30 euros al custodio que ha incumplido 10 visitas quincenales consecutivas cuyo coste de cumplimiento por el transporte de los niños hasta el Punto de Encuentro se hubiera elevado a 300. El coste de la desobediencia judicial es menor que el coste de cumplimiento de la resolución judicial.

Esta es, en resumen, la tesis que sostengo: hay que cambiar con urgencia en el ámbito de las crisis familiares con menores el actual sistema de “pagar por ver” por el sistema de “pagar por contaminar” si, de verdad, queremos el beneficio del menor, su desarrollo psíquico sostenible.

Como hoy el estudio del Derecho es “el arte de predecir la conducta de los jueces”, el Derecho de Familia está tirado, de fácil que es. Parafraseando al padre de la Economía, Adam Smith, en “La riqueza de las naciones” (1776) en versión actualizada: “No es de la benevolencia (de la expareja) del carnicero, (de la expareja) del cervecero o (de la expareja) del panadero de lo que esperamos nuestra cena, sino de sus miras al interés propio”.

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Francisco J. Fernández Cabanillas es jurista y economista.

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