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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Basura napolitana

Diego Contreras (Sevilla)
Redacción
jueves, 22 de mayo de 2008, 04:52 h (CET)
Cuando miles de toneladas de desperdicios se hacinan por las calles de la bella capital del sur de Italia, cuando el gobierno nacional, regional o local se muestra impotente para atajar semejante problema de salud pública, cuando el ejército ha intentado poner orden en el desconcierto y fracasado en el intento, uno se pregunta hacia dónde va Italia. Aún están recientes las declaraciones del recién investido (otra vez) Presidente del Consejo de Ministros en las que afirmaba que si ganaba las elecciones trasladaría la capitalidad a Nápoles en tanto no se solucionara el problema de la basura.

Ahora dice que será el próximo Consejo de Ministros en Nápoles el que tome cartas en el asunto. Con toda lógica, la población ha perdido cualquier esperanza y, contra las normativas político-sanitarias, sólo ve un alivio en el incendio sistemático de los residuos, con el grave peligro para la salud pública que ello conlleva. En España estamos acostumbrados a periódicas huelgas de los empleados municipales de limpieza cuando llega el verano, nos preocupamos por las incomodidades que nos suponen y la imagen que transmitimos al turismo, nuestra principal industria. Sin embargo, en comparación con la salvaje situación italiana, no pasan de situaciones casi anecdóticas. La cuestión en Italia es mucho más grave: es el fracaso del propio Estado. Si el principal garante de nuestro bienestar, a quien nos hemos abandonado en un contrato por el cual perdemos libertades para garantizarnos unos derechos básicos falla en su cometido, si no impone el aparato estatal, con las fuerzas del orden incluidas, en un lugar donde el único estado es el de la Mafia en sentido puro, lógico será comprender que los ciudadanos se tomen la justicia por su mano y procuren aliviarse de la única forma que tienen, quemando la basura y atentando contra su propia salud. Lo raro, en fin, sería que los gobernantes italianos solucionaran alguno de los problemas de sus ciudadanos. Pobre Italia.

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