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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Fraudes

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 5 de junio de 2008, 05:42 h (CET)
Pienso que la mayoría de las personas no se sienten culpables si consiguen eludir el pago de cualquier impuesto. Es bastante normal decir que no necesitas factura para evita el IVA.

Pero no sé si alguien siente remordimiento por estar en una situación de incapacidad temporal sin estar enfermo o prolongar la situación todo lo que puede, después de estar en perfectas condiciones para trabajar.

Leo en el diario IDEAL de Granada que el número de bajas laborales fraudulentas aumenta un 25% en los últimos dos años. La Unidad Médica de Valoración de incapacidades detectó el pasado año 2007 en la provincia de Granada que nada menos que 5.730 trabajadores de baja fingían una enfermedad. Indica también que los dos sectores con mayor número de bajas son el de funcionarios y el agrícola.

Se habla constantemente de las pensiones de la Seguridad Social, exigiendo al gobierno que aumente sus importes o de la utilización de los fondos de reserva. Pero no hay clara conciencia de que el fraude en las prestaciones es un cáncer del sistema al que es difícil poner remedio, si no aumenta el nivel moral en la conciencia de los ciudadanos.

Los médicos de familia no pueden dedicarle a cada enfermo más que unos pocos minutos y pienso que, ante la duda de si está o no realmente enfermo el trabajador a quien atiende, opte por extender la baja, ya que negársela podría causarle más problemas. Las patologías que se alegan por estos enfermos además de las estacionales, gripes, alergias y resfriados, son los dolores que no resultan medibles o las afecciones psíquicas de estrés o de depresión, cuya subjetividad no las hace detectables por el facultativo.

Las bajas fraudulentas no solo perjudican a la Seguridad Social sino también a las empresas, ya que éstas vienen obligadas a seguir cotizando durante la situación de baja y a completar el salario, pues buena parte de los convenios colectivos incluyen esta garantía suplementaria de la prestación a cargo de la Seguridad Social.

El sector de funcionarios señalado como defraudador, quizás se deba a la estabilidad en el empleo, frente al resto de trabajadores, cuyas empresas tratan de no mantener en el trabajo a los falsos enfermos. Los trabajadores agrícolas, dado su ocupación estacional, tratan por todos los medios de conseguir bajas por incapacidad para seguir manteniendo unos ingresos. Este Régimen Agrario se presta a muchas anomalías, empezando por la inclusión en el mismo de muchas personas que no realizan trabajos agrícolas.

Otro aspecto interesante es la duración media de las bajas que ha descendido a 84 días mientras que en el año 2003 era nada menos que de 250. El monto económico de esta prestación a nivel nacional ascendió en el 2003 a 5.1124 millones de euros, que se redujo a 3.406 en el 2007. La reducción ha sido posible gracias a las Mutuas Patronales que fueron autorizadas a cubrir tanto las bajas por accidente de trabajo como por enfermedad común, a cambio de la fracción de cuota correspondiente a estas contingencias. Estas Mutuas han conseguido un mejor control del gasto mediante reconocimientos más exhaustivos y la inmediatez de programas de recuperación que en los Centros de Salud se demoran en exceso, alargando la situación de baja médica. Las empresas han optado masivamente por cubrir la enfermedad común con la Mutua que le cubría el riesgo de accidentes.

Es muy probable que si supiéramos que cualquiera de nuestros amigos roba a los vecinos o en los supermercados nos pareciera correcto acabar con la relación amistosa, pero si conocemos que defrauda a la Seguridad Social o a su empresa no mostramos ningún desacuerdo sino, como mucho, guardamos un comprensivo y cómplice silencio.

Para poder exigir nuestros derechos, sería necesario que aumentara nuestro nivel moral y condenáramos, sin contemplaciones, tanto las grandes corrupciones, como estos fraudes continuados. El dinero del estado o el de la Seguridad Social es el dinero de todos y lo común hay que cuidarlo con mucha más diligencia que lo particular.

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