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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Tú, Tina, la madre, comadrona y musa de mis hijos de papel

Ángel Sáez
Ángel Sáez
miércoles, 4 de junio de 2008, 07:29 h (CET)
Mi vida:

Espero y deseo que, entre mis brazos, encuentres el remanso de paz que necesitas y, recíprocamente, que, entre los tuyos, el menda halle a la mejor mujer del universo mundo, a la madre, comadrona y musa de mis hijos de papel, presentes y futuros, a la esposa que preciso.

Yo también siento esa misma cercanía. A veces llego a pensar que es posible metamorfosearme en fibra de vidrio y viajar como el rayo hasta el otro extremo de la línea, tu teléfono, y, allí, volver a corporeizarme para abrazarte, besarte, acariciarte y mimarte con su(pre)mo arte.

Coincido contigo en que enojarse no es malo, si hay, al menos, una razón que cause dicha molestia o malestar; esto es, siempre que se cumpla a rajatabla esta conditio sine qua non, que sea con motivo, quiero decir, que haya un argumento de peso que suscite en nosotros un sentimiento (que no miento) de ira contra alguien, sea quien sea.

Tú siempre estás en mi pensamiento, Tina. Cuando no estás por esto, estás por eso o por aquello.

No te escribí lo de perdonar y perdonarte por amor al arte, no, sino por la misma razón por la que entiendo que es otro arte darse cuenta de que uno empieza a amar con más ganas (si cabe, de las habituales) cuando comienza a sentirse, a su vez, amado por el ser al que, amén de admirar, adora, reverencia, venera.

A mí me gustará todo lo que cocines y me ofrezcas. Espero que me perdones que te escriba y publique lo que ya sabes, que el mejor aperitivo, primer plato, segundo y postre siempre será tu presencia, cariño.

En nuestra casa (y fuera de ella) prometo ser tu amante exclusivo, íngrimo.

Celebro sobremanera que hayas conseguido elaborar la estrategia adecuada, apropiada, pintiparada, que, ante un nuevo revés existencial (sea del jaez que sea), permita que te recuperes ipso facto, en un pispás.

Ansía perderse entre los recovecos de tu salpimentada anatomía tu

Félix Unamuno.

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