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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Cuidado con los cambios sin consultar a las bases!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 6 de junio de 2008, 05:16 h (CET)
Bueno señores, cuando estoy escribiendo este artículo todavía no ha terminado la reunión de la Ejecutiva del PP. Sin embargo, parece que está siendo movida y, la demostración del grado de tirantez y acaloramiento entre los miembros que la integran, ha quedado materializada con el abandono, antes de que finalizaran las deliberaciones, de la señora Esperanza Aguirre y el señor Gallardón, ambos con aspecto adusto y sin ganas de hacer declaraciones al enjambre de periodistas que los estaban aguardando. No parece que al señor Rajoy, a la vista de los comentarios que corren por los mentidero, le vayan tan bien las cosas como en la amañada reunión de Valladolid, donde estuvo arropado por sus incondicionales y no se permitió que trascendiera ningún signo que pudiera ser interpretado como una falta de unidad en el partido. En la ejecutiva de hoy parece que, tanto por parte del señor Costa como del señor Vidal Cuadras, se le están pidiendo explicaciones al presidente del partido respecto al viraje que ha decidido imprimir para afrontar esta nueva legislatura.

Es inútil que los señores Arenas, Mitchavilla y otros pretendieran apelar a la socorrida “unidad” para acallar a las voces críticas que están surgiendo de las propias bases. No es de recibo que se pida unidad en torno al proyecto del señor Rajoy cuando, precisamente, este proyecto es el que ha causado el malestar entre todos los votantes del PP, que ven en él un cambio de rumbo que contradice las directrices que han estado vigentes durante la pasada legislatura y que representaban los valores e ideas que mayoritariamente se ha venido defendiendo como baluartes de la esencia y razón de ser del partido. Unidad, conforme, pero antes deberíamos determinar en torno a qué proyecto. No se puede pedir un cheque en blanco, como parece que el señor Camps les ha pedido a los compromisarios de Valencia para entregárselo al señor Rajoy, cuando sólo hace unos pocos meses los electores votaron a un PP al que ahora se les quiere vender como distinto. La falta de democracia ha quedado patente cuando, la dirección, ha pretendido cambiar las reglas del juego, sin previamente haber consultado con las bases.

Es inadmisible que, por una actuación arbitraria del señor Rajoy, se haya consentido que se prescindiera de personas de una valía demostrada como son los señores Acebes y Zaplana. Si se nos preguntara a los ciudadanos de a pie seguramente responderíamos que estas destituciones responden solamente a la intención de congraciarse con los señores del PSOE. Pero, no contento con esta cacicada, Dios sabe por qué motivos ocultos, defenestra a la adalid del País Vasco, la señora María San Gil, utilizando para ello modales de una zafiedad imperdonable, sin dar más explicación que decir que ha sido ella la que ha pedido marcharse. Y luego le siguió el señor Alcaraz uno de los puntales de las víctimas del terrorismo, que siempre se han caracterizado por su apoyo incondicional al PP. ¿Pero qué ha ocurrido en el PP para que, de la noche a la mañana, parezca como si hubiera entrado un trasgo maléfico y lo hubiera puesto todo patas arriba? ¿Cómo es posible que ahora se nos quiera aplacar, si se nos quiere imponer un acercamiento a los nacionalismos, cuando hemos estado años luchando para mantener la idea de una España unida y solidaria?

Si el señor Rajoy quiere un partido nuevo, si pretende congraciarse con Zapatero, Blanco y De la Vega, que se vaya del PP y cree su propio partido. Es de todo punto incomprensible que un caduco Fraga se pretenda erigir como el ideólogo de esta nueva corriente de opinión y, por si fuera poco, vaya por estos mundos como hizo hace muchos años cuando se convirtió en una especie de dictador. No señores, no es admisible que se puentee a las bases y se monten camarillas con recién llegados, para minar los cimientos de una formación que lleva años de lucha contra el cáncer socialista. No nos quieran engañar con actos amañados para escenificar una afirmación del señor Rajoy como líder del partido. No, no estaremos conformes hasta que se haya consultado mayoritariamente, por un método democrático, a las bases para que sean ellas las que den su opinión sobre este nuevo rumbo dado al PP.

Es preciso que tanto el señor Costa, como Esperanza Aguirre, Vidal Cuadras, Acebes, Zaplana, María San Gil y toda la vieja guardia del partido no se dejen presionar por el aparato del partido; deben saber que somos muchos los que tenemos puestas nuestras últimas esperanzas de mantener la fe en el PP, en sus actuaciones, en la defensa que ellos puedan hacer de nuestra ideología. Es preciso que mantengan alta la moral y no se dejen desanimar ante el Congreso de Valencia, por si hace falta que en él hagan una defensa de nuestros valores, aunque sea una defensa numantina y queden ahogados por la burocracia y los caciques territoriales, que pretenden mantener sus feudos aunque, para ello, debamos ceder ante nuestros adversarios para que destrocen España, para repartir los pedazos que queden de ella a las fieras secesionistas y comunistas que, por desgracia, se han hecho dueños de ella.

Es fácil pronosticar que, por la senda que han emprendido Rajoy y los suyos, este partido está condenado al fracaso. No esperen que con blandenguerías, cesiones y rendiciones los vayamos a seguir votando los que tenemos una idea de nación que no admite componendas con el adversario político. No nos quieran dorar la píldora diciéndonos que “si el gobierno lo hace bien” no hay que oponerse. ¿Qué hizo Zapatero con el gobierno de Aznar que había levantado la nación de su postración, legada por Felipe Gonzáles? Lo destruyó y entró, como Atila, a destruir todo lo bueno y malo del gobierno anterior. Ahora no nos vengan con zarandajas, que ya somos muy mayores para que nos ofrezcan pirulíes.

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