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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Los hombres no tenemos la intuición que gastáis vosotras, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
domingo, 25 de mayo de 2008, 13:55 h (CET)
Mi vida:

Acabo de recibir tu segundo SMS de la mañana.


Aunque los hombres no tenemos la intuición que gastáis vosotras, Tina (creo que fue Rudyard Kipling, el Premio Nobel de Literatura de 1907, quien dijo o dejó escrito en letras de molde esto, que “la intuición de una mujer es más exacta que la certeza de un hombre”), sospecho que algunos de tus deudos más allegados tienen conciencia y constancia de la relación “internetera” que mantenemos. Insisto en que no hemos perjudicado a nadie. Amar/se no es algo malo, sino, al contrario, óptimo. Yo no voy a invertir un solo segundo de mi tiempo en juzgarles, porque no soy ningún juez, pero nosotros, hasta el momento, no hemos hecho más que darnos, mutuamente, compañía y el Amor más sincero y desinteresado del mundo.

Quiero que sepas que tienes mi apoyo (en la distancia o en la cercanía, según sientas una u otra); y que no estás sola.

Ya conoces mi teoría, o sea, no se te escapa mi tesis de que, cuanto más hacemos por olvidar, más recordamos. Es el tiempo el que coloca a las personas, a los eventos y a las cosas en su sitio; el que va mitigando o potenciando las acciones buenas y las malas (según vamos viviendo lo que va aconteciendo a posteriori). Lo ocurrido fue como sucedió, sin duda; ahora bien, ¿coincide o encaja lo que acaeció con cómo lo recordamos? He aquí el quid de la cuestión.

Prueba a hacer esto, mi bien: imagina que el dorso de tu mano izquierda son mis labios. Acerca los tuyos con delicadeza y siente cómo los míos te besan con pasión.

Esta mañana me dijiste algo que me dolió (pero puedo soportar –porque he aprendido a hacerlo- tus comentarios impertinentes, por la sola razón de que te amo; y, mientras no varíen un ápice mis sentimientos hacia tu persona, te perdonaré todos los que me hagas) sobremanera, que tenías la impresión de que yo quería cortar nuestra relación. Métete esto en la cabeza, Tina. Yo no podré romper nunca contigo, por este argumento de peso, porque sería como suicidarme. Creo más en que somos almas gemelas, medias naranjas, y en que estamos hechos la una para el otro y viceversa que en la misma existencia de Dios. Aceptaría (sé que se me llevarían los demonios) que lo hicieras tú, pero te (ur)diría mil veces que errabas, que, a pesar de mis torpezas, hijas de mi escaso bagaje y trato con mujeres, te amaba con toda mi alma y quería casarme contigo, dijeran tus familiares y los míos misa.

Coincido con varios de tus anhelos. Yo también deseo dormir y despertar contigo al lado.

Te admira, adora y ama con todos y cada uno de los átomos de su anatomía, con todas y cada una de las mónadas o monadas de su alma, tu

Félix Unamuno.

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