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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Un político brasileño contra el neonato

Josefa Romo (Valladolid)
Redacción
lunes, 2 de junio de 2008, 05:15 h (CET)
Me entero: En Brasil, "el ministro relator (miembro del tribunal a cargo del tema) Carlos Ayres de Britto desea inaugurar una nueva jurisprudencia según la cual, la Constitución defendería la vida como derecho sólo después del nacimiento". ¡Para temblar con esta cultura de la muerte que, desde el poder, pretende acabar con la vida de tantos! ¿Quién da derecho a alguien a disponer de la vida ajena? Ni siquiera tenemos derecho a disponer de la propia y sí el deber de protegerla. Verdadera locura y verdadero genocidio que se sigue de la instauración de unas leyes inicuas que pretenden usurpar el puesto a Dios, autor de la vida y de la muerte. ¿Legislarán como si Dios Padre de todos y justo juez no existiera o no le importaran los hombres? Así es, si salen adelante con sus perversos propósitos. Aunque la gente lo aceptara, cosa que no ocurre en Brasil (más del 80% de la población no quiere el aborto) no tendría justificación la matanza de niños en el vientre que debe protegerlos. Cuando el hermano fuerte humilla o maltrata al débil, el padre que sabe ser padre, ¿no enseñará a su hijo sin blandenguerías cómo hay que tratar al hermano más débil? ¿Creemos que Dios no es "Padre amoroso del pobre" (el más pobre es el no nacido, como decía la Madre Teresa de Calcuta) o que no es justo y dejará impune la injusticia del aborto? Se ve que ciertos gobernantes no tienen corazón de padre o sólo se interesan por el dinero que reparten los adinerados de la ONU entre los políticos que propagan la cultura de la muerte. ¡Un mundo podrido como resultado de políticos sin formación humana y corrompidos por la carroña del dinero! A Dios no se le pasará por alto.

Recuero la entrevista que le hicieron a la esposa de un político español que promovió el divorcio y enfermó luego de cáncer. Decía ella que su esposo exclamaba en medio de sus grandes padecimientos: "Dios mío, si he hecho algo malo, perdóname". Dios perdona la culpa a quien se arrepiente con sinceridad; pero la pena hay que pagarla en esta vida o en la otra, o en ambas. Como nos decía una profesora de mi Colegio: te perdono; pero tienes que cumplir el castigo. ¿Y si no tienen fe? Peor: entonces tampoco tienen esperanza y la desesperación les ahogará, también en este mundo, en el vacío de sus vidas.

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