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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Pongamos que el PP se rompe

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 21 de mayo de 2008, 03:51 h (CET)
Esperanza Aguirre está hasta las mismísimas. También Rajoy. Y Ruiz Gallardón. Y María San Gil. Y medio PP. Y el otro medio. ¿Puede haber algo peor que un país sin oposición, con un gobierno inactivo e inoperante, dedicado a frotarse las manos de satisfacción por los problemas de sus contrarios?

Pues en ésas estamos. Esperanza Aguirre está dispuesta a refundar el PP. O a fundar un nuevo partido. Chachi. No sólo lo del Chikilicuatre puede pasar desapercibido del follón que se puede montar, se pueden obtener otros beneficios quizá mayores.

Pongamos que el PP se rompe. Dejemos que surja un nuevo partido en el que se junten Federico Jiménez Losantos como presidente ideólogo, Aguirre como secretaria general dedicada a dar mamporros a Rajoy, pongamos a Acebes de presidente del grupo parlamentario metiendo el dedo en el ojo a Zapatero, y María San Gil y Mayor Oreja dedicados a dar caña “king size” a los nacionalistas.

Y pongamos al PP, los restos del PP, presididos por Rajoy con Gallardón de contramaestre. La próxima legislatura, con Rosa Díez crecida y con grupo parlamentario propio, sería de lo más entretenido. Se acabó la monotonía parlamentaria, se acabó la eterna polémica monotemática, monocromática y monodialéctica. Lo que nos íbamos a divertir. Los palos que le iban a llover al gobierno, fuese el que fuese pero ahora sólo puede ser uno, de todas las direcciones.

Y lo entretenidísimas que nos llegarían las elecciones. Y no digamos la formación de los nuevos gobiernos. Emoción a raudales, varias posibilidades de alianza. Todos contra el que haya ganado, por ejemplo. Se acabó el bipartidismo. Se acabó la repetición, legislatura, tras legislatura, de los mismos argumentos, de las mismas estrategias, de los mismos enfrentamientos, viva la diversidad.

Ah, y lo más importante: sin necesidad de reformar la ley electoral los nacionalistas pasarían a ser prescindibles comparsas. ¿Se imaginan un gobierno de España sostenido y apoyado por partidos que representaran a españoles de todos los rincones? ¿Se imaginan un Gobierno que pueda programar, decidir e invertir donde le diera la gana sin que los nacionalistas le dijeran dónde hacerlo?

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