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Agua y arroz (II)

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 25 de mayo de 2008, 13:55 h (CET)
Y faltaba el arroz. El cereal asiático o africano. Cereal que no debe faltar tampoco en despensa alguna, el granuloso arroz, ya sea en la pequeña despensa casera y particular de cada uno o en la despensa gigantesca y mal distribuida del gigantesco mundo.

Nuestros gobernantes andan preocupados por los alimentos, eso se nota, ahora han puesto su punto de mira en el cereal que los árabes introdujeran en España en el año 711, el mismo arroz que los españoles llevaron poco tiempo después a Francia e Italia y a Sudamérica en el siglo XVIII y que se convertiría en una de sus principales fuentes de alimentación.

Pese a que desde los años sesenta se ha triplicado la producción mundial de arroz, no ocurre así en la actualidad y los dirigentes mundiales, sabedores de que el astringente y nutritivo cereal escasea, andan buscando sustitutos para evitar el desabastecimiento y hasta la hambruna que anuncian los peores agoreros.

No es de extrañar entonces que ante los graves rumores de escasez mundial de arroz, sobre todo los inmigrantes de Estados Unidos se han decidido a llenar sus despensas enseguida y, quizá para que no cunda el pánico, han comenzado a acumular arroz como hormiguitas previsoras, eso unido a la subida de precios ha provocado que el cereal allí se haya racionado.

Y el arroz que tan bien nos huele cuando se presta a ser cocinado de tantas maneras, en paella, a la banda, a la cubana, con pollo, con leche, rissotto a la italiana y sushi a la japonesa, nos comienza a oler mal y a preocupar muy seriamente.

China, la sufrida China, es la principal productora (30 %) y pese a que en todos los continentes se cultiva, el arroz mundial amenaza con bajar su producción a cotas mínimas. La crisis nos acecha, al mundo más desfavorecido le acecha la hambruna.

Los expertos coinciden en que debemos estar preocupados, ellos deben haber hecho sus cálculos cuando nos van diciendo las verdades a medias para que no cunda el pánico. Sin ánimo de ser catastrofistas les diremos que ya se ha prohibido exportar arroz en Filipinas, país que es el segundo mayor exportador internacionalmente. Si hacemos caso de los peores augurios debemos decir que en los próximos años 1000 millones de personas pasarán escasez y racionamientos de arroz.

En España deberíamos indagar si los arroces con denominación de origen Senia, Bahía y Bomba tienen esos problemas, nosotros nos aventuraremos a decir que no, aunque si nos peleamos por el agua, agua se necesita y en cantidad para cultivar los encharcados arrozales.

Desde Naciones Unidas tampoco nos llegan buenas esperanzas, nos dicen que las reservas de alimentos están en el nivel más bajo de los últimos treinta años debido al alza de los precios y a que se consume más que se produce. Un dato que realmente asusta es que en Asia en el último mes se duplicó el precio del arroz.

Con agua, arroz y poco más se tiene listo un menú socorrido cuando tenemos prisa. Por supuesto que algo más que agua y arroz necesitamos para alimentarnos, pero si la hambruna nos acecha, a nosotros y al tercer mundo, luego a nosotros, que al menos tengamos arroz en nuestras despensas, o en las despensas del mundo. Los problemas avisan, pongámonos en la piel de las hormigas y con algo más de raciocinio, repartamos los alimentos como buenos hermanos, que si el agua ya tuvo mil campañas por su escasez de lluvias y bajos niveles en los pantanos no estaría de más una pequeñísima campaña con respeto hacia la comida, esa que se tira sin miramientos en restaurantes y supermercados.

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