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La terrible venganza del reverendo Moon

Luís Agüero Wagner
Redacción
lunes, 9 de junio de 2008, 07:30 h (CET)
Revivir la Santa Inquisición en Sudamérica instrumentando para el efecto a representantes de la Iglesia Católica es al parecer la terrible venganza que había maquinado el Reverendo Moon para los políticos que osaron expropiarle el antiguo latifundio del esclavista Carlos Casado, en el mismo territorio del Chaco paraguayo que fuera escenario de una disputa inter-imperialistas en la década de 1930. Ya en ese tiempo, decenas de miles de ametralladoras, manejadas por manos esclavas de labriegos paraguayos parasitados e indígenas bolivianos desnutridos, produjeron una masacre que costó cien mil vidas sólo para decidir si Deterding o Rockefeller habrían de quedarse con el petróleo del subsuelo tras la guerra paraguayo boliviana de 1932 a 1935.

Esta vez fueron los audaces políticos que pretendieron expropiar a la Secta Moon los que fueron enviados al sacrificio, y para ellos ahora la Santa Inquisición enciende las hogueras.

Todo empezó cuando el Tercer Adán o Nuevo Mesías, el Reverendo Sun-Myung Moon, adquirió un enorme territorio en Paraguay para su gobierno mundial, a través de una de sus empresas denominada Victoria S.A. Haber contrariado a la Secta Moon intentando expropiar sus tierras hizo descender a los políticos que dominaban el país a los infiernos.

Las adquisiciones de Moon incluyeron todo un pueblo dentro de territorio paraguayo, por valor de13 millones 650 mil dólares, que se sumaba a los terrenos que había comprado desde 1996. Además, tenía compradas enormes propiedades en las zonas fronterizas de Brasil con Paraguay y Bolivia, donde busca por intermedio del proyecto Nueva Esperanza adquirir gran parte de la zona del Pantanal.

Esta constante expansión de la secta Moon en Sudamérica ya suscitó preocupación de los gobiernos de Brasil y Bolivia, que acordaron el 9 mayo de 2002 intercambiar información para investigar los negocios que en la frontera común tiene la Asociación de las Familias para la Unificación y la Paz Mundial.

Para entender el poderío de la secta basta conocer que cuenta entre sus empresas a la industrial Hankook, Il Shin Stone, Il Sung Construction, Seil Tour System, The Segye Times y la fábrica de ginseng Il Hwa, a la que se ligan algunas empresas sanitarias. En el ámbito alimenticio está Happy World, dedicada a la producción y comercialización de comidas, que posee también varias cadenas de restaurantes y centros comerciales, y tiene filiales dedicadas al transporte marítimo y terrestre. En el sector de las manufacturas está dominada por Saeilo Inc. -presidida por Justin Moon, uno de los hijos del reverendo-, que junto a Tongil fabrican partes de automóviles utilizadas por importantes marcas mundiales.

No obstante, el grueso de sus operaciones tiene que ver con la fabricación de armas, negocio en el cual fue clave para venderlas a la Sudáfrica del apartheid el gobierno paraguayo del dictador Stroessner. En el sector naviero, su centro es el holding One Up, con el que se relacionan otras multinacionales como Master Marine e International Oceanic Enterprises, también fabricantes de los barcos Post Panamax, de gran calado, que ahora quiere fabricar en Chile. Además, la secta tiene grandes propiedades en Manhattan, Alaska y Massachusets.

Por si fuera poco, el grupo religioso tiene importantes participaciones en medios de comunicación en todo el planeta, principalmente en Corea y Estados Unidos. En este último país -donde la secta se instaló en 1973 bajo el nombre de "Asociación del Espíritu Santo para la Unificación de la Cristiandad Mundial"-, controla por medio de News World Communications (NWC), el diario The Washington Times (segundo de importancia en esa ciudad) y News of the World en Nueva York, y tiene una participación nunca desmentida oficialmente en la empresa editora de The Miami Herald. Recientemente, agosto de 2002, la secta adquirió la agencia United Press International (UPI). El NWC es presidido por Bo Hi Pak, brazo derecho de Sun Myung Moon y ex agente de los organismos de inteligencia de la dictadura coreana, que estuvo en Chile en 1975 y se relacionó con Pinochet, Videla, Stroessner, García Meza, etc.
En la Bolivia colindante con sus dominios paraguayos, de acuerdo al periódico Los Tiempos del 4 de septiembre de 1981, la secta religioso-política del predicador Sun Myung Moon apoyó el golpe de Estado del general Luis García Meza con la considerable suma de 5 millones de dólares. Y no hace mucho Sun Myung Moon visitó Santa Cruz, donde fue recibido por empresarios deudores al fisco como Johnny Fernández, exportadores de soya y líderes de la fascista “Nación Camba”. Resulta que ahora también quiere el gas boliviano. Las empresas de Moon son fabricantes de los buques con mayor capacidad de calado en el mundo, los Post Panamax, que ya son construidos en un enorme astillero, Atenil, en el Uruguay.

Los seguidores de Moon se instalaron en Argentina con el apoyo del obispo Antonio Plaza, que trabajaba para la dictadura, y de varios jefes militares, especialmente el secretario de Planeamiento, general Ramón Genaro Díaz Bessone. Por la misma época la secta Moon colaboró estrechamente en el golpe de estado del 17 de julio de 1980 del general Luis Garcia Meza en Bolivia. Poco después, el general Armando Reyes Villa, ministro de Defensa y padre del ex candidato presidencial Manfred Reyes Villa, condecoró al coronel sudcoreano Bo Hi Pak, segundo al mando de la secta por los "servicios prestados a la patria". En respuesta, Bo Hi Pak donó al gobierno militar 4 millones 500 mil dólares para la lucha en contra de la oposición y el movimiento popular. La secta Moon está reconocida en el país andino desde julio de 1978, pues presentó la documentación necesaria para obtener personalidad jurídica, al igual que otros 230 grupos religiosos establecidos legalmente.

Desde entonces y ante las innumerables quejas sobre actividades irregulares de la secta, provenientes sobre todo de la jerarquía católica local, el Ministerio para el Culto dijo que la secta tiene todo el derecho de realizar matrimonios colectivos y no existe motivo para prohibirlos, como ha sucedido en otros países, como en Honduras y Costa Rica. También se tienen registros de que, en los ochenta, los "moonies" participaron activamente en apoyo de la contrainsurgencia en Nicaragua, y la sanguinaria represión en otros países centroamericanos.

En 1997, ante la complacencia de las autoridades federales uruguayas, la secta adquirió el ex Frigorífico Nacional y las instalaciones del astillero Tsakos por varios millones de dólares, uno de los más grandes del continente. Según el plan del grupo, las 91 hectáreas del ex Frigorífico Nacional, se deberán convertir en el mayor enclave comercial de América Latina.

Las ocasionales coincidencias entre esta secta y la iglesia que obligó a retractarse a Galileo y envió a la hoguera a Giordano Bruno no son muy sorprendentes si se consideran las historias negras comunes a ambas, la una en el medioevo y la otra en los años del terror del Plan Cóndor. Las torturas infligidas por las policías políticas de Videla o Pinochet se inspiraron en los métodos de la Inquisición, que aplicaba a los herejes tormentos como el hierro candente echado en los ojos o los oídos, el látigo que en Paraguay fue conocido por la voz guarani Teyu ruguai, ahogar en orina o excremento a los herejes (el submarino, cuya técnica fue perfeccionada por las policías políticas en el cono sur) , el suspender herejes colgados de las manos o lanzarlos de lo alto, todos métodos que aplicaron tanto Torquemada como Videla, Pinochet y Stroessner.

En ambas épocas, las propiedades de los herejes fueron confiscadas y divididas entre los dictadores, los inquisidores y los Papas.

Así como los generales del Cóndor decidían qué ideas convenían a sus países por el bien de la civilización occidental y cristiana, sabemos que la Iglesia Católica se arroga el derecho a decidir qué tesis científicas pueden ser defendidas y cuales deben ser prohibidas, y a condenar y castigar a los que defiendan estas últimas, aunque en las sombras pueda sostener tratos ocultos con el mismísimo Reverendo Moon. Para entender la complacencia y complicidad católica de hoy, basta saber que hoy está al frente del cotarro Vaticano quien ante la revisión honrada que propuso Juan Pablo II del caso Galileo en 1992, fue uno de los defensores de que la tesis de Galileo carecía de argumentos científicos para demostrar el heliocentrismo. El propio Ratzinger señaló en dicha oportunidad que la iglesia fue mucho más fiel a la razón que el mismo Galileo.

Una conspiración de la secta Moon con participación de un obispo de la iglesia católica no sería una experiencia nueva dentro de sus planes de conquista de Sudamérica, considerando el caso del arzobispo de La Plata Monseñor Antonio Plaza, quien recibió de Moon 120 mil dólares para crear la carrera de periodismo en la Universidad Católica de La Plata, gentileza retribuída por el religioso católico vinculando a la secta con las altas esferas del Proceso de Reorganización Nacional.

Hoy la secta, vinculada al obispo Fernando Lugo a través de su prensa, promete al Paraguay reminiscencias del mismo infierno en que fue sumergido el Cono Sur en tiempos del Plan Cóndor, cuando CAUSA sufragaba la DINA de Pinochet y los principales jerarcas de la dictadura de Stroessner. Lo demuestra la actitud servil del obispo de los pobres y héroe de la izquierda latinoamericana que hoy se encuentra en Corea, mendigando inversiones a empresarios del susodicho grupo filantrópico.

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