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Hasta siempre, Ochoa de Olza

Benjamín Muñoz Alonso
Redacción
sábado, 31 de mayo de 2008, 22:00 h (CET)
El cielo otorgaba una breve tregua, dejando pasar entre sus densas nubes algunas diminutos rayos de sol. En aquel paraje, apenas unas horas y en ocasiones minutos suelen ser suficientes para poner todo patas arriba. La fortaleza humana vence sus propios límites allí. Los Himalayas son además del techo del mundo, la casa donde habita el K2, la montaña maldita.

A las 17:30, hora local en Nepal, fallecía el pasado 23 de mayo de 2008, Iñaki Ochoa de Olza, alpinista navarro que tras cinco días a 7400 metros, con un edema pulmonar y otro cerebral, no pudo resistir más, aunque a esas alturas ya había superado el límite que muchos humanos nunca alcanzarán.

Hablar de montañismo, es hablar de una búsqueda continua. Aunque cada ser humano tiene sus razones para subir montañas, la que suele aunar a todos bajo una misma bandera es la superación, la batalla sin descanso por llegar a entendernos un poco mejor.

No hay palabras para describir lo que significa llegar arriba, aunque aún menos para explicar lo que uno siente en cada paso. Esa sensación de enfrentarte contigo mismo en cada zancada, en cada esfuerzo, en cada gota de sudor derramada.

Ochoa de Olza descansa en el lugar donde él ya supiera, en el momento de poner un pie en el campo base, que podría ser su final. Uno sabe que allí arriba cualquier momento puede ser el último, y la razón es que, no depende de ti, depende de la montaña. En tu mano está no cometer errores, y eso, nunca es garantía.

Lo ocurrido en el K2 no más que la consecuencia de exponerse a altitudes extremas durante demasiado tiempo. El cuerpo humano, una vez rebasa los ocho mil metros, tiene aproximadamente entre 24 y 48 horas para ascender a la cima y bajar al menos a 7500 metros. De lo contrario, el cuerpo comienza a reaccionar de forma extraña. Nauseas, mareos, perdidas de conciencia, que inevitablemente llevan a edemas o trombosis, dando por descontado las enormes posibilidades de sufrir congelaciones.

Ochoa de Olza se expuso a estas condiciones, y si a ocho mil metros tienes 24 horas, a 7400, por supuesto que no cuentas con cinco días. Valiente como ninguno, aguantó hasta el final, y demostró una vez más que el amor por esos lugares no entiende de razones.

El K2 es conocida como la montaña más compleja del mundo. Se trata de la segunda cima más alta del mundo, y en ella se han registrado historias inolvidables como la del italiano Walter Bonatti, o los intentos de Luis Amadeo de Saboya, el Duque de los Abruzos.

Gran parte de los que en alguna medida están relacionados con la montaña se han sorprendido por la inminente respuesta de los mejores escaladores del mundo, que se pusieron en marcha para salvar la vida de Ocho de Olza. Aunque no lograsen su cometido, se ha dado una pequeña muestra de que aún queda compañerismo en las montañas, algo sin lo que ninguno de los que sube podría llegar a bajar.
Si la muerte de este montañero sirve para cambiar algo en la mentalidad actual de los montañeros, quizá no todo esté perdido todavía.

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