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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Catalanes y valencianos juntos

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 23 de mayo de 2008, 04:47 h (CET)
El titular con el que he bautizado estas reflexiones no debería sonar extraño a nadie, qué hay más normal que un entente cordial entre vecinos y un caminar juntos cuando se tienen raíces comunes. Pero durante años, ya casi treinta, esto no ha sido así y la derecha valenciana ha venido explotando campaña electoral tras campaña electoral el lloriqueo y el victimismo que al mismo tiempo desde sus instancias centrales se achaca al nacionalismo periférico o no españolista. La derecha valenciana una vez restablecida la democracia después de los largos, tristes y oscuros años de dictadura franquista constató con asombro que perdía las primeras elecciones y para neutralizar las victorias de la socialdemocracia y los partidos a su izquierda inventó un enemigo contra el que azuzar a las masas generalmente desinformadas y amantes hasta el chauvinismo de su tierra. Así resucitó el anticatalanismo que ya en tiempos de la republica habían hecho servir en alguna ocasión Blasco Ibáñez y sus seguidores. Con un enemigo cercano y al que se le atribuían ínfulas invasoras todo iba a ser más fácil y el pueblo, soberano pero generalmente desinformado, abandonaría a su albur a los partidos de izquierda para agruparse bajo la supuesta bandera defensora de “lo nostre” que en realidad era “lo de ellos”.

Desde una parte de la derecha se usó y utilizó el sentimiento del pueblo para medrar y así alcanzar las mieles del poder. Se creó un partido regionalista y cuando ya no sirvió y suponía un peligro en la unidad de la derecha se compró a sus dirigentes con puestos y prebendas dejándoles como meramente residuales en la política valenciana. Se mintió a troche y moche y se utilizaron los medios de comunicación públicos y también los afines para mantener las falacias y las falsas interpretaciones de la historia que se hicieron para lograr alcanzar la poltrona de la calle Cavallers, sede de la Generalitat valenciana. El anticatalanismo ha sido el banderín de enganche de la derecha valenciana a lo largo de los años, y les ha servido para adormecer al pueblo que en esta lucha por los signos de identidad ha perdido de vista la disputa de conseguir mejores beneficios sociales y económicos. Mientras los valencianos disputan si su bandera lleva azul o no o si hablan igual que un señor de Lleida los niños valencianos siguen utilizando barracones en lugar de aulas y sus ancianos mueren antes de que les lleguen los beneficios de leyes que mitiguen los achaques de la senectud.

Es por todo esto que me quedé con los ojos como platos cuando el otro día leí unas declaraciones del President de la Generalitat, de la de arriba, la valenciana, Francisco Camps en las que, entre otras cosas, afirmaba que valencianos y catalanes “podemos hacer juntos muchas cosas”. Nunca es tarde si la dicha es buena, al fin los detentadores del poder en la Comunidad Valenciana se han dado cuenta de que los vecinos no sólo sirven para pedirles un pellizco de sal para que la paella sepa mejor sino que también es posible colaborar para que desde el poder central se nos haga más caso a unos y otros. El eje mediterráneo con un corredor ferroviario con ancho europeo que desde Alacant nos lleve al resto de Europa a través de Catalunya y un AVE que una a Valencia y Barcelona son necesidades que vienen demandando desde hace tiempo algunos empresarios valencianos y a las que las autoridades valencianas daban la callada por respuesta.

Francisco Camps, que no acudió hace unas semanas a las celebraciones del centenario de Jaume I donde si estuvieron el resto de presidentes autonómicos de la antigua Corona de Aragón, ha hablado en las páginas de La Vanguardia pero ha seguido callando en todas las cuestiones culturales. En este aspecto se les ha escapado vivo a los entrevistadores, no se si de manera pactada o no, tan sólo se ha limitado a decir que en temas culturales y de identidad “cada uno hable de si mismo”. Y nos quedamos sin saber si Paco Camps y los suyos seguirán agitando en el País Valenciano el fantasma del anticatalanismo para muñir votos o van a seguir las instrucciones llegadas directamente desde la calle Génova de Madrid en las que Mariano Rajoy les ha ordenado amainar en este frente con el fin de ver si la muchachada de la gaviota levanta cabeza en Catalunya donde cada vez lo tienen más difícil y en donde además han de compartir votantes, en más de un caso, con Convergencia i Unió.

Al final catalanes y valencianos juntos si, pero no revueltos.

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