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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Dictadura laicista

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
miércoles, 4 de junio de 2008, 09:13 h (CET)
Dios, en su sabiduría infinita, puso en el corazón y en la mente de la humanidad, la Ley natural, especificada más tarde en el Sinaí, con el Decálogo. Esta ley divina siempre ha estado en vigencia y por sí sola es suficiente para regular el comportamiento de todos.

Ahora bien, cuando se prescinde de Dios o se legisla “como si no existiese”, se impone el relativismo, carente de fundamento moral. Por sí mismo es cambiante y su fin es afianzarse en el poder sea como sea.

Un Estado ateo es una dictadura de los laicistas que gobiernan, que ponen o quitan las leyes a su conveniencia y por eso no están al servicio del hombre, sino al servicio de su poder, caiga quien caiga. Sólo el respeto y la obediencia a la Ley divina, hace a los hombres verdaderamente libres.

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