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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¡Antes de que ataquen, llevadles la Paz! (I)

José Vicente Cobo
Vida Universal
viernes, 30 de mayo de 2008, 03:14 h (CET)
El día 29 de Mayo se celebra el “Día internacional del personal de paz de las Naciones Unidas”, motivo que no deja de ser curioso porque si existe personal de paz, es porque también existe personal de guerra. ¡Y cuan acostumbrado está el ser humano a que haya guerras y qué poco extraña ya a nadie después de miles de años de enfrentamientos entre unos y otros, el hecho de que personas mueran a manos de otras personas por defendernos o por conservar nuestros tesoros que no queremos compartir con nadie!

En muchas ocasiones se achacan a Dios los resultados desastrosos de una guerra, quien supuestamente ha permitido miles de muertos en el campo de batalla, infinito sufrimiento y desgracias por doquier, máxime cuando a través de las correspondientes misas y bendiciones se bendijeron tanques, cañones y todo tipo de armamento que debían llevar a unos y otros a la victoria.

Seguramente ese Dios de la guerra que bendice el armamento de destrucción y muerte de unos, también habrá bendecido los del otro bando con el fin de hacerles también vencedores, como si el verdadero Dios tuviera favoritos. ¿Pero está o ha estado alguna vez Dios a favor de la guerra? La respuesta es no, ¿entonces quien ha hecho del buen Dios, que es el Padre de todos, un dios de la guerra, iracundo, vengativo y colérico?

En el catecismo católico se puede leer: «La fabricación y el tráfico de armamento conciernen al bien común de las naciones y de la comunidad internacional. Por este motivo, el Estado tiene el derecho y el deber de regularlas por medio de la legislación». Sin embargo Jesús de Nazaret, el maestro del pacifismo, dijo palabras claras y sencillas como: “Amad a vuestros enemigos y haced el bien a aquellos que os odian”, o “Envaina tu espada, pues quien mate por la espada, perecerá por la espada”. Con estas palabras ya Jesús dejó claro que tampoco es correcto defenderse, sin embargo las Iglesias admiten que está permitido matar en caso de defensa propia, incluso hablan y defienden las guerras santas como algo justificado.

No deja de ser terrible lo que las Iglesias han hecho con las enseñanzas de Jesús y de los grandes Profetas. Por ejemplo Dios a través de Isaías dijo: “«Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda». (Isaías 1, 15-17)

Hace ya 2700 años que el Profeta Isaías dijo estas palabras, tiempo suficiente para que en la Tierra se hubiera producido un cambio considerable entre las personas. No obstante hoy día vuelve a hablar nuevamente un profeta de Dios a los hombres, se trata de Gabriele, la profeta y mensajera de Dios para la actualidad; de ella escuchamos:

“Dios no quería ni quiere la muerte de animales, ni de personas. Jesús era un hombre del pueblo que amaba a los animales, un hombre del pueblo que estaba por las personas. Pero ¿está la Iglesia a favor de los animales?, ¿está la Iglesia a favor de las personas cuando habla de guerra justa? Muchos responden: Sí, muchas personas se han vuelto tan agresivas que hay que usar las armas.

Recordemos cuando en el pasado los miembros de la casta sacerdotal exigían la muerte, la muerte de animales, la muerte de personas. Ellos nunca escucharon a los profetas.

Ahora se dice que las personas están tan agresivas, que una guerra justa es algo justificado, pero no tendría que haber realizado ya la humanidad la palabra de la Biblia desde la época de Moisés, a más tardar desde la época de Jesús, que dice «Ama a tus enemigos».

Antes de que otro país se convierta en enemigo, llevadle la paz. Antes de que otro país ataque, que un país cristiano le tienda la mano y hayan conversaciones que reconcilien y ayuden. ¿Pues quien desea acaso que entren en su casa (país) y le roben los tesoros, como lo ha hecho por ejemplo la Iglesia católica?”

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