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Etiquetas:   Reportaje   -   Sección:  

La Cubana homenajea al Paral·lel

Teresa Berengueras y Rafa Esteve-Casanova
Teresa Berengueras
@berealsina
domingo, 9 de noviembre de 2008, 09:30 h (CET)
Durante años el Paral-lel fue la Avenida más emblemática de Barcelona y también la más transitada y alegre, muchos la llegaron a llamar el Brodway catalán por la cantidad de teatros y salas de fiesta que había en la misma. Nuestros abuelos vieron en sus escenarios a la mítica Bella Dorita y admiraron a Raquel Meller que andaba buscando por todos los rincones de su cuerpo aquella pulga que nunca encontró, nosotros ya llegamos a los últimos estertores del género revisteril pero aún tuvimos tiempo de ver pasar por el viejo Teatro Apolo a Tania Doris y a la alegres chicas de Colsada. El Teatro Arnau, el Victoria y sobre todo el mítico Molino son nombres de toda una época de esplendor en el mundo de las varietés cuando las vedettes recibían importantes regalos por parte de sus admiradores y amantes y los fabricantes del textil disputaban por ver cual de todas lucía las mejores plumas, era signo de distinción tener una amante llena, muy llena de plumas bajando con las espléndidas piernas al aire por aquellas pequeñas escaleras llenas de bombillas luciendo un brillo intermitente mientras ellos bostezaban en el palco del Liceo al lado de la “legítima”. Hoy todo aquello es tan sólo un recuerdo, una parte de la historia de la ciudad de Barcelona que ha sido puesta blanco sobre negro en infinidad de libros.




Sara Montiel.


Pero nadie, a pesar de todo, había rendido el oportuno y merecido homenaje al Paral-lel hasta que ha llegado La Cubana y lo ha hecho y no precisamente desde alguno de los teatros que todavía quedan en la mítica avenida. Los “cubanos” han aprovechado el éxito que están teniendo con su reposición de “Cómeme el coco, negro” en el Teatro Coliseum en plena Gran Vía barcelonesa para homenajear al alimón tanto al Paral-lel como al desaparecido maestro Juan de la Prada que tantas y tantas canciones escribió para que fueran cantadas en todos los teatros donde durante décadas triunfó la revista, incluso las canciones de esta obra de La Cubana fueron escritas en 1988 por este músico sevillano afincado en Barcelona.

Jordi Milán, director de La Cubana, junto con todo su elenco y equipo técnico consiguió reunir en Barcelona a un grupo de artistas que han tenido o tienen todavía, a pesar de los años, mucho que ver con el género revisteril. A un ritmo frenético, especialmente cronometrado y que dice mucho a favor de este director vimos desfilar por el escenario, acondicionado para la ocasión, un elenco artístico inédito hasta la fecha. Fueron 34 las canciones que escuchamos, el comienzo fue un prólogo que con imágenes y música nos llevó desde la Gran Vía hasta el viejo Paral-lel para que apareciera rutilante de plumas y por el pasillo central La Maña entonando, cual himno de su regreso, el “Vuelvo a vosotros”, a partir de ahí todo un desfile de grandes estrellas, Pirondello que nos hizo reír con “La Robustiana”, Merche Mar con Carlos Perry, su eterno “boy”, que con “Aquí me tienen” fue la primera en bajar al patio de butacas, después Israel, no sabemos si vestido de murciano, andaluz o catalán cantó “Antonio el verde” repartiendo por doquier productos huertanos con doble sentido, salió Doña Soledad representando a las nuevas generaciones del “cabaret” y como un recuerdo de su temporadita en La Cubana, hizo una estupenda interpretación de “Josefina la criada” canción que el maestro de la Prada escribió para el gran Madame Arthur, siguió una Pastora Reyes que lejos de sus tiempos de pionera del “strip-tease” demostró que todavía posee una excelente voz con la zambra “Que nadie lo sepa”, y llegó la bomba, Amparo Moreno vestida con un modelito eurovisivo a lo Salomé demostró que los kilos no son un impedimento para ser una gran artista mientras entonaba rodeada de “boys”, “Cien kilos de vedette” que el maestro escribió para ella, y llegó el tiempo de que alguien que ya no está en La Cubana demostrara que quién tuvo retuvo y “los cubanos” siempre han sido divertidos y con doble sentido y así fue la interpretación que de “El tiesto” hizo Annabel Totusaus mientras pedía desde el escenario alguien que le regara su jardín, y seguía la fiesta, Toni Torres, vocalista de orquestas, demostró sus dotes canoras con una magnífica interpretación de la difícil pieza “Soy minero” que en su día popularizó el desaparecido Antonio Molina, después apareció en el escenario Pierrot, uno de los habituales de El Molino, cantando “El Caramelo” mientras las chicas del conjunto le acompañaban lamiendo una piruleta, le siguió una Lidia Moreno estupenda, envuelta en su renard, interpretando el “Nada de nada” que la hizo famosa en los escenarios de El Molino y el Arnau, y llegó el cuplé catalán en la voz de Nuria Feliu que con el público como coro cantó “El vestit d’en Pasqual”, la supervedette Eva Sorel, también habitual de El Molino, apareció envuelta en un vestido que le dejaba lo laterales a la vista del público para cantar “Vamos a hacerlo” contando con la complicidad entre tímida y alegre del elemento masculino de las primeras filas, y llegó otra gran señora de la revista, Ondina con gran clase cantó “El pito” y todavía no sabemos cómo la censura de la época dejaba sin tachar aquellas letras tan explícitas, la noche ya iba dando fin al espectáculo aunque la gente no daba muestras de cansancio cuando llegó Christine con su canción “Quiero vivir” que es un canto a que cada cual haga de su capa un sayo y la canción histórica de la noche llegó de la mano, más bien de los gruesos labios de Carmen de Mairena que envuelta en un blanco traje de larga cola y volantes al que sólo le afeaba una espectacular mancha delantera interpretó con pasión ese “Romance de la Reina Mercedes” que hizo famosa a Paquita Rico, se acercaba el colofón del espectáculo cuando apareció la brasileña, ya casi catalana, Regina do Santos que bailó y cantó “Oh meu Brasil” rodeada de los “boys” que a estas alturas de la noche ya habían perdido las vergüenzas y tapaban sus idems con unos minúsculos tangas. Y entre canciones y canciones el elenco de La Cubana también fue diciendo la suya, inolvidable la interpretación que hicieron de “Valencia” del maestro Padilla con paella, naranjas y falleras incluidas.

El broche final del espectáculo lo puso una Sara Montiel, espectacularmente vestida y que lanzó una frase memorable a los espectadores: “Ochenta años os contemplan” y la verdad es que viéndola bailar nadie diría que la manchega ha soplado tantas y tantas velas sobre su pastel de cumpleaños. Como un prólogo a la gira europea que dice va a emprender el escenario del Coliseum sirvió de disparo de salida a la misma, fue la única que interpretó más de un tema y naturalmente no podían faltar ni “Fumando espero”, cigarrillo en mano, ni “La Violetera” mientras iba lanzando claveles con su perfume personal a los asistentes. El público puesto en pie no se cansó de ovacionar a este mito que una vez más demostró su enorme humanidad y profesionalidad al participar, sin ningún tipo de condiciones, en este homenaje tanto al Paral-lel, donde ella tantas veces cantó, como al maestro Juan de la Prada, de quién más de un tema entonó en los escenarios.

El Paral-lel ya ha tenido su homenaje, se lo ha hecho La Cubana, los intérpretes que pasaron por el escenario y los espectadores que acudieron al Coliseum. No vimos a ninguna autoridad, quizás este tipo de homenajes no va con ellos o quizás piensan que con una simple placa en la mítica avenida ya han cumplido. Ahora, de aquellos teatros, quedan un par donde todavía se escuchan la música y las canciones y, también, los textos teatrales, junto a ellos el viejo Molino languidece arruinándose a la espera de que alguien lo remoce, dicen que unos empresarios rusos lo han comprado y nos tememos que nunca será lo mismo, el capitalismo ruso, el nuevo capitalismo, es el más bestia de todos. ¿Qué harán con el Molino?

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