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Héroes

Daniel Lázaro
Daniel Lázaro
@tanke_13
lunes, 26 de mayo de 2008, 04:15 h (CET)
Ella es la Diosa de las cosechas, la Diosa de la comida, o incluso la Diosa de la fertilidad. En definitiva, la Madre de la abundancia en el hinduismo. Annapurna quiso llamarse ese macizo nepalí tan soñado por aquellos amantes de la montaña. El más peligroso del Himalaya, pero el más deseado al mismo tiempo.

Heroica y dura. Así es la misión que los montañeros realizan al ascender alguno de los catorce míticos. Quince humanos ya han reventado esta heroicidad, entre ellos nuestros Oiarzabal e Iñurrategi. Pero han sido muchos otros los que no han podido culminar su hazaña, entre ellos el triste motivo de este artículo, Iñaki Ochoa de Olza. Es una lástima que solo nos acordemos de este deporte en estas situaciones.

Iñaki vivía por y para la montaña. Pasaba prácticamente todo el año fuera de casa. Nepal lo había acogido. Ya había coronado en quince ocasiones un ochomil y doce cimas ya habían visto al navarro. Solo quedaban el Kangchenjunga y el Annapurna. El tercero y el décimo por altura. Pero el Annapurna tiene la particularidad de acoger al mayor número de víctimas. Es, sin duda, el más complicado.

Y allí se plantó Iñaki hace ya unos meses. En vuelo a Katmandú, como tantas otras veces. En esta expedición lo iban a acompañar el rumano Horia Colibasanu y el canadiense Don Bowie. Se evitaría la vertiente norte, famosa por sus avalanchas. La opción tomada consistía en escalar una pared vertical de miles de metros, la pared sur. Todo para llegar a los 8.091 metros del Annapurna I.

Muchos días para prepararse el terreno. Abandono de Don Bowie. También de gran parte de una expedición rusa. El tiempo no acompañaba, pero poco a poco Horia e Iñaki fueron capaces de allanar el camino hacia el definitivo campo 4. Y así, finalmente, el día 19 comenzó el acecho. Horia, Iñaki y el ruso Alexei Bolotov marchaban para arriba. Pero algo no marchaba bien, la comunicación tardaba en llegar, aunque al final llegaron las noticias, a priori positivas. A escasos 100 metros de su meta, Horia e Iñaki optaron por el regreso por la congelación de sus manos y habían llegado al campo 4 de nuevo. El ruso había continuado y, según supimos después, llegó a la cima.

Una vez en el campo 4, Iñaki entró en crisis y tuvo en Horia a algo más que un compañero. Él fue el médico, el masajista, el amigo... el todo de Iñaki. Un verdadero héroe que, a 7.400 metros de altitud, poco podría hacer sino esperar. Tras varias noches llegó la ayuda en forma de medicación. Horia, también herido, pudo descender. El experimentado Ueli Steck se quedó con Iñaki en las últimas horas de su vida. Pero el navarro no pudo aguantar más. Quizá cuatro horas después hubiera llegado oxígeno de las manos de otro grupo de rescate, comandado por el kazajo Denis Urubko.

Me empeño en dar nombres, porque todos ellos son unos héroes. Seguro que me he dejado alguno de los catorce hombres que fueron al rescate de Iñaki. Esa gente que no tenía por qué jugarse la vida, pero que lo dieron todo por intentar salvar a un gran compañero, que hubiera ayudado sin problemas a cualquiera. Todos ellos son también unos héroes. Por suerte, todos están regresando poco a poco al campo base.

Un ochomil se ha quedado con Iñaki. Iñaki se quedará para siempre en el Annapurna y podrá descubrir al fin esos secretos que esconde. Que descanses en paz allá donde siempre mejor te has sentido. En la montaña.

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