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Etiquetas:   Carta al director  

Las nuevas formas de pobreza

Francisco Arias Solís
Redacción
viernes, 6 de junio de 2008, 05:16 h (CET)
“Tan pobre me estoy quedando
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.”


Antonio Machado.

Uno de los cambios más importantes operados por la “nueva” dinámica socioeconómica, es el que hace referencia a los altos niveles de paro y a las nuevas formas de empleo. Estos factores son para la Unión Europea la razón principal para la exclusión y marginación social y el factor más importante que explica la aparición de “nuevas formas de pobreza”.

Los parados constituyen una proporción mucho mayor de pobres y de personas dependientes de la asistencia social que antes. Sin embargo no ha sido sólo a través del paro como los cambios del mercado laboral han transformado el mapa de la pobreza. De hecho, la dinámica socioeconómica ha ido unida a una segmentación y “dualización” del mercado laboral; lo que ha provocado la precarización del empleo en una creciente proporción. Por último, el número de personas empleadas que son pobres o dependen de la asistencia social ha aumentado.

Así pues la relación de los cambios en el mercado laboral con el empobrecimiento no se da a través de un proceso unilineal sino complejo. Complejo por la diversidad de los cambios, y complejo porque se manifiesta a través de diversas trayectorias que además se interconexionan entre sí de muy diversas formas.

El desempleo vehicula la pobreza en tanto no se trata de la pérdida de trabajo, sino también se trata de endeudamiento, desmoralización y dependencia.

Cuanto más se aleja la última experiencia laboral, o más tarda a incorporarse a la primera, más se incrementa la dificultad para encontrar una colocación. A medida que se prolonga la situación de paro se va desdibujando la frontera entre la intención de trabajar y la de engrosar la población inactiva por efecto del desánimo. Lo que supone, no sólo la pérdida de recursos humanos y del potencial de crecimiento colectivo, sino también una evidente frustración personal y un claro problema de rentas adecuadas, que suele mitigarse a través de medidas asistenciales o de protección en una dependencia enojosa en la mayoría de los casos.

Los empleos precarios, junto con otros grupos de personas, en su mayoría jóvenes, que están inscritos en procesos de inserción, de formación en alternancia, de aprendizaje, así como otros grupos que se benefician de diversas formas de ingresos e incluso sin ayuda alguna, han sufrido una fuerte ampliación en estos últimos años.

Generalmente son las mismas personas y particularmente jóvenes quienes, al no tener posibilidad de lograr un empleo estable, circulan entre el mercado de trabajo clásico, al atípico, y luego hacia lo que podría llamarse un tercer mercado: el del desempleo más o menos indemnizado; y por último, un cuarto mercado: el del trabajo clandestino.

La redistribución de las formas de empleo está acompañada de cambios en determinados referentes sociales cuya evolución puede describirse en términos de retroceso. En particular, la referencia al contrato de duración indeterminada está puesta en entredicho por la importancia del desarrollo de los contratos temporales. La puesta en tela de juicio de esta referencia se acompaña de un debilitamiento de los sistemas de protección y de seguridad social.

El elevado nivel de empleo precario es, por supuesto, un factor eminentemente negativo desde el punto de vista social. La tasa de empleo precario en España casi triplica la tasa media registrada en la Unión Europea.

Lo decisivo no va a ser trazar una forma de separación y contraste entre el desempleado y el que no lo es. Sino que lo decisivo van a ser las características del propio empleo y de la protección social al desempleo, además del proceso de rotación entre el desempleo y el empleo precario que es una de las características que marca la “nueva” pobreza. Destacando los denominados “niños de la crisis”, es decir, jóvenes que “navegan” de medida de inserción en medida de inserción y no tienen posibilidad de ocupar un empleo estable. Y como dijo el poeta: “¡Qué poco me va quedando / de lo poco que tenía! / Todo se me va acabando / menos la melancolía”.

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