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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Los impuestos sobre el crudo, ¡un robo a mano armada!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 1 de junio de 2008, 05:24 h (CET)
Estos días estamos viendo como se va produciendo una de las consecuencias que se veían venir como resultado de la desorbitada crecida del precio de los combustibles. No nos debería de extrañar que los pescadores, los transportistas, taxistas y todos aquellos que precisan de combustible para sus herramientas de trabajo, eleven el grito al cielo ante la insensibilidad del Gobierno frente a sus problemas. Es muy cómodo para el partido del gobierno, el PSOE, refugiarse en que lo de la crisis económica es algo que afecta a toda Europa y, también es muy conveniente, escudarse en Bruselas para continuar insistiendo en mantener los tributos en cotas altas a pesar de que ello ayude a machacar las economías de los particulares y ponga en peligro los negocios de muchos empleados autónomos que precisan del combustible a precios asequibles para poder subsistir.

Lo que es vergonzoso es que nos deba venir de Francia, precisamente del señor Sarkozy, la única voz que ha puesto un poco de sensatez en este inmenso desbarajuste originado, de una parte, por la crisis de las sub prime y, de otra, por el encarecimiento del combustible que ha conseguido que, unos pocos ( paises árabes, Venezuela y otros productores de crudo), hayan puesto en un brete a toda Europa y a los mismos EE.UU. Sin embargo vean ustedes por donde, el señor Sarkozy, ha dado con el meollo de la cuestión al decir que “si los combustibles siguen aumentando será preciso que los gobiernos se conformen con recaudar menos por IVA”. Un tema que requiere que reflexionemos sobre ello.

En primer lugar hay que reconocer que no toda la culpa de lo que nos está ocurriendo ahora con los precios del crudo, es de la OPEP. Debemos reconocer la falta de perspicacia de la UE. En 1999 los precios de los carburantes llegaron a sus niveles más bajos, tanto que, según un artículo muy bien documentado aparecido en Terra, se podía esperar que se iba a producir una reacción en los países productores. Hubiera sido sensato aprovechar la ocasión para negociar con la OPEP para llegar a un acuerdo razonable, conviniendo unos precios estabilizados, de alrededor de los 18/20 dólares barril, que se fueran adaptando (de conformidad con los sucesivos incrementos de coste de vida) con lo cual se les hubiera garantizado a los países productores unos ingresos más o menos constantes. No estuvieron a la altura de las circunstancias y ahora padecemos las consecuencias.

Pero, si bien los precios de los combustibles han subido en su origen, no nos debemos olvidar de que los estados, en su insaciable afán recaudatorio, han contribuido y siguen contribuyendo a que el incremento resulte muchos más oneroso para los consumidores, al aplicar, sobre el precio de compra, toda una serie de gravámenes adicionales que, a mi modesto entender, constituyen la base de la argumentación del señor Sarkozy. En efecto, según se desprende del estudio al que me he referido, el incremento sobre el precio de compra de la gasolina normal puede llegar a ser del 233%; sobre la gasolina super del 145% y sobre el gasóleo de un 200%. De ahí que se comprenda que a más precio base los impuestos continúan una escalada muy provechosa para las arcas del Estado pero verdaderamente ruinosa para los ciudadanos consumidores.

Siguiendo la idea del señor Sarkozy, lo que sería deseable que se hiciera es que, teniendo en cuenta que estamos pasando por un periodo de crisis y que, de refilón, coincide con la debilidad del dólar; un aumento de la presión del precio del petróleo no supusiera un aumento de los impuestos que lo gravan. Parecería bastante lógico que el Estado contribuyera a paliar el encarecimiento reduciendo la presión fiscal que actualmente soportan los combustibles para así aliviar a los consumidores. El poner un tope al IV que grava el combustible, de modo que un mayor precio de compra no significara un aumento de impuestos no hay duda que paliaría los efectos negativos del alza, tanto para particulares como para profesionales. El efecto sería una reactivación de ciertas actividades industriales que, en estos momentos, están padeciendo los efectos desorbitados de los precios del crudo, que las han convertido en algo ruinoso e imposible de mantener.

Le debemos recordar al señor ZP y a su ejecutivo, que lo que no se puede hacer es pretender recaudar por encima de todo. Es obvio, que lo primero a lo que se debe atender es a salvar la economía del país, a defender los puestos de trabajo y a favorecer a los pequeños empresarios. No se puede despilfarrar el dinero subvencionando a autonomías ricas, que despilfarran el dinero en favorecer la lengua vernácula, o en crear delegaciones en el extranjero y, por el contrario, abandonar a su suerte sin proporcionarles las ayudas precisas a quienes, con tanta razón, reclaman ser atendidos. Muchas veces los ciudadanos nos hemos preguntado ¿qué se hace con nuestros impuestos? Me temo que la respuesta está clara: utilizarlos para favorecer los intereses del gobierno; subvencionar a los que saben que los van a votar; manteniendo al gremio de funcionarios, cada vez en aumento, para cubrir las plazas del gobierno central y las autonomías, sin que parezca que esta duplicidad de funciones haya representado ningún ahorro en los gastos del personal público. Se calcula que, en España, tenemos más de 150.000 funcionarios que están sobrando y que, sin embargo, continúan viviendo a costa de nuestras aportaciones al Erario Público. ¡Increíble pero verdad!

Mejor que pagar subsidios de desempleo es ayudar a los que trabajan para que puedan seguir haciéndolo, se evita el paro y se mantienen la cotizaciones a la Seguridad Social; mejor que repartir limosnas y prebendas a los indigentes es darles trabajo y que contribuyan con su esfuerzo a la economía del país; mejor que apoyar a aquellos que prefieren vivir del cuento, a los antisistema, a los colectivos de gays y lesbianas y a los de la Alianza de Civilizaciones, es dedicar los recursos a acciones, como la que propone el señor Sarkozy, que tienen un efecto inmediato y positivo sobre toda la ciudadanía. Pero en España ni Solbes ni Zapatero están por esta labor, empeñados en convertirnos en un país pobre que esté situado a la cola de los europeos, condenado a vivir de las migajas que quieran dejarnos los poderosos. Lo dije, cuando salió elegido otra vez el señor ZP, España, si Dios no lo remedia, está condenada al fracaso.

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