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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Te aseguro que no estás sola, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
sábado, 31 de mayo de 2008, 06:42 h (CET)
“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. Benjamin Franklin


Mi vida:

Puedo asegurarte que no estás sola, Tina, y, asimismo, que no te dejaré nunca abandonada a tu suerte (en la estacada), arrumbada, tirada.

Insisto en la proverbial idea de que las prisas nunca fueron buenas asesoras. Ve con calma; da los pasos precisos con más aplomo y serenidad.

Un día te dije o escribí que, salvando las apodícticas y ciclópeas distancias, o sea, mutatis mutandis, éramos, como Gala y Dalí (en unos aspectos; en otros, evidentemente, no; en el terreno amoroso, verbigracia, de ninguno de los modos; yo no disfrutaría una pizca con el ¿morboso “candaulismo”? –al contrario, montaría en cólera-, viendo cómo fornica(ba)s con otros). Cada día hallo más concomitancias. Salvador Dalí, el genial pintor surrealista, empezó a ser Dalí (acaso también Ávida Dollars, anagrama peyorativo, sin duda) cuando conoció a Gala, Helena Dmitrievna Deluvina Diakonova, su agente, la intermediaria entre el artista y el mundo. Amén de ser más de diez años mayor que el irrepetible ampurdanés, a Gala también le practicaron una histerectomía.

Gracias por el obsequio. Me ha gustado un montón. Eso sí, habría que igualar el texto. Conforme vayas aprendiendo, me vas enseñando. Tú, propón, que eres la que sabes, y luego, cuando el menda haya asimilado lo imprescindible, lo precipuo, ya decidiremos mancomunadamente. ¿Te parece? Pues, ¡adelante!

No te recomiendo ni digo que dejes de trabajar (ya conoces el paremia que predica que “el ojo del amo engorda el caballo/ganado”), pero sería bueno que fueras delegando responsabilidades, tareas.

Si quieres verme (son)reír felizmente, procura no echarme nunca de tu lado. Tú eres la razón de mi alegría, dicha, hilaridad y optimismo palingenésico.

Qué ganas tengo de escuchar preguntarme, en tu presencia, lo que sigue: “Félix, ¿vamos a la cama (primero, a hacer lo que nos concierne y conviene al caso; y luego, a “mimir” –dormir-)?”. Los ojos se me ponen como platos, en blanco; se me hacen chiribitas (y eso sólo con pensarlo; así que, ¿qué será hacerlo?; la repanocha, vaticino –seguro de acertar de lleno en el blanco o centro de la diana-). A mí también me urge abrazarte, acariciarte, besarte...

Sabes que estoy y estaré siempre contigo (en los momentos divinos, platónicos, y en los difíciles, arduos).

Te ama con toda su alma quien hoy recuerda con pasión cuatro versos (“Y sé que en nuestras vidas se produjo / el milagro inefable del reflejo... / En el silencio de la noche mi alma / llega a la tuya como un gran espejo”) de la poet(is)a (cuyo poema titulado “Íntima” le recomendaste leer y saboreó con fruición) uruguaya Delmira Agustini, tu

Félix Unamuno.

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