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25 de mayo de 1938: La tragedia olvidada

Josep Esteve Rico
Josep Esteve Rico
lunes, 26 de mayo de 2008, 02:26 h (CET)
Este domingo, 25 de mayo, se cumple el 70 aniversario del bombardeo efectuado por la aviación italo-germana al servicio del Ejército franquista sobre el Mercado Central de Abastos de Alicante y calles adyacentes. Este bombardeo a la capital provincial alicantina, aunque no fue el único, ya que hubieron varios antes, especialmente en 1936, sí que resultó de todos ellos, el más cruento y grave. Sumamente trágico, por sus numerosos muertos y heridos, que superaron la cifra de 400 afectados, siendo unas 334 las personas fallecidas.

Sin embargo, es poco conocido e insuficiente y mal recordado oficial e institucionalmente por la autoridad municipal que a regañadientes accedió a poner una placa conmemorativa en la plaza del Mercado tras reiteradas peticiones de los colectivos de la Memoria Histórica. Una pobre y corta inscripción, limitada, insuficiente y escasamente explicativa, que incluso ofende, porque su texto solo recoge la cifra de afectados sin aludir al hecho o suceso ni a la fecha, dos datos que en toda placa, lápida e inscripción son más que obligados. Estas omisiones o “lapsus” garrafales parecen sospechosas de “algo” y evidentemente, son muy propias de un gobierno municipal de derecha. Lamentablemente, por su enorme magnitud y por su descarado olvido, el bombardeo del 25 de mayo de 1938 es llamado “La Tragedia Olvidada”.

Tal fatídico día, a las 11 horas de la mañana, el Mercado Central de Abastos de Alicante se hallaba abarrotado de hombres, señoras y niños. El motivo: la llegada de abundantes cargamentos de sardinas frescas recién pescadas y traídas al puerto. Entonces, la sardina era muy económica y necesaria en aquel momento de restricción, escasez y precariedad alimenticia. En ese instante, nueve aviones italianos marca “Savoia” bajo órdenes y mando del Ejército franquista -aliado del dictador italiano Mussolini- lanzaron sobre Alicante –concretamente sobre el Mercado y alrededores- la elevada cifra mortífera de noventa bombas provocando 336 muertos y 224 heridos. Elche contaba entonces con fábricas de municiones y armas, razón de más para ser blanco de la aviación franquista. Paradójicamente, Alicante, sin factorías de guerra, fue la sacrificada con este trágico bombardeo. Según algunas voces, "en venganza" o represalia por la muerte del fundador de Falange, José Antonio, en la cárcel alicantina.

Mi propio padre, un pinosero afincado en Monóvar, que entonces contaba con 14
años, corrobora este dato pues se hallaba ese día estudiando en clase en un
cercano instituto de bachillerato -becado gratuitamente por la República como
jóven promesa con matricula de honor, quiso ser ingeniero y el bombardeo truncó sus esperanzas de futuro que se desvanecieron acabada la guerra cuando el franquismo cerró el instituto e invalidó los estudios de bachillerato que cursó con la República- y oyó las alarmas y los motores de los aviones. Y junto al resto de alumnos, fue obligado a salir del centro y a ayudar en el puerto y en la refinería a ocultar del alcance aeréo los barriles de combustible.

Quedan pocos supervivientes de aquel triste y salvaje episodio. Personas más
que octogenarias recuerdan que aquel 25 de mayo de 1938 eran niños y jugaban en las calles cercanas al Mercado o visitaban éste con sus mayores para comprar. El testimonio estos días pasados en la prensa alicantina de una entonces niña, hoy anciana, que sobrevivió al guarecerse del ataque aéreo tras un muro limítrofe al Mercado, es bien desgarrador: “vi a gente ensangrentada con trozos desparramados de sus cuerpos”. Muy explícito.

Otros testimonios, recogidos por investigadores como Cerdán Tato y Vicente Ramos, demuestran que el bombardeo en el Mercado, concretamente en el edificio anejo destinado a Lonja de Frutas, Hortalizas y Verduras -inicio de la calle Velázquez, antes de la entrada- causó indignación, rabia, profunda impresión y hondo impacto social en su tiempo: “Vi cadáveres destrozados y miembros esparcidos por todas partes. Era un espectáculo dantesco”.

La solidaridad de la población entre sí no se hizo de esperar, fue inmediata e
instántanea al bombardeo. Por doquier proliferaban personas dispuestas apresuradamente a retirar cadáveres, a ayudar y a socorrer a los heridos, hasta el punto de que ante la necesidad, la premura y la falta de medios, improvisaron en la zona un hospital de urgencia, en un bar sito junto a la hoy farmacia Trives pues la Casa de Socorro se colapsó por masificación de
ingresados. En las aceras se amontonaban los heridos, doloridos y asustados. El Parque de Bomberos dispuso su única ambulancia que fue insuficiente para
atender a tantas víctimas por lo que se usó un carro de barrendero para
transporte de heridos.
Un claro ejemplo de humanitario socorro fue el de José Mingot Tours. Desde su casa salió corriendo y se unió a los muchos que ayudaban, quedando horrorizado al ver a personas troceadas por los suelos y ríos de sangre. Contrariamente a otros, que daban gritos de ánimo, consuelo y aliento, Mingot quedó paralizado momentáneamente y sin fuerzas ante tan dantesco panorama, reiniciando la labor socorrista tras esconderse por una falsa alarma de las sirenas antiaéreas en el socavón que produjo la bomba.

Gracias a numerosos colectivos pro Memoria Histórica, a familiares de las víctimas y a supervivientes, el bombardeo del Mercado de Alicante del 25 de mayo de 1938 ha sido rescatado del olvido mediante actos públicos como el homenaje de hace unos días. Esperemos que algún día no muy lejano, este bombardeo deje de llamarse “La Tragedia Olvidada” para ser rebautizado como “La Tragedia Recordada”. In memoriam.

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Josep Esteve Rico Sogorb, nieto y sobrino de republicanos victimas del franquismo, es escritor, blogger y periodista (articulista-columnista)

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