Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

En Paraguay, poder terrenal bajo el signo de Torquemada

Luis Agüero Wagner
Redacción
miércoles, 4 de junio de 2008, 07:33 h (CET)
Dijo Roa Bastos alguna vez que el infortunio se enamoró del Paraguay, sentencia que nuevamente parece confirmarse cuando los vientos oscurantistas se ciernen sobre la política de un país sumido en la ignorancia y el atraso. Queda en evidencia el hecho evidente que de la antigua afiliación a un partido fascista como filtro para acceder a alguna función pública en el Paraguay, se ha retrocedido a la exigencia de abrazar la Cruz de Torquemada.

Con frecuencia es recordado el episodio histórico que atañe a Enrique IV (1553-1610) de Navarra (su tierra natal), quien quiso ser rey de Francia, pero topó con el impedimento de que él no era católico. Entonces, pronunció su célebre frase: “París bien vale una misa”, indicando con ello que estaba dispuesto a convertirse al catolicismo para que le dejasen acceder al trono francés. Apenas dicho esto se cambió de fe, como quien consigue un registro de conducir en Paraguay, y se convirtió en Enrique IV de Francia.

Un caso paralelo y simultáneamente contrapuesto es el del obispo Fernando Lugo, quien ha demostrado que por jirones del poder político no sólo está dispuesto a renunciar a las misas, sino incluso a codearse con personeros de la misma Secta Moon, grupo de herejes con quien comparte abogados y publicistas y a quien obviamente está dispuesto a vender indulgencias apostólicas y romanas aunque le cueste un nuevo cisma. Después de todo, el mismo Teodosio I el grande sustituyó una religión oficial por otra por puro pragmatismo, salida tan antigua como la humanidad y fenómeno que se vuelve a producir hasta nuestros días cada vez que las circunstancias lo exigen.

Todo ello, la verdad sea dicha, sin dejar de valerse del prestigio ante las masas ignorantes conferido por su anterior investidura de jerarca católico, que en países como Paraguay equivale a ser algo así como un procónsul del último entre los imperios paganos de la profecía y la representación del reino terrenal. Para ubicarnos en el espacio-tiempo paraguayo debemos acotar que un conocido sacerdote, el padre Antonio Rubio, fue ojo de la tormenta en este país no hace mucho al descubrirse que malversaba el dinero proveniente de la venta de indulgencias a los miembros de la secta satánica que gobernaba hasta hace pocas semanas (el Partido Colorado) y que al parecer no recaudaba precisamente para destinarlo a erigir basílicas

Este tipo de actividades demoníacas de los embajadores de Dios ciertamente empezó a cuestionarse a partir de la Ilustración, cuando empezó a debatirse si era realmente adecuado que la iglesia se siente a la mesa del poder para influir moralmente (sólo por no mencionar otro tipo de influencias menos altruistas), cuestionamiento que derivó en ataques directos a la iglesia durante la revolución francesa. Para entonces, emperadores orientales y occidentales, reyes europeos de todas las épocas y lugares, habían consolidado al Papado como un poder temporal más y convertido en natural el maridaje entre el poder político y religión al punto que al cabo de tantos siglos separar ambos poderes desde la raíz se volvió tan dificultoso como dividir a dos siameses que comparten en corazón.

Con respecto a nuestro héroe el supremo Obispo de Paraguay, debemos sincerarnos que aunque la prensa que lo publicitó difundió la versión de que era un religioso rebelde, lo cierto es que apenas se conoció el resultado de los comicios recibió del Nuncio una lapicera áurea y bendecida para firmar decretos, obsequio del Papa por su triunfo, parte de un coqueteo automático con el poder de turno que la institución en cuestión acostumbra llevar a cabo por lo menos desde tiempos del emperador romano Constantino. Desde entonces hasta hoy, no ha habido un solo momento en que no se haya producido el idilio inmediato entre jerarcas religiosos y déspotas, aunque la mayoría de la gente pensante se avergüence cuando se señala la evidencia de que la misión del Reino de Dios del Evangelio se convirtió claramente en Reino de este mundo, con todos los atributos que conlleva el poder temporal y con todo el poder que conlleva manipular las conciencias de las personas y de los colectivos.

Jerarcas de la iglesia como el obispo Melanio Medina incluso aparecieron en propagandas de televisión instando a votar por el clérigo-presidente electo. Medina ya ha sido varias veces sujeto de polémica, dado que es normal verlo en las secciones políticas de los diarios como un tribuno más. Cuando la Comisión de Verdad y Justicia (CVJ) presidida por el mismo religioso -destinada a investigar a la dictadura aunque varios miembros de la jerarquía esclesiática estuvieron comprometidos con el dictador- acusó al dictador Alfredo Stroessner solamente por 60 casos de violaciones de derechos humanos “ocurridas durante su gobierno” su accionar generó serias dudas en investigadores de los archivos del terror. En efecto, el libelo acusatorio de la Comisión Verdad y Justicia, sólo hacía referencia a 60 casos, y por tanto eximía de responsabilidad penal al dictador Stroessner por al menos más de 7.000 casos de violación de derechos. Recuérdese que en el Archivo del Terror aludido existen más de 8.000 fichas de detenidos y varias toneladas de pruebas documentales que podrían haber respaldado un libelo acusatorio mucho más consistente

Otro indicio de que el conflicto entre el obispo Lugo y el Vaticano fue más bien un simulacro muy mal llevado lo dio el reciente nombramiento por parte del presidente electo de Paraguay, Fernando Lugo, del sacerdote Pablino Cáceres como director de la codiciada oficina de Acción Social, con rango de ministerio y jugoso presupuesto, para luchar contra la pobreza durante su gobierno. El religioso nominado para manejar los fondos sociales es un ex cura de la congregación Verbo Divino, a cuya sede suele concurrir para relajarse el obispo, y estuvo destinado en años anteriores en el departamento de Concepción, al norte de Asunción.

Consultado por el diario La Nación de la capital paraguaya sobre el supuesto conflicto planteado por Lugo al Vaticano, el religioso-funcionario público (Cáceres) respondió muy suelto de cuerpo que “el Vaticano no tiene otra salida más que acogerlo de vuelta siempre y cuando él lo solicite y que mejor para el Vaticano contar con un obispo que haya tenido la experiencia de haber sido el primer mandatario de un país, y así como ya ha roto esquemas implanteables hasta ahora con todo el proceso que él ha vivido, será otro hito importantísimo para dentro de la historia de la Iglesia”.

Dijo Roa Bastos alguna vez que el infortunio se enamoró del Paraguay, sentencia que nuevamente parece confirmarse cuando los vientos oscurantistas se ciernen sobre la política de un país sumido en la ignorancia y el atraso. Queda en evidencia el hecho que de la antigua afiliación a un partido fascista como filtro para acceder a alguna función pública en el Paraguay, se ha retrocedido a la exigencia de abrazar la Cruz de Torquemada.

Hace poco el filósofo, escritor y político francés Regis Debray señaló en un debate que muchos muertos en Irak y en Afganistán podrían haberse evitado si hubiera habido en la Casa Blanca un grupo de hombres y mujeres con una conciencia más libre de prejuicios religiosos arcaicos. Justamente en su pais, Francia, Regis Debray y el escritor Frederic Lenoir discuten sobre si el cristianismo necesariamente se hizo político o se puede retornar a un Evangelio sin relevancia pública institucional.

Ciertamente ello no sucederá mientras la libertad de conciencia de todas las personas (la cual incluye, como caso particular, la libertad religiosa), siga siendo un privilegio sólo para personas con creencias religiosas y mucho menos si entre éstas se vuelve a privilegiar a los católicos, como hoy sucede en Paraguay.

Noticias relacionadas

Inexorable Fin de la Farsa del “Sahara Occidental”

En 1975 un pueblo desarmado derrotó al último aliado de Hitler y Mussolini que seguía delirando tres décadas después de la disolución del Eje

Respeto a la Presidencia del Gobierno

'Avanzamos' como eslogan de bienvenida

Y vuelta a las andadas

Golpean el hierro en frío

La inclusión como camino: hacia una construcción de la “diversidad inteligente”

La fórmula debe ser la inclusión como camino del desarrollo

El acto de leer

Dignifica y al dignificar permite que las personas vuelen
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris