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El octavo pecado

Daniel Sanabria
Daniel Sanabria
miércoles, 4 de junio de 2008, 07:33 h (CET)
Un golazo de Capdevila en el último minuto no cambió la idea que me rondaba por la cabeza mientras veía la segunda parte del España-Perú: “El martes escribo sobre la dejadez de la Selección”, pensaba para mis adentros. Por entonces el marcador iba empate a un gol y mi cabreo era idéntico al de los últimos años cuando España juega partidos amistosos.

Algunos me dirán que esta temporada España es campeona del mundo de amistosos, y sí, llevan razón, pero de amistosos contra selecciones grandes. Contra Italia, Francia, Argentina o Inglaterra es muy fácil motivarse, y todos quieren jugar, marcar goles y ganar. Cuando jugamos amistosos contra este tipo de equipos, como nunca les ganamos en los torneos, siempre queremos quedar por encima en los amistosos, como queriendo demostrar que España está a esa altura, a la de los grandes.

Y en estos rivales se produce el efecto contrario. Cuando juegan contra España no se motivan especialmente porque para ellos somos un equipo más, es decir, a Italia, Francia o Brasil les pasa con España lo que a España le ocurre con Suecia, Ucrania o Perú. Se aburren jugando estos partidos intrascendentes. Y a mí me cabrean. Los demás me dan un poco igual, pero España no.

No entenderé nunca por qué unos jugadores que están representando a su país no se dejan la piel sobre el campo durante 90 minutos, jueguen contra quien jueguen, sea el campeonato que sea, amistoso, torneo, llueva, haga sol o haga frío. Joder, que es una hora y media corriendo interrumpidamente, no los 42 kilómetros de un maratón. España el sábado se paseó durante los segundos cuarenta y cinco minutos en un partido a las puertas de la Eurocopa. Luego dicen que en este país no hay cultura de Selección...

El paseo fue bonito, agradable, tranquilo. Muchos ya conocían esos parajes, los que siempre vemos en estos partidos de plástico que a nadie le gusta jugar. O al menos a los españoles. Aún recuerdo el empate a cero en aquel amistoso en Islandia hace dos veranos. Qué forma de ningunear la camiseta de tu país. Vale que hace medio siglo que no ganamos ni el Trofeo del Mediterráneo, pero con partidos como el de Perú la mentalidad de equipo perdedor se hace más fuerte.

Ya hace tiempo que dejé de creerme lo de “jugar vistiendo la camiseta de tu país es lo más grande que te puede pasar como futbolista”. Es el típico tópico de los internacionales que debutan con España y que con el paso de los años termina por convertirse en la mentira más grande jamás contada. No sé cuál es la solución pero hay que replantearse estos partidos que los propios jugadores no quieren jugar. Así también los demás ahorramos cabreos y pilas del mando.

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