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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Miguel de Cervantes se revuelve en la tumba

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 9 de junio de 2008, 07:20 h (CET)
¡Gracias a Dios que Hillary Clinton no se enteró de las preferencias del señor Pepiño Blanco por su rival el señor Obama! Seguro que, si hubiera sabido de que la opinión del Pepito Grillo del PSOE, inmediatamente hubiera tirado la toalla dándose por vencida al primero round. Y es que, señores, se necesita tener una cara de cemento armado para decir en su blog que no quiso, con anterioridad, manifestar en público su apoyo por Obamam para “no interferir en lo más mínimo” Es de suponer que los votantes demócratas en EE.UU estaban pendientes de que el secretario de organización del PSOE, tan conocido en aquellos lares y que tanta influencia parece tener sobre ellos, diera su opinión para escoger entre el morenito Obama y la sonriente Hillary. Sería de chiste si no fuera verdad pero, como lo es, nada más se puede decir que es la típica fatuidad de un don nadie al que se le ha dado un juguete demasiado complicado de manejar y que sólo lo sabe utilizar para tirarlo contra la pared.

Dejando de lado esta intrascendente anécdota, lo cierto es que, en España, cada día se van dando muestras más claras de la descomposición a la que han llegado nuestras instituciones comenzando por el TC y continuando por determinadas autonomías en las que parece que se ha decretado el levantamiento de la veda para ponerse por montera la Constitución de 1978 y, de paso, enviar a mejor vida al Estado de Derecho. Porque si preocupante es que la señor María Antonia Casas, presidenta del TC por decisión expresa del partido socialista, que fue quien elaboró una ley aposta para que siguiera en su cargo después de que expirara su mandato legal, con el único objetivo de que pudiera colaborar con los magistrados afines al PSOE en el tema de los recursos contra el Estatut; no menos escandaloso y preocupante es lo que está ocurriendo en Catalunya, donde a la inoperancia del Tripartit para solucionar adecuadamente los problemas de suministro de agua a la población se continúa manifestando en su desidia, si no colaboración activa, en el tema de la erradicación expresa, con alevosía y descaro, del idioma español, el castellano, por todos los medios, legales e ilegales, de que dispone.

Por tres veces el Tibunal Superior de Justicia de Catalunya ha tenido que reiterar que los padres tienen el derecho de escolarizar a sus hijos en la lengua materna, algo que, al parecer, el señor Montilla y su gobierno parecen desconocer o, si lo conocen, hacen caso omiso, sabedores de que tienen patente de corso por parte del Gobierno Central para pasarse por el fondillo de los pantalones lo que dispone la Carta Magna. Tanto es así que, a pesar del triple aviso del TSJC, aún es el momento en que las instituciones educativas de la autonomía catalana hayan hecho el menor caso y permanecen en sus trece, cerrilmente, manteniendo su rebeldía a aceptar las resoluciones de la Justicia. Pero si aún albergásemos algún tipo de duda sobre la postura de la Generalitat con respecto a la enseñanza de la lengua castellana, se desvanecería en el acto al ver como año tras año van postergando la aplicación de la obligación de aumentar en una hora semanal el tiempo que tienen la obligación de impartir la asignatura del castellano.

Ven ustedes, no obstante, como a nivel estatal parece que este problema no preocupa poco ni mucho a nuestros gobernantes que, escudándose en las competencias de la Generalitat en materia educativa consiente, permite y colabora en que se incumplan los preceptos constitucionales, sin ordenar a la fiscalía del Estado que tome cartas en el asunto. Lo que está sucediendo es que, demostrando una actitud de beligerancia positiva contra el uso del idioma español en la comunidad catalana, han aparecido 17.000 panfletos editados por el Gobern, en los que se recomienda a los inmigrantes a que no hablen en castellano y que se acostumbren al uso del catalán como idioma único bajo la amenaza de que, en el caso contrario, no serán considerados ciudadanos catalanes. Pongamos por ejemplo a un peruano, cuyo idioma vehicular es el castellano, pues bien, si quiere que se le admita como ciudadano deberá aprender el catalán y renunciar a su idioma de origen. Que el catalán lo hablan como mucho seis millones de personas de todos es sabido pero, para la Genariltat, ¡da igual, porque se trata de contentar a los de ERC y CIU, aunque para ello tengan que hacerles la pascua a los inmigrantes! Y luego se quejarán de que los médicos no quieran venir a Catalunya, que las multinacionales se marchen a Madrid y que el desempleo cada vez vaya en aumento.

Sin embargo, corroborando nuestras primeras impresiones sobre la deriva del PP, hemos tenido ocasión de comprobar, últimamente, lo sucedido en el Parlamento donde, en una demostración de hipocresía parlamentaria y de desprecio por los mandatos de la Constitución se produjo una de las situaciones más rocambolescas que los ciudadanos, los españoles, nunca hubiéramos podido imaginar que se produjesen. La señora Rosa Diez, en solitario y con el tiempo tasado, hizo una magnífica defensa del español denunciando valientemente lo que está ocurriendo con él en autonomías como el País Vasco, Galicia, Cataluña, Valencia y las Baleares, donde se incumple sistemáticamente el derecho de los padres a educar a sus hijos en castellano y se proscribe el uso del idioma español, negándose a que sea utilizado en las instituciones públicas e, incluso, por los agentes de la autoridad en su trato con los ciudadanos. Para sorpresa de muchos y admiración de los otros, tuvimos que presenciar como la oradora era abucheada no sólo por los nacionalistas, sino por los propios congresistas del PSOE que se olvidaron que en sus siglas todavía se mantiene la E de español.

Mención aparte merecen los miembros del PP, capitaneados por la señora Soraya Saenz de Santa María que, haciendo honor a las noticias que se tenían de ella y de su equipo, en lugar de aplaudir la intervención de Rosa Diez y apoyarla, permanecieron callados e incluso se dice que también, alguno de los miembros de la formación, contribuyó de una manera activa en el abucheo. ¡Esto es lo que nos espera! El nuevo modelo que nos pretende imponer el señor Rajoy y que parece que les gusta a todos los virreyes del partido, empezando por los señores Gallardón, Camps y Feijoo. Por mucho que pretendan disimularlo, por muy enérgicos que se muestren en vendernos la necesidad de adaptarse “a los nuevos tiempos”, nadie nos va a descabalgar de nuestra postura de denunciar, ante todo el que quiera escucharnos, que estos señores se han cargado las esencias, los valores y los ideales que justificaron que los apoyáramos durante tantos años. Estamos ante un nuevo partido, con unas nuevas ideas y, por supuesto, completamente distinto al que comandó el señor Aznar. Algunos todavía esperamos que alguien, en el PP, se ponga la armadura, se encasquete la vacía y agarre la lanza para arriesgare a enfrentarse a Rajoy, aunque ello sólo sirva para dejar claro en lo que se convertido el partido después de las últimas elecciones.

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