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Canal 9, el cortijo popular

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 2 de junio de 2008, 05:05 h (CET)
La mayoría de los valencianos nos alegramos cuando bajo el mandato de Joan Lerma se acordó la creación de una televisión pública y en valenciano. Pensamos que su existencia ampliaría el uso del valenciano de una punta a otra del país y que sería un buen altavoz para expandir a los cuatro puntos cardinales todas aquellas noticias que pudieran ser de interés para los valencianos. Los primeros tiempos fueron buenos, la primera película que vimos doblada a nuestra particular forma de hablar el catalán fue la mítica “Casablanca” donde Ovidi Montllor era la voz del conocido pianista Sam, pero muy pronto vimos cómo nuestro gozo caía en un pozo sin fondo del que ya ha sido imposible salir. Con los socialistas en el poder y Amadeu Fabregat, con falsa vitola de intelectual y nacionalista, de director del ente, Canal 9 comenzó a tomar una deriva extraña y se inició una caza de brujas con la creación de una lista de palabras censuradas o la prohibición de criticar a determinado personajillo del mundo de la “cançó”, como me sucedió personalmente durante una intervención en un programa dirigido por Inés Ballester en el que se volvía la vista atrás para recordar tiempos pasados, que nunca mejores.

El castellano comenzó a tomar la plaza desplazando a la lengua autóctona del país, y en un programa, que por cierto todavía se hacía en valenciano, a una periodista catalana se le “aconsejó” expresarse en castellano todo ello para evitar que el personal viera que la desunión de la lengua era tan sólo una maniobra del poder establecido con el fin de muñir votos. Eso si, a Canal 9 le cabe el alto honor de ser el creador de “Tómbola”, que tanto rendimiento y share le dio, padre, madre y abuelo de todos los programas exhibidores de vísceras que después han sido.

Y cuando creíamos que las cosas no podían ir a peor llegaron las gaviotas populares y anidaron para largo tiempo en la parrilla de programación de la televisión autonómica valenciana convirtiendo las instalaciones de Burjassot en su cortijo particular. Con el advenimiento primero de Zaplana y después de Camps al poder la televisión autonómica que pagamos todos los valencianos se ha convertido en el altavoz propagandístico del Partido Popular, en un gran aparato de agitación y propaganda. Con dinero público se ha creado un “fondo de reptiles” que ha servido y sirve para pagar paniaguados plumillas que cada día alquilan su péndola al servicio de su amo y señor, muchas veces llegan desde Madrid para ensalzar al cortijero y llevarse la pasta gansa después de cada programa mientras los buenos profesionales, que los hay, en la plantilla de la casa son defenestrados y dedicados a hacer “pasillo” por ser unos “niños díscolos” con el que manda.

La lengua del país ha sido desterrada de la parilla y sólo ha encontrado refugio en el minoritario segundo canal, desde cualquier programa se jalean las iniciativas del PP e incluso se invita a los actos que los “populares” programan y en los informativos se silencia a la oposición mientras se ensalza al gobierno de la Generalitat en manos de Camps y sus amigos, una camarilla que tiene copados todos los puestos y que, a veces, incluso de manera antidemocrática se permite no dejar ni tan sólo un resquicio a la protesta ciudadana como hicieron el otro día ocupando en el hemiciclo de las Corts los asientos destinados al público que acude a presenciar en directo las sesiones parlamentarias.

Se iba a hablar de Canal 9 y un grupo de ciudadanos entre los que había artistas, periodistas y profesores universitarios entre otras profesiones decidió acudir a las Corts para presenciar “in situ” el debate parlamentario desde las alturas del hemiciclo, un lugar que habitualmente está desierto dado el aburrimiento que, generalmente, producen los políticos valencianos. Pero aquel día los asientos destinados al público fueron calentados por las posaderas de más de 40 cargos públicos de la Generalitat a los que Francisco Camps ordenó dejar el trabajo y acudir a las Corts para que le sirvieran de corifeos al tiempo que impedían con su presencia que unos ciudadanos críticos con el poder le aguaran la fiesta al President Camps mientras se dedicaba a cantar las excelencias de un país cada día más vendido a los organizadores de grandes eventos como la Formula-1 o la America’s Cup y más alejado del común de los ciudadanos y con una televisión pública endeudada en más de 1.200 millones de euros, en la que la lengua del país es pura anécdota y en donde el capricho del dedo que manda va colocando amigos, saludados y conocidos mientras cada día se compran más programas de producción externa a productoras que alguien conocerá y el share cae en profundo picado. Pero de todo esto ni se habló ni se hablará en los informativos de Canal-9, los periodistas que los hacen y dirigen viven, inmersos en la burbuja “popular”, en un mundo diferente al de una gran parte de los valencianos.

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