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'Hasta que la ley nos separe', de Peter Howitt

Almudena Muoz P rez
Redacción
miércoles, 27 de octubre de 2004, 21:12 h (CET)
Una curiosa paranoia se percibe en las entrevistas y promociones de las ltimas comedias rom nticas: engrosar el prestigio de la pelcula compar ndola con antiguos xitos cl sicos, algo que dej bastante fr os a los crticos con Crueldad intolerable, de los hermanos Coen, simp tico, pero desnatado, intento por resucitar el espritu de Hawks o Cukor.

No entiendo la necesidad de recurrir a las f rmulas de aquellos irrepetibles guiones, pero no por ello Hasta que la ley nos separe resulta ajena a nuestro tiempo. Por descontado, Brosnan y Moore no son Tracy y Hepburn, ni sus indirectas judiciales araan tanto como las peleas verbales que encumbraron a La costilla de Ad n. Sin embargo, no son detalles indispensables para llevar a buen puerto una comedia. La qumica que desprende la pareja en pantalla, obvia para el espectador, parece haber pasado completamente desapercibida para Howitt, que desaprovecha el paso firme de un gal n involuntario y una pecosa de enorme capacidad expresiva, regalndoles unos di logos endebles, pobres, de humor asptico.

Ya sabemos que en esto de enamorarse entre carcajadas est todo hecho. Y un hombre de atractiva madurez, seducido desde la primera vista en el juzgado, terminar consiguiendo lo que busca, al igual que una mujer de xito que slo pide, como todas, que la quieran. Entre ese principio y final que no nos importa haber odo ya, apenas tienen cabida un par de pretensiones incisivas y el aleteo de la secundaria de turno, esta vez la madre / suegra (Frances Fisher), quien, sin caer ni bien ni mal, ni alegra ni amarga la vida a los protagonistas.

En este ejercicio legalmente c mico, que ni defiende el matrimonio ni acusa al divorcio, el anlisis de las leyes de la atracci n resulta tan poco inteligente como un trabajo de escolar: parece ms bien el tira y afloja entre el brillo inutilizado de los letrados y un romance sin reproches ni sorpresas, s lo con el agridulce sabor de saber que has hecho sin querer lo que en verdad anhelabas; una simple contradiccin entre el experto en separaciones que aboga por la vida de casados.

Quiz es que ya no se puede pisar un vestido como a la Hepburn, hacer del galn un payaso como Grant y reunir un plantel de secundarios con algo m s de sesera sin provocar las risas despectivas del pblico. El resultado es un producto para fashion victims que esperan la presencia de la finura, incluso en las antiest ticas salas del Tribunal.

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