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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

Si no se queja... ¿de qué se queja?

Paco Milla
Paco Milla
sábado, 31 de mayo de 2008, 06:42 h (CET)
“Tarzanes hinchables”. Así, es como he decidido llamarles, tras una larga reunión conmigo mismo, tras una enorme mesa, en la que me planteé una “lluvia de ideas” (muy de moda en las grandes empresas) y claro, como estaba yo solo… lo sugerí, me pareció bien e inmediatamente lo aprobé.

Me refiero a quienes en la barra del bar, comunión del sobrino o tarde de merendero, narran el alta voz, de forma espontánea y sin que nadie se lo haya pedido, sus famosísimos y efectivos al 100% recursos a multas, sus duelos a muerte con sus jefes, (humillación incluida de los barandas), como pusieron en su sitio al que les vendió el piso, haciendo que este transfiriera al precio que ellos quisieron, de que forma acojonaron “de por vida” al municipal que les robo 90 “leuritos”, como asombraron a sus cuñados la última nochevieja, dando fe de una finísima inteligencia y un arrojo extraordinario al ofrecerse voluntarios a abrir el champagne, la maestría conduciendo al llegar en tres horas a Madrid, como sedujeron a la azafata de aquel vuelo en el viaje de novios y como ésta tuvo 750 orgasmos en el lavabo, desde Madrid a Navalcarnero (hubo que aterrizar porque, sufrió un sincope (la azafata claro).

Asco dais, que decía aquel.

Me imagino que cuando os quitan el tapón del culo, quedáis esmirriados por una simple pedorreta, eso si, muy larga.

Y miren que me esfuerzo en escribir de forma tranquila y sosegada, pero si en su momento titulé el blog “vómitos” ya entenderán que así ha de ser.

Todo lo que hagas en la vida, irá bien, si al menos tu, te lo crees, si lo haces de verdad , escenificándolo de forma sincera y por tanto creíble, también para los demás y si no va bien, al menos dormirás tranquilo y tu conciencia te arrullará y susurrará nanas al oído, como prueba de buena sintonía.

Quizás, lo que realmente necesitamos es cambiar el chip y guardar esa energía, para soltarla, donde hay que hacerlo, para rellenar hojas de reclamaciones en el restaurante de turno, para presentarnos en los colegios de nuestros hijos y exponer y que nos expongan, para entrevistarnos con nuestro jefe y aclarar de forma clara y concisa, que estamos dispuestos a aportar a la empresa y que sueldo queremos a cambio, para recurrir las multas injustas , en la que los agentes salen claramente a robar (por orden de sus superiores), en ir a Hacienda y decirles que si hemos de tributar por becas y ayudas a la vivienda ¿entonces porque le llaman ayudas?, en ir a ver a nuestro alcalde, concejal de ramo o delegado de barrio, de vez en cuando

y pedirle explicaciones, en exigir a nuestro mecánico la pieza sustituida o permanecer en el taller durante la reparación, en cambiar de compañía aseguradora cuando nos demos cuenta, que nos están “tangando”, en visitar al director de nuestro banco que nos “succiona” 80 euros al año en concepto de… “comisiones de difícil justificación”, en pedir explicaciones a nuestro servidor de Internet o telefonía, cuando el servicio es “full de vaca”, en fin y resumiendo: en quejarnos (dejando constancia escrita) todas y cada una de las veces en las que nos sentimos estafados. TODAS.

Porque si usted no lo hace, está colaborando a que esto no cambie y todo siga igual. Si un banco estafa a un millón de clientes y se quejan 500, al año siguiente volverá a hacerlo, porque les habrá resultado un negocio exitoso en grado sumo. Solo habrán dejado de ganar (que no perdido) aquello que tuvieron que devolver a los 500 asquerosos, tacaños, racanos y rebeldes que reclamaron.

Quejémonos en fin, EN EL SITIO ADECUADO y con educación, pero eso si, si en alguna ocasión usted piensa que, llegado un punto, debe echar espuma por la boca y levantar el tono de su voz, hágalo sin ningún tipo de problema, agarrese a su auto-estima y ladre, PERO DONDE HAY QUE HACERLO y la barra de un bar no es el sitio. Seguro, seguro.

Por tanto solo le quedan dos opciones: o se compra vaselina y pasa de mirar los cobros en la cartilla o empieza a pedir explicaciones.

Pero no olvide esto: si usted no se queja nunca, de nada y por nada, esperando que los demás resuelvan su problema, entonces…¿de que coño se queja? Pues eso.

(No recomendable leer, pues es y huele a vomito de sólidos productos, no triturados).

Dedico este artículo con todo mi “cariño y aprecio ”, a las 15 personas ( tenía el numero 16) que la semana pasada en las oficinas de “Telequeibol” o "Tele-cortes-continuos" asentían sonrientemente a las palabras de aquel “alto” directivo de la empresa, cuando tras haber ido a quejarnos a sus oficinas, nos explicó que estaban obligados a efectuar 10 cortes mañaneros de 8 a 3 (sin plazo definido) con el fin de “mejorar el servicio” a aquellos clientes que se conectaban en horarios de tarde y noche.

Cuando todos marchaban dóciles y satisfechos, se escuchó una voz que dijo: yo quiero presentar una reclamación, para que este mes, se me cobre una cuota ridícula, por un servicio ridículo y de aquí no marcho hasta solucionar esto.

Se hizo un silencio y alguien exclamó:¡ por favor, no faltaba mas, póngase en esta mesa y atenderemos su reclamación de forma inmediata!

La pregunta del millón es: ¿porque motivo, solidaria, sindicalista, “compañerista”, corporativista y adhesionista-mente, se colocaron quince personas QUE YA MARCHABAN A CASA, satisfechas con la explicación del vendedor de humo de marras, en la cola de la famosa mesa de reclamaciones? ¿No habría sido mejor mostrarnos firmes los 16? Ah… cosas de la vida.

Pero aquel sitio, NO ERA la barra de un bar.

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