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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

No hay escapatoria

Fernando Martín Huesca
Redacción
martes, 27 de mayo de 2008, 04:51 h (CET)
Cuando hace décadas el sueldo de un trabajador era suficiente para mantener una familia, las economías familiares no estaban para lujos, pero se podía ir saliendo adelante y tener unas perspectivas de futuro, aunque siempre con una marcada diferencia de clases sociales.

Años más tarde, la incorporación de la mujer al mundo laboral hizo que las familias comenzaran a tener unos mayores niveles de renta, por lo que pronto hubo de corregirse dicha situación y los sueldos de tod@s dejaron de incrementarse en la proporción de años anteriores. La consecuencia fue la desaparición de la imagen del "cabeza de familia": un único sueldo dejó de ser suficiente para el sustento de una familia. Pero la sociedad siguió "evolucionando", y en los años posteriores las mujeres no solo se incorporaban al mundo laboral, si no que además lo hacían con formación superior: en las familias en las que ambos tuviesen una formación media-alta, su nivel de renta les permitiría acceder a niveles sociales superiores. Obviamente había que hacer algo para seguir manteniendo un "equilibrio" entre las clases sociales, y por eso se creó la "burbuja inmobiliaria", para que uno de los dos sueldos se dedicara íntegra y permanentemente al pago de la vivienda: una generación entera dejaría de poner en peligro la estabilidad del sistema de clases. Pero una vez que la burbuja inmobiliaria ya no dio más de sí y las aguas comenzaron a volver a su cauce, había que hacer algo para que la generación posterior tampoco pudiera desbancarse económicamente, y por ello se crearon la "crisis alimentaria" y la "crisis energética", las cuales se pueden englobar en una sola "crisis de recursos". Unos precios desorbitados en bienes básicos de subsistencia como son los alimentos y ciertas materias primas nos asegurarán, al menos, otra década de marcada estructura social piramidal.

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