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Etiquetas:   Crítica de cómic   -   Sección:   Libros

"36-39. Malos tiempos II", Carlos Giménez: bombas, terror y hambre, sobre todo mucha hambre

Herme Cerezo
Herme Cerezo
jueves, 7 de agosto de 2008, 12:03 h (CET)
Bueno, apenas cinco meses después de la publicación del primer tomo, aparece en el mercado el segundo álbum, prologado por Hernán Migoya y epilogado por Antonio Martín, de la tetralogía que Carlos Giménez está dedicando a la Guerra Civil Española. Si en el primer volumen, el dibujante madrileño se centraba en diversos aspectos de la contienda (paseos, venganzas, huelgas, fusilamientos, vejaciones ...) en este segundo, la cosa tiene un denominador común sobre todos los demás: el hambre. Sin olvidar el terror y las bombas, claro.



Portada del cómic.


La mayoría de las historietas de extensión dispar que lo componen trata de ella. Y todas, por desgracia, son conmovedoras, brutalmente conmovedoras, aterradoramente conmovedoras. Apenas si queda resquicio aquí para la ternura de Lucía y Marcelino para con sus hijos. Desde la niña que recolecta pequeñas ramitas de árbol o retales de cartón con que prender la lumbre de la cocina, hasta la madre, que sale a escarbar por el campo para recoger la hierba que comían los conejos en su pueblo y que ella, con su innata sabiduría maternal, convierte en acelgas. Y lo que es mejor: ¡cómo "vende" el producto a los suyos! ‘¡Que esto amarga como la hiel!’, llegará a decirle su marido sentado a la mesa, tras la primera cucharada del plato del día. Y ella, inmutable - ¡qué remedio! -, responderá: "Son espinacas, lo que pasa es que están un poco verdes".

En medio de todo esto, se cruza un hurto masivo de zanahorias abandonadas – que provocan un empacho en Marcelinito –, unos extraños recados que hace el niño tras emplearse en una tahona, a cambio de 1 peseta diaria y un panecillo, o el almacenamiento masivo de aceite orquestado por el señor Lázaro, antes de ser llevado al frente, para que su mujer, su hijo y Sito, el gato, puedan hacer frente a la interminable hambruna que azotó Madrid durante la Guerra. Por cierto, demoledora esta historia, que lleva por título ‘Sito’, es decir, el nombre del minino. Un cruel broche para cerrar este álbum. Y, lo peor de todo: un broche REAL, como las atrocidades, los muertos, los heridos ... la guerra, la puta guerra.

Pero ‘36-39. Malos tiempos II’ contiene más cosas. Los bombardeos sobre la capital de España quedan perfectamente retratados, no sólo con la caída de las bombas, sino especialmente por las distintas actitudes que adoptan las personas que huyen de ellas a los refugios subterráneos: hombres mayores, mujeres asustadas y niños que padecen la bendita inconsciencia de la infancia y no se resisten a cesar en sus juegos por mucho que llueva desde las alturas. Porque del cielo no sólo cayeron bombas. También regalos "envenenados". Carlos Giménez se hace eco de ello y relata el bombardeo de los "panes de la España de Franco", arrojados sobre las calles madrileñas, en un intento de exacerbar los nervios de los habitantes de la capital republicana y minar su moral. Tremenda escena también la del incendio de los panes por los resistentes: "Es un pueblo que puede, con orgullo, morir de hambre, pero no conoce la palabra rendición", dirá el señor Eugenio en su particular arenga a los congregados, como también lo es el asalto al Cuartel de la Montaña, sangriento episodio donde los haya, visto desde el prisma de los ciudadanos de a pie. Y un detalle que no puedo pasar por alto, porque el propio Giménez me lo anticipó el día que le entrevisté para SIGLO XXI: el cuerpo de un hombre, que durante un bombardeo continuó corriendo, descabezado por las bombas, hasta estamparse contra una farola de la calle. Como tampoco puedo, ni quiero, pasar por alto los niños y sus ojos de siempre. Los mismos que antes vimos en ‘Paracuellos’. Porque no olviden, mis improbables, que este álbum y el que le precedió son la visión de la guerra de los niños y niñas de entonces, principales damnificados de la contienda civil. De todas las guerras, mejor dicho, de todas las putas guerras.

En fin, que este segundo volumen, que antes bauticé como el del hambre, en realidad también es el del horror: un horror inapelable, insufrible, vívido, el horror que padeció la gente de a pie, ese pueblo llano que es el que le interesa al dibujante madrileño, porque fueron los protagonistas del día a día, del noche a noche, del bomba a bomba, del muerto a muerto.

Si después de leer estas historietas, si después de ver estas viñetas, no les entra un vacío feroz en el estómago, algo así como si les succionaran las tripas, ni les entran ganas de dar gracias no sé a quién de vivir la España que gozamos ahora, es que no han entendido nada.

Nada de nada, mis improbables.

P.S. Pilar, una amable lectora, me escribió hace un par de días para informarme que Jan Sanders, el dibujante holandés del que les hablé recientemente, falleció el 21 de diciembre de 2000. Descanse en paz el bueno de Sanders. Gracias, Pilar.

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‘36-39. Malos tiempos II’, de Carlos Giménez. Ediciones Glénat, S. L., abril 2008. 63 páginas, 15 euros.

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