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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El Manifiesto

Roberto Esteban Duque
Redacción
miércoles, 21 de mayo de 2008, 04:03 h (CET)
Un Manifiesto sólo es expresión de unos postulados cuya verdad necesita ser refrendada por la sociedad civil. La obra o el Manifiesto intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar no poco las cosas, mientras que la obra del político consiste, por el contrario, en confundirlas más de lo que estaban. El diagnóstico que de nuestro tiempo realiza el Manifiesto “Por una alternativa real a Zapatero” es muy precario, tan sólo queda enunciado, pero resulta suficiente para empezar, porque del asombro ante lo que sucede nos lleva a pensar, a tomar contacto con la vida y descubrir que ésta no se encuentra actualmente representada por aquellos en quienes depositamos nuestra confianza en las urnas.

El Manifiesto “Por una alternativa real a Zapatero” recuerda las movilizaciones de la sociedad civil en la pasada legislatura y se rebela contra el encanallamiento o el envilecimiento ante las políticas de desvertebración del Estado a que conducen las actuaciones del ejecutivo. Recuerda, asimismo, que el Partido Popular (PP) ha ido siempre por detrás, y muchas veces a disgusto de dichas movilizaciones, y que tiene la obligación moral de realizar un proceso de renovación. El Manifiesto pretende fundamentalmente despertar a los más de diez millones de españoles que se sienten en una absoluta indefensión y orfandad política; estimula a un mejoramiento a través de una justa reacción no ya política, sino intelectual, moral, económica y religiosa al gobierno de Zapatero; expresa la subversión cívica ante la indecencia política del PP, frente a dirigentes soberbios y ávidos de poder; demanda una exigencia de vigor a los “populares” en la respuesta a la memoria de los errores del gobierno socialista. El Manifiesto surge por la falta de ejemplaridad, tanto del ejecutivo como del PP. Se da de lado lo que no responde a las expectativas generadas. Se suplanta y no se quiere respetar lo que ofrece decadencia moral, debilitamiento y honestidad cívicos.

Es irritante y grotesco ver a los dirigentes “populares” en la sociedad española. No son dueños de sí mismos; se sienten perdidos, a la deriva. Ofrecen inseguridad y nos hacen experimentar vergüenza. El alma del ciudadano normal sufre obliteración y ostracismo intelectual y moral ante la imposición del derecho a la vulgaridad. Al PP le pasa como se decía del Regente durante la niñez de Luis XV: que tenía todos los talentos, menos el talento para usar de ellos. Hay que gobernar con oposición política. Pero, en la actualidad, no hay oposición política. No seamos tan tiernos de pensar que existe oposición. Sólo puede verse un partido que se devora a sí mismo sin saber qué hacer, anquilosado y fatalmente herido, sin líder, sin saber a dónde ir, perdido en luchas internas donde quieren tomar el mando todos.

El problema es real y dramático: no hay en España partido político alguno que empuje nuestra libertad a decidir lo que queremos llegar a ser. En las condiciones presentes, el malestar en la sociedad española no hace sino aumentar. A la libre expansión de los deseos vitales (el Rey dice lo que le da la gana, como un señorito satisfecho, y De la Vega le secunda la juerga), le sucede la ingratitud ante el ingente servicio y el bien que presta a la sociedad la Iglesia católica. A la recesión económica y la ausencia de orden público en las instituciones, se suma la corrupción de Estado, al abdicar del principio de responsabilidad de proteger la vida. Al escenario forzado para que el hombre viva como si Dios no existiera, se añade la invasión totalitaria del Estado en la educación, sin respetar la soberanía de los padres para educar a sus hijos. A la fragmentación territorial que lesiona la unidad de España, sobreviene el sentimiento de orfandad política en que se encuentra el ciudadano. A la herencia neurálgica transmitida por nuestros antepasados de generación en generación, herencia cifrada en tradiciones y valores vinculantes, se la convierte en algo periférico y fronterizo, apenas una herencia yacente, sin vida.

El Manifiesto “Por una alternativa real a Zapatero” nos advierte sobre la inseguridad, la incertidumbre y la orfandad política en que el PP ha dejado a sus votantes. El porvenir, el mismo presente, se ha convertido en una seria preocupación. La decadencia política sólo lleva a un horizonte abierto a cualquier posibilidad. España no necesita experimentos ni pretextos, sino razones para vivir. No se puede mandar contra la opinión pública, ni ser imperado por lo que se revela como un fraude en los votantes. Lo mejor que humanamente puede decirse de algo es que necesita ser reformado, porque ello implica que es imprescindible y que es capaz de nueva vida. ¡Hágase por el bien de España!

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