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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Las tribulaciones de Esperanza Aguirre

Mario López (Madrid)
Mario López
martes, 27 de mayo de 2008, 04:51 h (CET)
La condesa consorte de Murillo, Grande de España y señora de Ramírez de Haro, doña Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, paseaba el otro día por los salones de su residencia madrileña, el palacio de Jesús del Valle, atribulada por los más negros presagios. No podía comprender cómo una señora de su abolengo había quedado postergada a la miserable condición de presidenta de la Comunidad de Madrid, mientras otros pelanas ostentaban cargos a todas luces superlativos para sus plebeyas condiciones. Y en ese lamentable estado de cosas, al padre de todos los conservadores, el dueño de la patente de marca PP y presidente honorario de la misma, el ex ministro de Franco, don Manuel Fraga Iribarne, va y no se le ocurre nada mejor que llamarla al orden, como a una jovencita casadera que hubiera cometido una impertinencia atroz en vísperas de contraer nupcias con el señoritingo de turno. "¡Ooj, qué tirria!" Se dijo para sus adentros, sin reparar en Alvarito que andaba a sus faldas zalamero y zascandil, mendigándole mil eurillos para salir de marcha con sus coleguitas. "Anda, mamurri. Enróllate". Repetía él en monótona cadencia. "¡Que te calles, coño! ¿No ves que estoy pensando?"

Y pensando, pensando, dio la Grande con la solución a sus cuitas "¡Ya está. Pepiño!" Y cogió el Iphone y llamó a José Blanco para preguntarle cómo se montan unas primarias. Tras unas dos horas de conversación telefónica –que a Alvarito se le antojaron siglos de privación infinita- recabó toda la información necesaria para llevar a cabo su ambicioso proyecto. Poseída de la más elocuente euforia, abrazó amorosamente a su joven vástago. "¡Toma, mi amor. Para que te lo pases de rechupete!" Y le soltó cuatro Bin Laden.

Qué triste y traicionera es la fortuna, a veces. Cuando todo parece ya arreglado, va la de San Gil y con Ortega Lara abandona el partido, mientras Rajoy anuncia su apuesta por el alcalde Gallardón –que tiene mucha ilustración-. Así que la una abre el coladero para el abandono masivo de sus adeptos y sus enemigos se consolidan en los puestos de importancia. Esto es el acabose. Menos mal que su esposo tiene tierras y ganado para montar toda una República y, quién sabe, igual es el momento de construir el partido Liberal de sus amores. Y doña Esperanza está muy ducha en eso de hacer de la necesidad virtud. Así que al loro, que diría el presidente del Barça don Joan Laporta.

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